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6月24日 Un Nuevo HogarAbandoné tierras baldías, corruptas por la hipocresía y por el puño opresor de aquellos que creen estar bajo la tutela de la verdad, hasta dar con el oasis de incertidumbre, al que a partir de ahora llamaré hogar.
El comienzo no será fácil, pero ¿cuándo éste lo fue? No tengo miedo a lo desconocido, porque sin duda, no será a él a quien me enfrentaré.
Vivo al son de mis palabras. Eres libre para escucharlas o no. Eres libre para seguir mi rastro hacia mi nueva morada. He aquí que libremente te brindo mi invitación. Es más. Te daré la dirección:
No dejaré este cubil vacío, pues durante más de un año lo llamé hogar. Aquí entierro mis recuerdos y en ellos te dejo rebuscar. Pero no esperes de mí respuesta alguna, porque la mudanza ya ha tenido lugar.
Es oscura mi nueva morada. Cómo lo iba a ser si no. Pero allí encontrarás mi alma sin ninguna restricción.
Ahora os dejo, amigos míos. Si queréis encontrarme ya sabéis donde estoy. Llamad a la puerta. Esta vez sí, siempre estará abierta.
6月23日 Cumplir Años es DivertidoCreo que soy de esas pocas personas (raras dirían algunos) a las que, no sólo no les importa cumplir años, sino que además les gusta. Para más inri, tengo una filosofía al respecto y es que, si realmente es una fecha especial, la celebración también debe serlo.
En los últimos años he tratado de que cada nueva celebración fuera distinta, aunque sin duda, la que más recordaba hasta la fecha fue cuando decidí que mi fiesta de cumpleaños iba a ser en realidad un rev. El primero de Crow que organicé y que sentó las bases para los siguientes, no obviamente como las siguientes fiestas de cumpleaños.
Este año, no iba a ser distinto ni muchísimo menos. Así que convoqué a un grupo reducido de amigos (unos doce en total) a pasar un fin de semana en la casita que mis abuelos tienen en un pueblito de Cuenca. Obviamente no pude invitar a muchos más por falta de espacio y ya incluso dos de ellos tuvieron que conformarse con dormir en colchoneta. Aunque me aseguraron más de una vez que durmieron la mar de bien.
La única condición para acudir a la convocatoria, aparte de querer celebrar conmigo mi cumpleaños, era que tenían que participar en un mini rev que se celebraría la noche del sábado hasta bien pasadas las doce. Sobretodo se lo recalqué a aquellos que nunca habían participado en uno, porque, según dicen, el que avisa no es traidor.
Pero claro, el finde no sólo iba a ser el rev. Ese sólo iba a ser uno de los alicientes del frikismo desbordante que imperó durante el día del sábado sobretodo.
Viernes noche:
La noche en principio iba a ser tranquila y relajada... ¡Mentira! Como buena quedada que se precie, nadie salió ni muchísimo menos llegó a la hora estimada.
Aunque creo que entre salir a las ocho y media en vez de a las seis como hicimos los que venían en mi coche -todo por confundir una colcha con una colchoneta-; o llegar como otros a las ocho de la tarde al pueblo y hacer vida social con los locales a la espera de que, efectivamente, la gente llegue a las diez a la puerta de la casa y no sea que te has equivocado de pueblo; o salir a las siete de la tarde de tu casa, coger un coche, volver a Valencia, coger otro, cenar, salir a las doce dirección cuenca, que se te ponga a diluviar, decidas salir por la vía de servicio, no encontrar la vía de servicio, no encontrar la forma de volver a la autopista, acabar en Utiel por lo menos, rehacer el camino, sigue diluviando, pasar tres veces por los túneles que llaman Rabo de la Sartén, llegar al pueblo, a eso de las tres de la madrugada, llegar a la calle indicada, ver que tu anfitriona te saluda y tú salir como una sardina zombie en lata... pues la verdad, me alegro de sencillamente haber salido con dos horas de retraso y haber llegado con puntualidad inglesa a la puerta de la casita a las diez en punto de la noche.
Pero bueno,después de darles asilo político a los pobrecillos, se procedió a la segunda tanda de... regalitos!!! La verdad es que este año... me habéis dejado todos con la boca abierta. He aquí parte de los regalitos que recibí:
Sábado mañana y tarde:
Después de haber tenido la indecencia de acostarnos a las cinco de la mañana el día anterior, entre las diez y las once nos levantamos para ir a desayunar. Luego nos organizamos para ir a recoger la carne a casa de mi tía, comprar refrescos (que de lambrusco y cerveza ya íbamos servidos) y panchitos varios, mientras otros se pegaban la gran fregada.
A mediodía, mientras el buenazo de Jose hacía las brasas y torraba la carne, otros nos entreteníamos con el friktrivial o recibiendo clases de esgrima del gran maestro Luingil o jugando al Bang...
Y después de la comilona y el café, nada como seguir frikeando. ¿El juego revelación? ¡Los Bongos! Aún no consigo explicarme cómo las dos personas que se fueron a hacer una siesta no se levantaron de su colchoneta, arramblaron con la pata de una silla y no nos amenazaron de muerte o algo así. La verdad, es que el escándalo era de aúpa. En los momentos de silencio se podía hasta respirar. Y si no, que se lo digan a los que al otro extremo de la mesa se entretenían con Juego de Tronos. Eso sí que es vicio y lo demás tonterías.
Sábado noche:
Sin duda, yo creo que lo que más cuajó fue el minirev que montamos entre Pepe y yo para deleite del personal. Aún me sigo preguntando cómo es que la Guardia Civil no llamó a la puerta de casa o, peor aún, por qué no derribó la puerta y entró a porrazo limpio alertada por los gritos que podían oírse por toda la casa. Jo. Con lo cotillas que son mis vecinos ¡del pueblo, además! y les pareció tan normal que 13 personas dentro de una casa chillaran histéricas a altas horas de la madrugada. Mmm... nu sé. A lo mejor es que era demasiado obvio y por eso no les picaba el gusanillo.
Fue divertido, sin duda. Sobretodo porque a la gente "se le había vendido" que el rev iba a ser algo así del estilo Agatha Cristie con sus Diez Negritos y tal. Aaaaaaaaaaaains... qué ingénuos, jijiji...
Mmm... pero no os voy a contar qué pasó exactamente o de qué iba el rev en cuestión. Si queréis saberlo , sólo tenéis que pinchar en el siguiente link:
Esta ha sido una iniciativa de Rudy y en la que ha creado un subdominio dentro de su propia web bajo el título Tierras de Penumbra y en la que a modo de relato y por capítulos va a ir publicándose lo que sucedió aquella terrible noche del 17 de Junio de 2006 en el apacible pueblo conquense de Villargarcía del Llano, así como próximas historias que puedan acontecer en posteriores revs y en las que él participe como en esta ocasión.
Atrévete a entrar...
Y al final...
Después de acostarnos a las tantas, levantarnos temprano y adecentar lo todo, ya cogimos los coches para irnos cada cual a su casita.
Hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien. Un fin de semana friki con todo lo que se puede pedir: comida, bebida, juegos, rev y buena compañía. Sobretodo buena compañía. Ah! Y regalitos! Mis precioooooooossssos regalitos... Jejejeje.
Uys! Casi se me olvida poner a esos grandes reporteros
con una perspectiva algo "borrosa" del arte fotográfico, jejeje...
En serio, gracias por inmortalizar este recuerdo.
6月20日 ASTURCON 2006 Diseño de cartel, Juan Miguel Aguilera
El próximo 7 de julio y hasta el día 9 del mismo mes, tendrá lugar en Gijón (Asturias) la quinta edición de la llamada Asturcon. Una iniciativa promovida por el grupo Avalon y que tiene lugar durante la celebración de la llamada Semana Negra de Gijón. Para mi desgracia, y con el corazón bien cerrado en un puño, yo no podré asistir, pero conmino a todas esas mentes inquietas, todos esos hombres y mujeres frikis y no tan frikis, aficionados o apasionados de géneros como la fantasía, la ciencia ficción y el terror (y claro, para los que les guste la novela negra también, que para eso es o era en principio la Semana Negra) a que se animen a acudir a este evento.
Ya sé, ya sé, que muchos de vosotros teníais pensado venir conmigo, todos en grupo, hechos una piña hasta las tierras asturianas y que el aliciente era que iba a organizar un mini rev de Crow, pero bueno, estoy segurísima que después de ver el vídeo de la Espicha 2004 os daréis cuenta que estos chicos están como cabras y que os lo vais a pasar de puta madre.
Y si hay algo que me gusta de todo esto, no es sólo el ambiente en el que se desarrolla todo, sino que no engañan a nadie. No pretenden ser una alternativa a la hispacon ni nada por el estilo. Es un evento para disfrutar y pasárselo bien, con los amigos y con los que acabrán siéndolo. Hay actividades para todos los gustos y siempre tratan de abarcar todos los campos sin hacerles asco a nada. No es que no se lo pueda considerar como algo serio, porque sí lo es. Hay conferencias, mesas redondas... y todas esas actividades que podríamos llamar "culturales", pero también hay un rev (que para algunos, en otros eventos, ni por asomo se les ocurriría darle cabida en su programación por no ser tan... ¿respetable? ¿cultural?), una cena de gala un tanto peculiar (disfraces, mucha comida, sidra a mansalva, música, baile...) en la que se come de pie (la espicha)...
Anda. Dadme envidia, ponedme los dientes largos y acudid a la Asturcon de este año, para que yo pueda ir a la del siguiente como si quisiera comerme el mundo. Tanto si vivís lejos, como si vivís cerca; tanto para los que me conocéis como los que no y en ambos casos queráis conocer a gente nueva con las mismas inquietudes que vosotros... Para los que conoceis a Ulmo, creo que le gustará que vayais por su tierra (hasta puede que a Garlok también).
Y ahora, os indico lugares en la red a los que podéis dirigiros para tener más información sobre la Asturcon así como sus actividades, historia y todo lo demás:
Seguramente habrá más enlaces de los que ahora mismo no dispongo, como podría ser el caso de Sedice y, posiblemente, más de un blog que estará al tanto de todo lo que vaya ocurriendo en los previos a la edición de este año.
A los que puedan y les pique la curiosidad les animo a que vayan y luego me cuenten. Sí, soy masoca. Quiero morirme de envidia... y a la vez no perderme detalle.
6月1日 Se Cierran las PuertasAyer hablaba con alguien sobre un tema que lleva unas semanas rondándome por la cabeza. Algo que últimamente me produce comezón y hasta la fecha he tratado de ignorarlo.
Cuando abrí este blog lo hice sin mayores pretensiones. Buscaba un huequito en este vasto océano que es la red donde poder plasmar mis inquietudes, mis desesperaciones e incluso, sí, por qué no, mis anhelos. Un lugar donde la gente que me conoce pudiera saber de mí y de mis andanzas sin tener que pararse un tiempo en escribir un mail o hacer huecos en la agenda para poder quedar y hablar tranquilamente delante de una cerveza.
Sí. Eso era antes. Un lugar donde podía ser sarcástica y llenar las entradas de tópicos, trivializaciones (como yo las llamaba) y arrancar una sonrisa a aquellos que me leían. No obstante, desde hace unos meses, mi actitud cambió. Era como si arrastrara una enorme “queja sobre el mundo” que tenía la imperiosa necesidad de exorcizar o algo así. Y entonces, para mí sorpresa, explayándome en críticas directas, fue cuando empezó a entrar más gente. ¿Eso es realmente bueno?
Creo que fue la semana pasada cuando Rudy posteó en su página una entrada acerca de la respetabilidad. Ahora la recuerdo de otra manera y me lo aplico a mí misma. No busco un hueco en ninguna parte, ni pretendo ser alguien más que yo misma. Soy feliz en el lugar donde estoy, en el mundo en el que me muevo, con la gente de siempre, haciendo lo que me gusta sin esperar que la gente me reconozca y me aplauda para engrandecer y alimentar mi ego o algo así.
Ahora, cada vez más, me cuesta escribir una entrada y al fin sé por qué es. Porque de alguna manera siento que lo que me pertenecía ha dejado de hacerlo. Y si digo es mi blog y escribo lo que me da la gana… parece que ya no es válido. Es decir, claro que puedo decir lo que me dé la gana, mientras no sea lo que puedes leer en otros blogs.
Siento como sí… como si se me exigiera algo. Si un día comento que estoy aburrida y no sé qué hacer, se me da un toque de atención. Si comento algo de forma superficial como bien podría hacer cualquier hijo de vecino al pie de la escalera, también se me da un toque de atención. No es que no pueda bajar el ritmo, es que no puedo darle el ritmo que a mí me apetezca.
No. No estoy a gusto. Ya no me siento bien. Este lugar, este rincón de oscuridad ha dejado de ser el mío y si no es mío, ¿para qué malgastar mi tiempo en él? ¿Para qué el sobreesfuerzo?
No esperéis que actualice tan a menudo como antes. Ni esperéis tampoco encontrar lo que he estado haciendo hasta ahora. No sé. No sé adónde quiero llegar a parar. Tal vez a que se van a cerrar las puertas hasta que vuelva a recuperar la ilusión por publicar aquí sin obsesionarme por lo que los demás piensen. Sólo porque me apetezca y punto, sin mayores explicaciones, sin mayores pretensiones. Quiero volver a recuperar las ganas que he perdido. Quiero volver a sentir este rincón como mío. Estoy cansada. Muy cansada... y se supone (como reza el subtítulo de este blog) que acudo aquí como al descanso que me merezco.
5月25日 25 de Mayo: Día de la Vergüenza FrikiSoy friki. Así, con todas las letras. Soy friki. No sé si fue hace cosa de un mes o poco más cuando me emperraba en decir que yo era simpatizante de friki. Estaba convencida de que el frikismo era un grado y yo no daba la talla suficiente para ganarme ese apelativo. Y como ya sabéis, me hicieron ver la luz. Soy friki. Sí. Lo admito. Y lo más importante: no me avergüenzo de ello.
No voy a negar que ha habido veces que no he podido evitar exclamar “ay, Dios mío” cuando he visto algún programa en la tele y han sacado entrevistas a frikis, donde se veía reflejado un lado… no voy a decir “patético del frikismo”, pero sí el del frikismo más radical. Me he reído como el que más con el vídeo del reportero americano haciendo entrevistas a los frikis warsis que esperaban en una larguísima cola en el cine para ver alguno de los estrenos de Star Wars. He disfrutado con “el trío calavera”. Esos tres frikis malignos que aparecían en las últimas temporadas de Buffy. Y si alguien me gritara friki en tono peyorativo por la calle, sonreiría. Me sentiría orgullosa. Prefiero que me griten por la calle friki a que me llamen bakalaera, pastillera…
Soy persona bastante tolerante. Acepto el modo de vida que cada cual haya elegido. Acepto que no te guste mi afición, acepto que nuestra afición común la veas de forma distinta… Lo que no soporto es a la gente que se avergüenza de lo que es. Pero no sólo eso, sino que además arrugarán el gesto y se sentirán molestos si osamos relacionarlos con “esa gente” o insinuamos que son “más de lo mismo”.
Para mí, desde un punto de vista más radical, el friki rolero es el más… no sé, ¿consecuente? Sí, soy rolera. No voy a decir que soy otra cosa para justificarme ante otros. Y no sólo juego a rol en mesa, sino que me voy fines de semana a un albergue perdido en el monte de España, me disfrazo y pego espadazos de gomaespuma. Hace tiempo dejó de sorprenderme cuando decía que jugaba a rol y la gente daba un pasito patrás. Si ahora me hacen eso, también sonrío. “Sí, ten cuidado, soy una psicópata, aquí como me ves, tan poquita cosa, podría trocearte ahora mismo”. Pagaría más de lo debido por conseguir esa camiseta que dice “Soy jugador de rol y no he matado a nadie” y abajo, en letra minúscula un “todavía”. ¿Qué rolero no bromea acerca de eso?
Ahora bien. Según me dijo alguien (y no puedo evitar darle la razón), ser rolero no tiene el estatus de… vamos a llamarlo… lo literario, por ejemplo. Un lector de ciencia ficción con un concepto de la diversión un tanto anodino y acomodaticio, que busca desesperadamente el reconocimiento nacional de este género, tenderá a ver monstruos y lastres donde no los hay. Dirá que la culpa de que la literatura cifi no sea considerada culta será por culpa de los medios de comunicación, el cine, la televisión… Se sentirá avergonzado de aquellos que desprestigian su afición al disfrazarse y actuar como niños grandes, porque no quiere tener relación alguna con ellos. Porque él, ni por asomo, es así, válgame el cielo. Preferiría que todos estuvieran encerrados en casa leyendo libros sin parar y armando el menor jaleo posible.
Pero no me voy a centrar sólo en la cifi. Entremos en el mundo de la llamada Espada y Brujería. Es más, hablemos de Tolkien. Más concretamente: hablemos de la Sociedad Tolkien Española (STE), esos sectarios. Y no. No uso el término sectario como algo peyorativo. Ellos mismos bromean con el término secta, de la misma forma que los roleros hablaríamos de psicópatas.
Los tolkinianos tienen “su mundo” montado. Celebran Mereths, Estelcones, montan talleres de baile, de esgrima, de cotas de mallas, de caligrafía, hacen cuenta cuentos, representaciones de la obra de Tolkien, se disfrazan con sus mejores galas al más puro estilo medieval, montan conferencias de cualquier tema relacionado con la amplia bibliografía del autor, llegando a veces hasta límites insospechados… ¿Suena bien, verdad? Entretenido y tal, ¿no?
A simple vista parece algo generalizado a todos los niveles. Un mundo de alegría y buen rollo multicolor. Pero ay amiga, dentro de este grupo hay gente que también se avergüenza de esas “actividades promocionales” y que preferiría que no se les relacionara con “esas patochadas”. Yo creo que algunos deben de estar calvos ya de tanto tirarse de los pelos, porque si por ellos fuera, la STE sería un remanso de “paz y tranquilidad”, donde cada cual estaría encerrado en su casa leyendo y estudiando a conciencia todo lo que Tolkien parió. De tanto en tanto, quedarían en un bar tranquilo, fumarían en pipa y discutirían sobre cómo se pronunciaría en Quenya tal palabra o tal otra. Para ellos, todo lo que no sea eso, es desvirtuar la obra de su autor de cabecera. Hasta empiezo a pensar que preferirían ser cuatro gatos, pero bien avenidos, que no ciento y la madre, tan escandalosos como sacrílegos o herejes.
Ser friki no es motivo de vergüenza. El friki, al contrario de lo que algunos se empeñan en ver, no desvirtúa género alguno. Es tan devoto como el “académico”. Algunos, puede que incluso, sean tan doctos o más que el estudioso encerrado en su abadía en plan contemplativo. Tal vez su concepto de la diversión sea distinto o, yo más bien diría, más activo que el del puritano, cierto. Pero es ese mismo concepto el que genera que la gente se mueva por lo que cree que merece la pena, que amplía fronteras, extiende ideas. Mientras que el que se autoconvence de que no es friki, reniega de su condición, rechaza a aquellos que no son como él y busca alguna clase de honorabilidad o respetabilidad para confundirse en la corriente de la normalidad de una sociedad monótona, cuadriculada y aburrida, que deje de creer que va a revolucionar su mundo sólo con buenas palabras y buena fe. La revolución no es pasiva y acomodaticia.
Ayer me llamó mi prima Cristina. No es friki. Trabaja como periodista en la cadena SER. Se enteró de que hoy es el día del orgullo friki y no pudo evitar coger el teléfono sólo para decirme que se había acordado de mí. Yo me hinché como un pavo. Tal vez no entienda que me disfrace o que quede días enteros para jugar a rol, pero no siente vergüenza hacia mí. Sólo curiosidad. Me parece mentira que alguien ajeno al mundillo sienta interés por lo que hacemos los frikis y que otros, sin embargo, renieguen de su condición y rebusquen miles de justificaciones públicas para asegurar (a ellos mismos y a los demás) que lo que ellos son no tiene nada que ver “con esos pirados”.
Yo soy Friki. Con todas las letras. Si no te gusta mi actitud… Dos piedras.
5月24日 Más de lo mismoLa verdad es que llevo unos días en blanco sin saber muy bien qué decir. Ojeo el artículo aquel que os dije de Iván Fernández Balbuena y la idea que quise comentar se difumina en mi mente, pierde la forma y, lo más importante, no encuentro la motivación suficiente para ponerme delante de mi portátil y desarrollar algo concreto y definido.
La semana pasada, antes de publicar la entrada El Castillo, tenía muy claro un título (La Cifi es Divertida) así como su contenido. Me siento ahora frente a la pantalla y los argumentos se me escurren entre los dedos hasta perderse en la desmotivación.
Trato de relatar una nueva entrada siguiendo el estilo de aquellas que hacía en los inicios de este blog y descubro para mi asombro que ya no tengo nada nuevo que contar, salvo que estoy a dieta y mi cuerpo insiste que Horizontal es mi estado natural.
¿Realmente ya no hay nada que contar? Bueno, tanto como nada no es del todo cierto. Hay cosas que mejor callar para prevenir y, aunque exclamaría que deberían reponer la guillotina en Francia o que el hombre tiende a inventarse guerras cuando los largos periodos de paz acaban aburriéndole, no profundizaré más. Es mejor así.
Paseo por los distintos blogs que visito con asiduidad y leo una y otra vez el “éxito” de Lordi en el Festival de Eurovisión. Pocos comentan la influencia que ha tenido internet en todo este asunto.
Leo reseñas de libros, leo lo que comió alguien un día y le sentó mal, leo Pornografía Emocional y rememoro mi propio pasado que quedó atrás y bien atrás. Compruebo que otros tampoco tienen nada que decir. Compruebo que, en realidad, todo es más de lo mismo.
Últimamente todos los días se me antojan lunes. Echo un vistazo a una agenda que no tengo y no me gusta lo que veo. Espero un fin de semana rodeada de amigos y me descubro a mí misma ante viejos y nuevos chistes, viejas y nuevas anécdotas. Reiré, jugaré, beberé cerveza, comeré panchitos y durante todo el proceso esperaré una sonrisa al leer un sms; una carcajada, un suspiro, un deseo mil veces dicho a través de un auricular. Cogeré el libro que hay sobre mi mesilla de noche, viajaré a otro mundo, me desahogaré y esperaré la llegada de un nuevo día. Otro poco más de lo mismo.
Volveré frente al ordenador. Una nueva página que rellenar. Una nueva historia que contar. O tal vez no. Puede que, en realidad, sólo sea más de lo mismo. Con otras palabras, con otra actitud, en otro lugar…
Y mientras tanto las horas pasan. O mejor dicho, se arrastran. Un nuevo lunes. Otra cuenta atrás. Volver a las mismas páginas y esperar un nuevo punto de inflexión, de reflexión, algo sobre lo que hablar. Una nueva entrada vacía, insulsa, que no dice nada… pero dice demasiado. Poco, mucho, ¿qué más da?
Diez y veinte según mi reloj. Me pregunto si postearé esto mañana. Sonrío. Claro. Lo estáis leyendo ahora, ¿no? Preguntándoos qué pasa, a qué viene esto ahora o si durará mucho más esta banalidad. No. En realidad no. No hay mucho más de lo que hablar. Sólo más de lo mismo.
Inspiración, ¿dónde estás? Motivación, deja de jugar. Anhelo, ya sabes lo que quiero.
PD: Once menos diez de la noche. Estoy contenta. Mi maestro Luingil me ha dicho que vendrá a mi fiesta de cumpleaños.
PPD: No te lo tomes a mal. También estoy muy contenta de que vengas tú. Y tú y tú y tú y tú y tú… Y, por supuesto, sobretodo Tú.
5月18日 El CastilloSe alzaba impertérrita ante sus ojos. Una fortaleza inexpugnable. Frío. Aquella construcción sólo desprendía frío. Un frío aterrador. Un frío abrasador. Y la certeza de que rozar siquiera una de sus piedras consumiría la vida del osado en un suspiro.
El viento recorría sus lúgubres pasillos y aullaba sobre las almenas avisos de muerte, locura y desesperación.
—¿Estás segura de que es aquí donde debemos entrar? —preguntó la diminuta luz que la acompañaba.
Asintió levemente. Su vista seguía clavada en las enormes puertas de madera. Su voz, se la había robado la noche.
—A mí no me parece buena idea —insistió la lucecita.
Observó a la luna que bañaba con su luz espectral cada esquina, cada arista, cada recoveco, cada piedra que daba forma a aquel castillo. Sin decir nada, dio un paso al frente.
—¡No! —le cortó el paso la diminuta luz—. No sabemos lo que vamos a encontrarnos ahí. —Él me está esperando. —¿Me estás diciendo que hemos cruzado el mismísimo infierno para acabar aquí, en este recodo de maldad? Esto no es lo que me prometiste. —Prometí que te protegería y eso he hecho. Eso seguiré haciendo. —No pienso entrar ahí. Estoy segura que el mismísimo demonio habita en ese castillo. —No te obligaré a hacerlo —respondió con frialdad antes de reanudar su camino.
La tierra tembló, se estremeció. Las raíces de los árboles torturados salieron a la superficie como si trataran de huir. Las alimañas nocturnas chillaron y huyeron despavoridas dejando un rastro de desesperación y torpeza. Un gruñido desbordó las paredes del castillo. Los murciélagos salieron del refugio de las almenas formando una estela oscura para rasgar la luz de la luna.
—Deberías hacer caso a tu amiguita, muchacha —habló una voz cavernosa desde el interior del castillo. Sus palabras hicieron temblar las ramas de los árboles, las hojas del suelo, la maleza—. Abre los ojos a la verdad. Deja de engañarte. Has perseguido un sueño y esto es lo que soy realmente. Pon los pies en el suelo y date cuenta de lo que pasa.
Ahora la tierra se abrió y huesos y harapos salieron a la superficie. Las cuencas vacías de las calaveras les mostraron el horror. Sus mandíbulas se rieron con saña.
—Desapareced de mi vista —rugió autoritaria aquella voz—. Todos. El mundo entero. El maldito mundo entero. Vine aquí para poder encerrarme a solas, en la oscuridad. Y no salir nunca. Si entráis, seréis reducidos a cenizas por mi cólera.
La muchacha lanzó una mirada desafiante a la torre principal. Se irguió, se sacudió el polvo de la ropa y con una sonrisa torcida en los labios le dijo:
—Eso ya lo veremos.
Reanudó la marcha con paso decidido. La luz diminuta trató de interponerse sin resultado alguno. Los manotazos de la muchacha podrían lastimarla.
—¿Es que no lo has oído? Demos marcha atrás. Nos matará. ¡No hay salida! —Siempre hay una salida. —¿Y si no la hay? ¿Y si nos equivocamos? ¿Y si lo que encontramos ahí no nos gusta o no le gustamos a él y nos aniquila? ¿Has pensado en eso, eh? ¿Lo has pensado?
La muchacha se encogió de hombros y le brindó una sonrisa tranquila.
—Es mi decisión. Es el camino que he decidido seguir. Sí, el castillo parece sombrío y aterrador… pero tengo curiosidad por ver qué hay realmente en su interior. Y si entonces, sólo entonces, descubro que lo que hay no me gusta… pues ya improvisaré algo. Pero no me quedaré el resto de mi vida con la idea de que estuve a las puertas de mi destino y no tuve el valor de cruzarlas por miedo a lo desconocido.
Llegaron a las puertas. Empujaron y éstas cedieron sin apenas esfuerzo. “Ya queda menos –pensó la muchacha–. Ya queda menos”.
5月15日 Me vais a matar, pero...No. No puedo conformarme. Me niego. ¿De qué hablo? De lo que al parecer algunos no quieren ver. Yo tampoco quería, hasta que me dieron de collejas y me insistieron “no hay nada que hacer. No merece la pena”. Insisto, ¿de qué hablo? Pues seguid leyendo si queréis saberlo.
No recuerdo muy bien cuándo me metí en la AEFCFyT (Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror). No creo que haga ni siquiera un año. ¿Por qué lo hice? No sé. En su momento me pareció buena idea. Extraño aunque provenga de mí.
Siempre he sido reacia a formar parte de una asociación (posiblemente porque de pequeña estuve en varias y acabé muy quemada). De hecho, se me podría considerar la eterna simpatizante de la STE (Sociedad Tolkien Española) pues siempre hubo algo que me echó patrás durante demasiados años. No obstante, siempre que pude, acudí a Mereths y Estelcones y, de tanto en tanto, participé en las reuniones de Smial en Valencia (Edhellond) e incluso en Alicante (Mithlond) y Cartagena (Umbar).
Cierta persona me dice que pertenezco a otro fandom, pues desde que entré en la universidad me metí en el club de rol del politécnico, fui a CLN’s y a roles en vivo, con los que –se podría decir– me recorrí media España. Y gracias a eso conocí a gente estupenda y a la que espero seguir viendo por muchos años.
Pues fue precisamente esto que llaman “otro fandom” el que me permitió conectar en realidad con la AEFCFyT. Porque el mundo friki, aunque extenso, es realmente pequeño. Así, por medio de amigos comunes, conocí a Carlos y seguidamente a Miguel, a Sergio…
Pero, aunque fue en realidad mi amiga Sylvia la que me comentó lo de la tertulia valenciana en el Ademuz, donde un montón de frikis se reunían dos viernes alternos al mes para zampar tapas, bocatas eternos y cervezas a porrón (o pepsis), fue Carlos quien me habló de la asociación y de la hispacon.
Sinceramente, no recuerdo muy bien lo que me dijo, pero sé que, aunque tardé meses en decidirme, finalmente accedí a hacerme socia y esperé con ansia la llegada da la tan comentada hispacon. No voy a repetirme, ni a recordar el desastre que fue aquella “Ibercon”, pero sí que comento que me quedé con la idea de que aquello no fue más que un traspiés, un bache, un túnel que acabaría y al final vería la verdadera luz, el auténtico paisaje.
El tiempo fue pasando y la incredulidad fue asomando. ¿Por qué no se hace esto? ¿Por qué no esto otro? ¿Por qué las cosas no funcionan como deberían? ¿Por qué no las cambiáis? La de horas que he estado “discutiendo” con Rudy. Él tratando de hacerme ver cómo funcionaba “su” fandom y yo tratando de asimilar que aquello fuera cierto. Porque en “mi” fandom, las cosas son muy distintas.
Tal vez Rudy tenga razón y la diferencia estribe en que la AEFCFyT es generalista, mientras que la STE o el mundo del rol, por ejemplo, son claramente especializados. El primero es pasivo (porque parece que la mayoría de sus integrantes así lo desean), mientras que el “otro” fandom es más activo. Vamos, su actividad principal no es la contemplación pura y dura, sino la participación de sus integrantes en eventos y actividades varias. El primero es centralizado y el segundo tiene un sistema más descentralizado, menos dependiente de un “gobierno único”.
¿Por qué?, suelo preguntar. Si sabéis que el sistema se muere, que es ineficaz, que la gente se conforma con su muerte lenta, que acepta el hecho de que o se disgrega y renace como otra cosa o sigue moribunda hasta la posteridad, ¿por qué nadie alza su voz y muestra su desacuerdo, por qué se dejan arrastrar por la corriente? No lo entiendo y me desespero. “Vamos a hacer esto o esto otro”. Eso es lo que suelo proclamar a veces con entusiasmo. ¿Para qué? Es la respuesta que suelo recibir a veces.
Me resulta inconcebible esa actitud. De hecho, cuando hablo con unos o con otros recibo ánimos del estilo “el fandom apesta”, “olvídate de intentar nada, porque no lo vas a conseguir”, “lo mejor es dejar que se extinga, descentralizar y dejarlo como algo formado por distintos grupos”. Me desespero. “Me siento decepcionada”, le comenté a un amigo el otro día. Después de más de una década, vuelvo a meterme en una asociación y lo que descubro es que debería haber seguido leal a mis principios. No haberme hecho socia nunca. ¿Pues sabéis lo que os digo? ¡Y una mierda! No me he rendido nunca en mi vida, así que no lo voy a hacer ahora. ¿Y sabéis por qué? Porque no voy a quejarme de algo sin haber hecho todo lo que esté en mi mano para, al menos, encontrar una alternativa viable. Tal vez, más adelante pueda hacerlo, pero ahora mismo no pienso quedarme de brazos cruzados o no intentarlo porque me han dicho que no merece la pena.
Sí, tal vez me encuentre con mucho detractor. Gente que no quiere que venga nadie y le altere su mundo. Me da igual. Sé, conozco de mucha gente llena de ilusión. Siempre que veo a Alfredo le pregunto por la hispacon y me llena de satisfacción ver la emoción con la que me explica todo lo que tienen pensado montar. Hablo con Carlos y me hincho como un pavo al oírle hablar con orgullo de todas las actividades que tienen pensado montar para esto o para lo otro; para su e-zine o para hacer mesas redondas en la FNAC. Pienso en la Septentrión, pienso en la Asturcon, pienso en toda esa gente que está dispuesta a hacer algo por esa afición que le apasiona. Cierto, sus actividades no están regidas por la AEFCFyT (que por lo que sé ya tiene bastante la junta con su labor), pero la mayoría de sus organizadores pertenecen a la asociación. ¿Por qué entonces actividades paralelas? ¿Para poder esquivar a los que no son capaces de “superarse o morir” y que tengo la impresión que no son más que un lastre (y ni siquiera son conscientes de ello)?
Bien. Sé que algunos de los que me conocéis os vais a echar a temblar. Vais a tratar de hacerme cambiar de opinión. Felicidad, recuerda el rev de Crow. Felicidad, recuerda las partidas que tienes pendientes. Felicidad, recuerda que estamos con el rev de Atlantis. Felicidad, recuerda que tienes relatos pendientes. Felicidad, recuerda Los Cazadores del Caos. Felicidad… Ajá, sí, cierto. Pero no es menos cierto que yo funciono a base de retos. Así que, os guste o no, tengo demasiadas ideas, motivación a capazos y una testarudez a veces insoportable. Durante el camino recibiré collejas y críticas, zancadillas… Sí, lo sé, como también soy consciente de mis posibilidades. Pero no pienso rendirme. Tal vez todo esté condenado a irse a la mierda como muchos me vaticinan. No lo dudo. Sin embargo, no pienso conformarme hasta que sepa que hice todo lo que estaba en mi mano para evitarlo.
Algunos se preguntarán, ¿y quién eres tú que te crees alguien para cambiar “mi” fandom? Mi nombre es Felicidad Martínez Herreros; número de socia de la AEFCFyT 161. Tal vez no lleve veinte años, diez, cinco, ni un mísero año en la asociación, pero soy socia. Nueva o no, comparto una afición con otros tantos que, aún decepcionados, mantienen la ilusión por conseguir algo. Yo haré el esfuerzo, porque creo, sinceramente, que merece la pena. “Estás condenada al fracaso”, me dirán. Puede, pero como he dicho antes, sólo me quejaré cuando después de todos mis intentos nada dé sus frutos. No antes. 5月12日 FraseLa importancia de una ciudad
se mide por su sistema de comunicaciones
por Felicidad Martínez Herreros
¿No os parece este un tema más interesante para discutir? 5月11日 Soy un TrollBueno, ya iba siendo hora de que actualizara mi blog y no precisamente haciendo uso de refritos como fue la entrada anterior. Socorrida, pero poco más.
Para quien no lo sepa, he estado un par de días aislada del mundo o lo que es lo mismo, estuve sin internet durante dos días. No es que me haya perdido mucho, salvo tal vez unas cuantas conversaciones interesantes con mis amigos por msn, algún que otro mail emotivo y puede que incluso alguna anécdota aquí y allá reflejada en alguno de esos blogs que como ya dije suelo visitar. Y sin embargo descubrí algo que me dejó patidifusa.
No me gusta repetirme, así que no voy a hacer una nueva disertación sobre lo que escribí dos entradas antes. Sí, ya sabéis, esa de “Y ahora nos chupamos las…”. Aún así, permitidme que haga copy paste de algo que dije para refrescar vuestra memoria.
1. Una vez más me remito a una entrada que publiqué hace tiempo con motivo de una vivencia similar: comentar en el blog de un amigo (coño, un amigo, que no hablo de un desconocido) que no estaba de acuerdo con la actitud que había tomado, los comentarios que había hecho, frente a un troll en un blog de una conocida suya. La reacción de sus lectores fue brutal. En privado le comenté a mi amigo que nunca volvería a dejar comentarios en su blog porque prefería no ser foco de polémica borreguil. Él se negó a aceptarlo. Yo era libre de decir lo que quisiera sobre lo que él posteaba.
2. Mmm… bueno, tal vez sólo soy una gota de agua en este inmenso océano, pero mi opinión es tan respetable como cualquier otra, al igual que la de todos aquellos que me dan la suya, esté de acuerdo o no.
Bien, amigos míos, después de deciros esto, he de anunciaros que yo también soy un troll. Sí, sí, lo que oís. Soy un troll. Aunque claro, conociéndome como me conocéis, seguro que eso ya lo sabíais. Yo, como soy un poco más cortita, no lo averigüé hasta ayer por la tarde.
Es comprensible en mi caso. Veréis, yo estaba convencida que un troll era un tipo que entra en un foro o a un blog y empieza a faltarse con el personal, despotrica contra aquellos que tratan de rebatirle, insulta a los ponentes y desvirtúa el hilo de la conversación y se divierte viendo como esa gente, en principio pacífica, acaba perdiendo los papeles y juntos se convierten en un jauría donde las formas se desdibujaron cuarenta comentarios atrás y acaban haciendo justamente lo que le echaban en cara al “intruso”. Para mí, eso era un troll. Indiscutiblemente.
Bien, ahora resulta que hay otra clase de troll. Uno que nunca pierde las formas, que expone sus argumentos con coherencia, pero, al parecer, no está de acuerdo en algún aspecto con lo que dice el propietario del blog (y digo blog porque es de donde saco esta información) y eso le toca las narices. ¿Cómo iba yo a saber que eso es también un troll? Yo pensaba que eso era sencillamente una persona que da su opinión. ¡Pues no, queridos amigos! Eso es un troll.
Así que cuando entré en el blog en cuestión, porque quería seguir el hilo de comentarios de un post que me pareció francamente interesante (algo así como por qué la ciencia ficción no se tiene ganado el merecido estatus de respetable), y me vi la acometida que se estaba lidiando contra alguien al que calificaban de troll, cuando para mí era un ponente más, decidí exponer mi opinión. Y fue ésta:
Felicidad dijo... Oh, vaya, no me lo puedo creer. Una se queda durante varios días sin Internet y a la vuelta, ¿qué es lo que descubre? Que me he perdido de lleno.
¿Qué os parece? Un auténtico escándalo, ¿verdad? ¿En qué estaría yo pensando para decir todas esas cosas? Entiendo perfectamente la reacción del propietario del blog ante mi comentario. Léase un extracto de éste:
-En tu blog puedes hacer lo que quieras, llamar chupapollas a alguien o soltar la bazofia que te parezca -lo digo para que quienes no hayan entrado en el blog que autopublicitas sepan de qué palo va el tema-. En el mío, no. Hasta que no llegues ahí, no coartaré tu libertad de expresión, por supuesto, mientras que no excedas los límites que me parecen de sentido común. En tu anterior mensaje no lo has hecho, sólo te has mostrado en desacuerdo conmigo, así que naturalmente ahí se queda, incluso con spot.
Como bien le dije a Julián en mi comentario anterior “no pretendo molestarles más”. Primero porque ya había tomado la determinación de que no lo haría y, segundo, porque a pesar de esto que acabáis de leer, en realidad el chico desarrolló su comentario con educación… aunque yo siga sin estar de acuerdo. Léase a continuación:
Felicidad, sólo unas líneas para responderte puesto que, en contra de lo que me dices, no tengo problema alguno en contestar a personas que no conozco y que no están de acuerdo conmigo:
Bien, amigos míos, después de leer esto, de anunciarles cuál es el palo del que va este blog (y cito textualmente “En tu blog puedes hacer lo que quieras, llamar chupapollas a alguien o soltar la bazofia que te parezca -lo digo para que quienes no hayan entrado en el blog que autopublicitas sepan de qué palo va el tema-.”), tengo que deciros una cosa… ¿¡por qué no me dijisteis que soy un troll!? ¿Cómo me habéis podido tener en la ignorancia durante tanto tiempo?
PD: Y para que no se me acuse de perjurio ni nada por el estilo y juzgue según su propio criterio, ahí va la dirección del blog Soria de las Palabras de Julián Díez. http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19984824&postID=114659164055081159
PDII: Ah, esto fue lo primero que dijo el supuesto troll al entrar en el blog y que tanto picó a Julián después:
Solo un par de cosas.
Terrible, ¿verdad? Ser un troll así, debe molar un huevo.
5月5日 En mi memoria encontré...Hace tiempo que quería enseñaros este poema. Tal vez el único del que me siento orgullosa. Y no es porque crea que es, al fin, de calidad, sino porque lo escribí para la clase de literatura de 2º de BUP y el profesor me lo hizo leer dos veces delante de toda la clase. Me lo aprendí de memoria y desde entonces lo rememoro de tanto en tanto. No recuerdo muy bien dentro de qué categoría entra, pero si no recuerdo mal se titulaba...
Romance del último día del prisionero
Qué cruel es aquesta vida
tan dulce como apagada.
Qué soñar tan inesperado,
la guadaña ya se alzaba.
Ruiseñor tú que ya trinas, calla
no anuncies mañana.
Y llorando aquí me tienes,
maldigo la vida amada.
Sueño, que por soñar sueño,
que despertaré mañana
sin ningún yugo al cuello
sin ningua soga blanca.
Caminar libre sin celo,
sin temer alzar la cara
y llorando por ser libre,
riéndome de la guadaña.
Pero aquí solo me tienes,
esperando la llegada.
Ruiseñor tú que ya trinas
quedarás solo en la rama.
5月3日 Y ahora nos chupamos las...Sí. Ya sé que dije en su día que comentaría cierto artículo que leí en EDN y que me pareció francamente interesante. No obstante, ayer me paseé por un blog que ojeo de tanto en tanto y leí con sumo interés tanto la entrada como los comentarios que le siguieron después. De hecho, a quien le pueda interesar el tema de los “nuevos escritores”, aderezado con algo del término fandom, le conmino a que “entre y vea” (http://www.blogdemlo.blogspot.com).
No voy a hablar obviamente de lo que ya se ha hablado ahí, porque sería más de lo mismo y copiar no es que me guste. No obstante hubo un par de puntos que sí llamaron mi atención y creo que fueron tratados sin apenas profundizar. Claro, tampoco era “exactamente” el tema a tratar.
Punto importante de dicha entrada era, por una parte, la revolución que ha tenido internet como medio de difusión. No me voy a andar con florituras. En internet circula mucha mierda. Yo misma decía en la entrada anterior que cuando por fin fui asidua, me entraron ganas de abrir mi propio blog. En parte porque descubrí que no era difícil de montar, en parte porque creí que yo también tenía algo que decir y, en mayor medida porque se te quita la vergüenza inicial de escribir para desconocidos cuando ves que hay bazofia y egolatría a capazos y que, restando humildad… qué coño, yo podía hacerlo mejor. Tampoco era tan difícil.
Internet tiene cosas buenas, pero no vamos a negar que también es un medio rápido para la expansión de la mediocridad. Siempre la ha habido, claro, y también me he quejado de ella. Antes de acceder a este medio, la forma que yo tenía de adquirir información era a través del formato papel. Y si bien lo recordáis, también escribí una entrada sobre el asunto. La cantidad de libros que se publicaban (y se publican), que me dañaban la vista al leerlos, arañaban mi paciencia y mi cordura, pero coño, publicaban mientras otros sin amigotes adecuados se comían los mocos. Porque la explicación del enchufe era la única que me resultaba lógica en esos momentos.
Obviamente, con el tiempo y escuchando aquí y allá, hablando con éste o con aquél, me he dado cuenta que las cosas no funcionan así. Pero bien pudiera parecerlo, sobretodo cuando la frustración te nubla y no ves la “otra realidad”. Escribir no es sólo trabajo y dedicación, también es patear y llamar a todas las puertas hasta que alguien decida abrirte una. Y como decían algunos de los comentarios a la entrada de Iván, esos nuevos “autores” han decidido que no tienen por qué pedir permiso para entrar. Ellos no lo necesitan. Son “ellos”, por Dios.
Retomando el tema en cuestión, decir que si antes me quejaba de que cierta bazofia se publicara y que hubiera seguidores obcecados con una calidad que brillaba por su ausencia, cierto es que ahora no hace falta publicar en papel para tener un séquito que abanique tu ego y le dé de comer.
He visto formarse auténticas cortes de admiradores alrededor de una imagen, un tipo o tipa, hasta el punto de entronizarlos y lanzarse con uñas y dientes sobre aquellos que opinaran de forma distinta. Una vez más me remito a una entrada que publiqué hace tiempo con motivo de una vivencia similar: comentar en el blog de un amigo (coño, un amigo, que no hablo de un desconocido) que no estaba de acuerdo con la actitud que había tomado, los comentarios que había hecho, frente a un troll en un blog de una conocida suya. La reacción de sus lectores fue brutal. En privado le comenté a mi amigo que nunca volvería a dejar comentarios en su blog porque prefería no ser foco de polémica borreguil. Él se negó a aceptarlo. Yo era libre de decir lo que quisiera sobre lo que él posteaba.
Bien, eso está bien y es lo menos que podía esperar de mi amigo. Pero claro, es un amigo y tampoco pretende aparentar más, ni ser ídolo de masas, ni hacerse pasar por escritor, ni nada parecido.
Como bien dice Iván en su blog (el que os he comentado arriba) ha proliferado la aparición de individuos que se autodenominan “autores” con un currículum tan variado como tener un blog (y, en el mejor de los casos –o peor, según se mire– uno o varios cuentos publicados en algún fanzine o similar). Tienen además un montón de amigotes detrás y algún que otro trepa perdido, que alaban sus “andanzas” y no consienten que se diga lo contrario de lo que su Señor ha dicho y menos aún que se hable mal de él. Pero ojo, también hay quienes desgraciadamente publican aberraciones (sí, sí, publican) y también tienen su séquito de incondicionales.
¿Adónde quiero llegar a parar con todo esto? Veamos… Chupadas de polla hay en todas partes. Y es agradable que de tanto en tanto te peguen un repaso a los bajos. Sin embargo, la felación desmedida en este asunto puede ser contraproducente. Tanto para los que se creen alguien y se refugian en sus guetos, como para los que ya son alguien (incluso de reconocido prestigio) y eso (salvo caracteres especiales) tiene como consecuencia una entronización.
Es decir, claro que me repelen los listillos que van de divos sin serlo y aún tienen cara de mirarte desde las alturas. Pero no menos repelente me parecen aquellos que ya se han hecho un hueco, son buenos en lo que hacen, y sin embargo tienen el culo tan arrugado por los lametones de otros, que de entrada te miran por encima del hombro porque ya no son capaces de sentarse.
Vamos, que está bien quejarse de esos aspirantes a pedantillos, faltos de modestia, que se creen la hostia porque sus cuatro amigotes se la chupan de vicio. Pero parece que es menos “ofensivo” que alguien que considera que todo lo que no sea suyo no merece la pena o que menosprecie un premio porque nunca lo gana o que tienda a quejarse o, peor aún, a ignorar a los que empiezan, es perdonable. Dejemos al pobrecito que es feliz en su trono.
Ah, y tampoco hay que olvidar a los apoltronados. Aquellos que se creen alguien porque tienen un nombre dentro de un grupo y piensan que la antigüedad les da derecho y potestad para opinar y dirigir según les venga en gana, rechazando aquello que es nuevo. ¿Cómo se atreve un novato a llevarle la contraria? ¿Cómo se atreve cualquiera a hacerlo? Tienen su blog, su web, su columna de opinión en el periódico o suplemento semanal, llevan años copando los foros con comentarios kilométricos, acuden a eventos sociales con su nombre escrito sobre una cartulina y piensan que ante su presencia deberías cuadrarte... A estos, también demasiadas veces, se tiende a no llevarles la contraria, en plan: ya está el abuelo con sus achaques o pasemos de puntillas por delante del dragón dormido, no sea que despierte y nos monte la del cristo.
Desde mi punto de vista, todo esto que acabo de decir no contradice en absoluto lo comentado por Iván Olmedo en su blog, ni lo que han respondido algunos de los lectores del mismo. Tampoco pretendo ponerme en plan “y tú más” o en ese rollo de “sí, vale que Fulanito es un cabrón, pero queda justificado porque Menganito es un cabrón aún mayor”.
Sin embargo, quizá demasiado a menudo, tendemos a ver sólo un extremo de la situación, a quejarnos nada más de una parte del problema y no somos capaces de verlo en su totalidad. Echar pestes sobre algo y no oler el tufo que llega desde otro lado. Aceptar una parte y restar importancia a la otra. Insisto: quizá cuando nos quejamos de una determinada situación es bueno, de vez en cuando, echar un vistazo al otro extremo y ver qué se cuece por allí. Porque entonces, tal vez nos demos cuenta de que la situación que estamos describiendo es sólo parte de algo mayor y más complejo. Y es posible, sólo posible, que entonces podamos verla de un modo más completo.
Obviamente no soy la objetividad en persona y puede que incluso algunos piensen que quién soy yo para ir diciendo esas cosas. Mmm… bueno, tal vez sólo soy una gota de agua en este inmenso océano, pero mi opinión es tan respetable como cualquier otra, al igual que la de todos aquellos que me dan la suya, esté de acuerdo o no. Y tengo muy claro que el día que deje de recibir collejas por parte de aquellos que me leen o que sólo escuche elogios y ningún “pero”, ese día me preocuparé de verdad.
4月28日 Aniversario... feliz, ¿no?Hoy hace un año de la creación de este blog. Y lo celebro con 24.796 visitas (en el momento justo de esta publicación). Es una pena. Me hubiera gustado llegar a las 25.000, pero tampoco puedo quejarme. Últimamente no es que actualice demasiado.
La primera vez que oí hablar de “blog”, fue justo cuando me dio por volver al mundo voleivolero. Escribí una especie de monólogo al más puro estilo Club de la Comedia y lo envié como mail a un montón de amigos. La respuesta a dicho mail tuvo tanto éxito, que no pude resistir la tentación de redactar una segunda parte que, para mi sorpresa, tuvo más éxito aún que la primera. Entonces Eleder (con quien por aquel entonces mantenía correspondencia) me comentó que por qué no abría un blog y me dio la dirección de varios para que viera lo que era.
La idea no me atrajo mucho al principio. Sobretodo teniendo en cuenta que en aquellas fechas mi acceso a internet era muy limitado. Pero claro, aquello sólo sería temporal. Una vez que pude navegar por la red con mayor periodicidad y descubrí el maravilloso mundo del msn (del que al principio era un poco escéptica), descubrí algo nuevo y tentador. Todo el mundo tenía blog, más o menos. Entraba de tanto en tanto aquí y allá y, muchas veces, pensé que yo podría hacerlo mejor de lo que llevaba visto hasta entonces. Poco después, Tamara me pasó la dirección de su segundo blog y, para mi asombro, vi lo fácil que era construirse uno por msn. Y cuando estimé oportuno que más o menos lo tenía decente, avisé a mis amigotes de su creación.
Ha habido evolución, por supuesto. No sé muy bien si para bien o para mal. Pero sí que es evidente que mis primeras entradas, tanto por su tono como por su contenido, distan de ser lo que ahora son. Antes me centraba mucho en la ironía y el sarcasmo. Abusaba de aquello que tan alegremente llamaba “trivializar”. Y salvo contadas excepciones, la intención en ellos no era más que hacer reír a mis lectores. Mis amigos.
Cierto es que ahora me centro más en escribir en plan casi pedantillo y a modo de artículo. De hecho parece que de un tiempo a esta parte no hago más que quejarme. Como si mis palabras fueran a servir de algo. No sé. Por poner un ejemplo… Salvar al mundo. Y de tanto en tanto, algún pinito literario… Como si eso también fuera a llevarme a alguna parte. ¿El cambio ha sido bueno, malo? No lo sé. Eso os toca a vosotros juzgarlo. Sé que hay gente (o por lo menos eso me han dicho y prefiero ser ilusa y creérmelo) que entra de forma asidua con la esperanza de que haya posteado algo nuevo. La pregunta es: ¿es porque esperan encontrar ese sarcasmo y esa ironía de la que antes hacía alarde o porque realmente esperan leerme despotricar de algo, como es el caso de las últimas entradas? Y ya, la pregunta más importante o las más importantes: ¿os he decepcionado? Y ¿sirve de algo lo que yo posteo?
Obviamente no espero que cuando alguien lea alguno de mis posts, piense de repente “ya sé kung fu” o diga “mi tercer ojo (no seáis malpensados y cochinos, que nos conocemos) se ha abierto gracias a ti. Ahora veo el mundo de otra manera”. Pero sí me interesa el hecho de que no se me lea por costumbre (porque sé que me leen muchos amigotes y lo sé porque luego les paso el test de fidelidad), sino por interés o curiosidad; aunque no estéis de acuerdo con lo que digo. Vamos, que si sigo posteando o dejo mis quejas y paranoias para la intimidad y sólo para aquellos que me soporten.
Mmm… Espero que no sea esto último o me jodéis viva. Que una tiene su orgullo. Ya sabéis. Me sobra tanto que de tanto en tanto me tengo que pasar por el rastro por si alguien quiere comprarme un poco.
Digamos que, bueno, estoy dentro del mercado de la oferta y la demanda. Y si antes todo el mundo tenía un blog, ahora hay hasta blogs de blogs. Hay un gran abanico de posibilidades. Sólo tenéis que ver los links que tengo en esta misma página para comprobarlo y sólo es lo que visito con frecuencia… porque aún hay más.
Para mí, mantener esta página requiere un esfuerzo. Llegar a casa, hecha polvo del trabajo, ponerme delante del portátil, después de horas y horas delante de un ordenador, escribir, guardar en el USB, repasar (si estoy de humor) y al día siguiente postear. Y es ahora, después de un año, que una se hace preguntas. ¿Qué es lo que hace diferente mi blog respecto a otros para que la gente siga visitándolo? ¿Significa eso que el esfuerzo realmente merece la pena?
Os pediría opinión y vosotros me la daríais por Messenger como hacéis siempre. Como si no os conociera. Pero… ¿cambiaría eso algo? Bueno, tal vez mi actitud, mi forma de plantear las cosas, si retomar las raíces o no… Aunque, no voy a amenazar con cerrar el blog para que vengáis a decirme que no y así yo sentirme superchachi de la muerte, importante, la caña de España, el azote del rock. No. El blog lo actualizo porque quiero. Porque es mi juguetito. Porque recibo buenas recompensas, porque gracias a él (o a través de él, mejor dicho) he conocido a gente maravillosa como Yokana, por ejemplo.
Así que no pienso lloriquear lamentaciones. Quiero vuestras opiniones, claro. Por Messenger, por mail, por medio del blog… No me importa. Seré una ilusa, pero, por una vez, siento que lo que escribo no cae en saco roto.
Interese o no a alguien lo que digo, Arrópame en tu Oscuridad, seguirá por aquí durante un tiempo. Haré mudanza un día, claro. Eso de que Mocochof tenga derecho sobre lo que “publico” aquí, incluso con potestad para sacar pasta de ello y yo sin poder quejarme… o que no todo el mundo sea libre para dejarme un comentario… Me toca los huevines. Francamente.
Pues eso. Hoy hace un año que arrancó este blog. Algunos lo han visto crecer desde su más tierna infancia. Hacia dónde me ha llevado, hacia dónde lo he encarrilado… eso es algo que, al menos de momento, os toca a vosotros juzgar.
Muchas gracias por vuestro interés y vuestra fidelidad. Nos seguiremos leyendo. Seguiré actualizando.
4月27日 Guionistas Roleros Ayer entré en el blog de un amigo (Delirios de Cerveza -link en este blog) y consiguió que me alegrara la tarde. Le pedí permiso para postear esta "frikez" y, aunque os lo mandé a muchos de vosotros por mail, no he podido resistirme a postearlo en mi blog.
Puede que los que no sean roleros de mesa no lo acaben de pillar... pero yo realmente veía una partida con toda claridad. Esto de ser máster, como ya sabrán muchos, es muy sufrido.
Si la primera trilogía de la Dragonlance era claramente una partida de rol y tuvo tanto éxito (sigo diciendo que por Raistlin) ¿por qué no aplicar el mismo método para una serie de televisión?
Anda, disfrutad de la lectura:
Guionistas roleros.
Seguro que todos vosotros conoceis la serie Lost (Perdidos)y seguro que alguna vez habreis dicho eso de "que se han fumado los guionistas?". Parece una partida de rol con personajes "revientapartidas" y un master pardillo verdad? Pues efectivamente! Lo es, he aquí la prueba jajaja. (Nota, no lo he escrito yo, me lo pasaron por email) ***Aviso de Spoiler de la 1º Temporada***
![]() Comienza la partida. Me temo que hay demasiada gente. No puede salir nada buenos...
Gracias por esta perla, Finwe.
4月25日 El Concepto es el ConceptoHará cosa de una semana o así, discutía con Rudy sobre el concepto de rol en vivo. Dónde empieza, dónde acaba, si es algo estricto, cerrado, o puede mostrar un abanico de posibilidades más amplio. Lo cierto es que me hizo dudar o, más bien diría, me hizo ver mi estrechez de miras.
Para mí, un rev es algo que organiza un grupo de roleros para otros roleros o afines. Desarrollan una ambientación, un grupo de reglas que no entorpezcan el dinamismo del juego en tiempo real (como sí ocurre con el rol en mesa donde la resolución de una acción o una escena puede alargarse tranquilamente a un cuarto de hora, para algo que sucede en 2 minutos), se encargan del atrezzo y de todo el tema logístico y legal. Sí, legal. Así es España. Uno puede correr disfrazado por el monte, caer, romperse una pierna y acusar a los organizadores de incitación al suicido. Sí. Así son los españoles. Les insisten a los jugadores que no pisen los patatales del vecino de al lado, pero siempre hay alguno o algunos que encuentran un motivo para hacerlo. Y hala. A pagarle desperfectos al pobre campesino que no entiende por qué un grupo de pirados disfrazados le han jodido la cosecha.
Pero el punto clave de discusión era que para mí en el rol interpretas un papel, ajeno a lo que eres en la vida real y eres consciente de ello. Pepe me comentaba hace poco que en el instituto de una amiga suya habían aplicado el rol para una clase de historia. Un grupo de alumnos representaba a la nobleza y otros a la plebe y, a partir de ahí, se desarrollaba un sistema económico. Cuando me lo contó, la idea me encantó. Una forma de aplicar el rol a la enseñanza. Y ojo, no voy a ser como otros de otra vertiente que no voy a mencionar, y pedir que se ponga el rol como optativa dentro de la enseñanza. No. Me gusta el rol y conozco sus posibilidades, pero no llego a esos extremos.
Sin embargo, Rudy me dijo que esas cosas que se montan para ejecutivos o gente aburrida de lo mismo, donde los meten en una cárcel o similar, eso también era una clase de rol en vivo. Al fin y al cabo, metes a un grupo de gente de vida “normal” y los sometes a una situación extrema, poco común. Eso hace que de una forma inconsciente (o no) adopten un papel, que probablemente no tienen en la “vida real”. El tímido puede convertirse en osado, el reprimido en líder… Cierto es que situaciones similares las hemos visto en películas y series varias. Y como bien se suele decir, a veces la realidad supera la ficción. Así que no es de extrañar que eso suceda. Sobretodo si son conscientes además en todo momento, de que sólo es un paripé que les han montado.
Al principio me negaba en redondo a considerar eso como rol en vivo. Esa gente no tenía unos papeles concretos asignados, con unas habilidades de juego específicas a las que debían limitarse, ni unas restricciones de ambientación. Pero qué es el rol más que la interpretación de un papel sin un guión marcado donde la improvisación suele ser crucial. ¿Acaso no es parecido a lo que yo he hecho en situaciones cotidianas para salir al paso en una entrevista o para pasar la ITV (interpretando el papel de la niña tonta e ingenua para que fueran más blandos conmigo) y andanzas similares?
En aquellos momentos de “discusión” no supe salir del paso (en parte, supongo, porque estaba segura que mis conocimientos roleros no son como los de otros monstruos), pero aún así me obcecaba, viniendo a mi mente palabras como “no eres jugador de rol, ergo no sabes lo que es. Si lo fueras, lo entenderías”. No las dije, por supuesto, ya que, de alguna manera, haberlas dicho en voz alta se me antojaban elitistas; puro esnobismo. Y eso para mí, nunca fue un argumento válido. Y ya, lo siguiente que me dijo, hizo replantearme el concepto y, por tanto, sus aplicaciones.
¿Qué es la ciencia ficción? Nunca he sabido en realidad cómo definirla, en qué concepto clave encajarla. Siempre ha sido para mí un término muy amplio. De hecho, desde que entré en EDN (Estación de Nieblas – ver link en este blog) si algo he visto es que sin duda es algo uniforme de lo que aún se discute. Sin embargo, Rudy me comentó que hay mucho seguidor de la cifi hard que considera que todo aquello que no siga las premisas del hard, no puede considerarse ciencia ficción. Una Space Opera, para mí es de manera indiscutible cifi. Pero saber que hay quienes piensan que no lo es, porque no es del estilo hard, me dio qué pensar. ¿No era exactamente lo mismo que yo estaba insinuando con mi concepto del rol en vivo? No sé. ¿Es así? ¿Tengo estrechez de miras sobre lo que es un rev? Si es algo que se sale del mundo rolero en el que me muevo ¿entonces ya no es rol en vivo? Sin duda, da qué pensar. Al menos por mi parte.
Es como el término “fandom”. Lo descubrí yendo a la Hispacon (ejem, Barracon) de Vigo. ¿Qué es el fandom? Yo siempre hablé de roleros, no del fandom del rol. Y sin embargo, también en EDN descubrí que se discutía por lo mismo: el concepto. Dónde empieza y dónde acaba. Para mí, se pongan como se pongan, ya sea fandom o roleros o tolkinianos, todo confluye en lo mismo: frikis reunidos que organizan eventos sobre una afición común. Habrá líneas de acción y de pensamiento distintas, pero todo se ampara bajo el mismo concepto. De ahí que ahora me replantee mi idea del rev y lo aplique en un sentido más amplio. Porque el puritanismo sólo propicia un efecto endogámico y ya conocemos los efectos endogámicos en círculos pequeños que se niegan en redondo a abrir sus fronteras. ¿Verdad?
A mi memoria viene ahora la entrada que titulé Un Pequeño Paso y que hablaba sobre el artículo de Julián Díez en El Semanal. No voy a retractarme, si es lo que parece. No en cuanto a que el rol tal y como yo lo conozco tardará aún mucho tiempo en ser aceptado como un juego más y no como una amenaza para la sociedad. Pero me doy cuenta que no puedo negar otras líneas, otras vertientes producto del rol tal y como lo conozco. Es rol. Tal vez no en su concepto más purista, pero sigue siendo un juego en el que te enfrentas a una situación atípica, lejos de tu vida cotidiana, dentro de un contexto bajo unas normas y una ambientación. Habrá quien lo acepte o no. He de admitir que, aún a pesar de estas palabras, me resulta difícil aceptar sin más esos juegos concertados para extraños al mundillo rolero, pero forma parte de la realidad actual. Y no es un renovarse o morir. O un mientras haya jugadores de rol habrá esperanza. No. Es simple aceptación. Es… tolerancia. Eso de lo que tanto se habla para muchas cosas y que pocas veces se aplica. Y, esta vez, he de decir por mi parte que en este caso fui culpable. Aunque claro, yo soy sólo una personita. Puristas apoltronados en su sillón… pocos pero cobardes. Y sin embargo, lo que cuesta echar a los jodíos.
Si el concepto se mantiene, todo lo que derive después no es malo o perjudicial. Algunos lo llamarían evolución. Otros… Otros dirían qué grande es el rol y para cuántas cosas se puede aplicar.
Nota: lo más gracioso de esta entrada es que me inspiré en un artículo que aparece en EDN bajo el título “Sobre la ciencia ficción y su credibilidad editorial” de Iván Fernández Balbuena y que nada tiene que ver con lo que acabo de decir, pero sé que vuestro tiempo es valioso y me pareció bastante tedio para leer en un día por mi culpa. Así que lo que quería comentar sobre ese artículo lo dejaré para otro día. Que luego no se diga que no actualizo suficiente mi blog. Ale. A cascarla. Y recordad:
El concepto, es el concepto -Pazos en Airbag. Qué gran tío.
4月21日 Rendición y CondenaRendirse es el camino fácil.
Dejarse llevar y lamentarse después.
Hundirse en la autocompasión
y llorar lo que se perdió.
Quéjate del cielo que no pudiste rozar.
Laméntate del valor que no supiste encontrar.
Arrastrar las ilusiones por el fango.
Aferrarse a la derrota que no se quiso ignorar.
Aúllar desesperado a la luna
una promesa que se deshizo al poco de empezar.
Quéjate del cielo que no pudiste rozar.
Laméntate del valor que no supiste encontrar.
Échale a otro la culpa de tu desgracia.
Huye hacia la vida de la que quisiste escapar.
4月19日 25 de Mayo: Día del Orgullo FrikiHace apenas unos minutillos, aprovechando que llegué pronto al curro y nadie me iba a pillar gipiando páginas ajenas a mi trabajo, encontré en el blog de mi amigo Tente, la siguiente entrada que expondré a continuación (bueno, en realidad hice copy paste). Ya había oído hablar de ello, pero hasta la fecha -no me preguntéis por qué, ni zorra- no había conseguido entrar en la pertinente página.
Ahora, para vuestro deleite...
4月10日 El LaberintoLa mugre le llegaba por encima de las cejas. La ropa la llevaba hecha jirones. El calzado era un amasijo de cuero, barro y moho. El pelo enmarañado le caía continuamente sobre los ojos. Jadeaba por el cansancio y las rodillas le flaqueaban a traición.
—Basta… —murmuró, lloriqueó—. No puedo más. No puedo más.
La oscuridad gimió complacida. Los muros de piedra y hiedra rieron a placer. Las ramas de los árboles chasquearon divertidos ante la escena. El viento ululó, terrorífico, extasiado por el miedo y la desesperación que atenazaban a la muchacha. Las criaturas de la noche la observaron impertérritos desde sus escondrijos.
—Esto no nos lleva a ninguna parte —le dijo la diminuta luz, ahora más diminuta y menos brillante debido a la fatiga y el cansancio—. Será mejor que demos marcha atrás. Es la única solución. Jamás encontraremos la salida.
Exhausta, a cuatro patas sobre aquel barrizal, la cabeza hundida entre los hombros y las lágrimas que brotaban como cascadas de sus ojos caían directas al suelo. Apenas tenía siquiera fuerzas para hablar. La respiración entrecortada y balbuceos sin sentido salían de su boca.
—No… —consiguió articular—. No —insistió con mayor convicción aunque su voz seguía temblándole a traición—. No he sacrificado tanto, no he arriesgado tanto, no he pasado por tantas pruebas para ahora echarme atrás. No voy a rendirme. No pienso hacerlo. ¡Me oís! —rugió al cielo nocturno—. No pienso hacerlo.
Una risa maléfica taladró sus oídos, arañó su cordura. Y un coro de voces altisonantes, agudas, acompañó a la melodía.
—Mírate. Estás cansada, exhausta, no tienes apenas fuerzas ni para hablar. Lo mejor es que demos media vuelta. Volvamos a casa. Allí estaremos bien. Cómodos, arropados. No sigas o puede que te arrepientas.
Se derrumbó. Sus huesos fueron a para al húmedo y fangoso barro. Ciertamente estaba casi sin fuerzas. Las lágrimas rodaron ahora por sus mejillas. Sí. Sonaba tan bien. Volver al lugar de donde venía. Ese lugar seguro y cálido que siempre le había protegido. Aquel Bosque que habían creado para ella, para su felicidad. Era tan tentador…
—No puedo —sollozó como una niña—. No puedo. ¡No puedo! Si lo hago, todo por lo que he pasado hasta ahora no habrá servido de nada. Un esfuerzo inútil y no sé si podría volver a intentar pasar por ello. No podría, ¿lo entiendes? No podría. —Sé como te sientes, pero es lo mejor. ¿Para qué seguir luchando por una recompensa que ni siquiera sabemos si nos estará esperando? —Está ahí. Está cerca. Puedo sentirlo. Créeme. —No está cerca. No trates de engañarme. Aún queda demasiado lejos. No puedo más, no sé si tendré fuerzas para enfrentarme a más pruebas. Quiero volver a mi Bosque. Tal vez no sea el hogar que siempre soñé, pero allí tengo lo que ahora mismo necesito: seguridad.
La diminuta luz alzó el vuelo y comenzó a alejarse. La muchacha sintió que el mundo entero colapsaba en su interior.
—No te vayas, por favor. No me dejes sola. Sin ti estoy perdida. ¡No te marches! —Lloró desconsoladamente—. Vuelve…
La oscuridad comenzó a cernirse sobre ella. Las criaturas nocturnas se relamieron, se prepararon para abalanzarse sobre el nuevo manjar. El miedo y la impotencia atenazaron a la muchacha.
A lo lejos, la luz vaciló de repente. Tembló. Se detuvo. Intentó seguir con su huida, notó el miedo devorándola y trató de continuar huyendo. De volver al lugar donde todo era cómodo y fácil, donde no había sobresaltos ni miedo. Pero no pudo.
Dio media vuelta y regresó presurosa hacia la mujer. Se posó en su cabeza, resbaló por su frente y se acercó a sus ojos cerrados. Los besó. La luz era pequeña, diminuta, temblorosa, indecisa. Sin embargo, ante su presencia, la oscuridad retrocedió nuevamente y las criaturas nocturnas se ocultaron en las sombras. Rugidos de rabia resonaron en la noche.
La joven abrió los ojos y miró aturdida a la luz.
—Has vuelto —dijo enjugándose las lágrimas—. ¿Por qué? —Porque en realidad mi Bosque, ese lugar al que supuestamente pertenezco, no es más que un sitio vacío, muerto. Mi lugar está contigo. Siempre. Ahora lo sé. —¿Siempre? —preguntó la muchacha algo escéptica.
La pequeña luz siguió temblando, aún llena de miedo, quizá echando de menos ese lugar al que ya no quería volver. Al que no volvería. Su hogar ya no era ese, sino el que la muchacha le ofrecía.
—Siempre. Puede que vacile, que me entre miedo, que esté a punto de huir. Tú misma me lo dijiste una vez. Pero no te dejaré. Dejarte, sería dejarme a mí misma. Somos parte de lo mismo.
La muchacha se incorporó. Hizo un cuenco con las manos y la luz descendió hacia la cuna que la joven le había improvisado.
—Te protegeré —le aseguró la mujer—. Ahuyentaré tus miedos. Pero tendrás que ayudarme. —Lo haré. Aunque a veces no sabré cómo. —Lo averiguaremos juntas. Confía en mí. —Confío.
Ambas sabían que este último tramo, esta última prueba iba a ser la más difícil. Tan cerca del objetivo, pero a la vez tan lejos. En el horizonte, un atisbo de luz les marcaba el camino, el lugar al que debían acudir. Pero aún debían hallar la forma de salir de aquel traicionero laberinto. Sólo juntas podrían conseguirlo y ahora eran más conscientes que nunca.
—No podrás conmigo —desafió la muchacha al endemoniado laberinto—. No podrás con nosotras. Ya no.
4月6日 Un Pequeño PasoLlevo ya como una semana sin saber muy bien qué contar. Me dedico a pasear por otros blogs, pero no encuentro la chispa que me diga “he aquí algo realmente interesante”. Voy de camino al trabajo o a casa y, mientras contemplo el paisaje –que ya me conozco al dedillo después de más de un año haciendo el mismo recorrido cuatro veces al día–, trato de localizar algo inusual que despierte mi curiosidad así como mi inspiración. Pero ésta es tan sumamente estimulante que lo único que me da qué pensar, mientras miro a través del parabrisas o las ventanillas de mi coche es “¿por qué desde que a las 7:30 de la mañana ya es de día no hay tanto tráfico? ¿Tendrá relación con que adelantaron la hora y la gente sale antes de casa porque aún no se han hecho a la idea?” De aquí, estoy segura que podría sacar un monólogo. De esos sarcásticos a los que me aficioné en los comienzos de este blog y que tanto os gustaban. Pero no encuentro las palabras que me llenen la boca o se me escurran entre los dedos mientras tecleo.
Y todo esto, sin tener en cuenta además, que últimamente no es que esté muy elocuente. Es como si de repente se repitiera jodienda tras jodienda y parezca que estoy permanentemente cabreada con el mundo o algo así. Sólo pongo mis pinitos con los simulacros de cuentos y mi rabia frente al mundo y la panda de incompetentes que lo pueblan. Y así, a lo tonto a lo tonto, voy rellenando líneas para que parezca que pretendo decir algo cuando en realidad lo que quiero decir es, precisamente, que no tengo nada que decir. Paradójico, ¿no creéis?
Ahora bien, entre ayer y hoy, he vivido una anécdota curiosa. Si lo pienso, no lo es tanto, ya que la teoría de que el mundo es un asqueroso pañuelo de mocos está más que extendida. Alguien me pasa un link sobre un artículo en el Semanal, veo que sé quién es el tipo que lo escribe, se lo comento a un amigo como algo curioso mientras le digo que me sorprendió ver en el artículo el nombre de un conocido y mi amigo me suelta “no jodas que conoces a ese tipo???” Esta mañana recibo otro mail de otro amigo, que también comenta que leyó el artículo, que accedió al blog del periodista, buscó otra entrada suya y descubrió un comentario mío y por eso me escribía. Para asegurarse de que era yo. El título de su mail era “El friki mundo es un puto pañuelo”. Pues sí, pues sí.
Pero aunque parezca mentira (si así lo habíais pensado), no voy a hablar de somos mocos en un pañuelo de mocos. No. Quería comentar parte del artículo que desencadenó toda esta serie de “casualidades”. El artículo se titula Juego para adultos de El Semanal (http://www.xlsemanal.com/web/articulo.php?id=5777&id_edicion=887&salto_pagina=1) y ha sido redactado por Julián Díez cuyo blog se titula Soria de las Palabras (http://soriapalabras.blogspot.com/) y os recomiendo la entrada que habla de los juegos de rol y su relación con los medios de comunicación (http://soriapalabras.blogspot.com/2006/02/periodismo-real-4-la-historia-del.html).
A mí me pasaron el link como mera anécdota. “Mira, hablan de Cenizas Rojas y Piratas”. Cuando vi el artículo no empecé a leerlo directamente. Soy muy vaga para esas cosas. Leí por encima el texto en busca de palabras clave. Bien. El resultado fue que efectivamente habla de rol. En los dos últimos párrafos de la segunda hoja, muy por encima, obviamente, pero supongo que para muchos ya es todo un logro.
De hecho, al parecer, el link al artículo ha sido enviado a diversas listas del mundillo rolero en plan “un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad” o como narices se diga. Bien. Disiento.
He leído el artículo completo y lo que veo es una alusión políticamente correcta hacia las palabras rol en vivo que tanto asustan a los escépticos y detractores. De hecho, el título ya predispone a una aceptación como algo que practican los adultos, no esos jóvenes descerebrados y psicópatas, devoradores de videojuegos, que se dedican a hacer cachitos a su familia con una katana. Y para tratar de colársela al lector doblada, nada más empezar pone a ”abogados, empresarios o químicos, padres de familia…” como los que suelen jugar a estos juegos… no siendo hasta la segunda página donde se dice el tipo de juego al que se refiere realmente. Y ojo, no me quejo. Entiendo que se haya abordado el tema de una forma "conveniente", pero creo que de alguna manera se está engañando, se está endulzando (aunque algo me dice que al periodista le habría gustado explayarse más al respecto) un tema que fácilmente es “crucificable”. Yo entiendo de qué habla y estoy completamente de acuerdo con él. Ahora bien, ¿cómo se lo tomaría alguien ajeno a este mundillo?
Si se lo pasara a mi madre, por ejemplo. Para empezar, no se quedaría con la idea de que el artículo habla de rol en vivo. Sino de esas cosas que organizan las empresas para sus ejecutivos donde se dedican a destrozar coches, dispararse con bolas de pintura o cosas similares. Eso no es rol en vivo. No, si no hay interpretación. Otro podría pensar que eso del rol es para adultos… en exclusiva. Como algo para mayores, algo para personas responsables. Para un joven, un adolescente, sería como poner un arma en sus manos o algo así. Y creo que privar a los jóvenes el acceso a este tipo de juegos es un error. Desde mi punto de vista, aunque no sea psicóloga, considero que el rol puede ayudar de alguna manera al desarrollo personal de quienes lo juegan. Cuando ya se es adulto, es demasiado tarde para valerse de sus “beneficios”.
Claro que aquí en España el artículo es un pequeño paso. Por supuesto. Una dosis a cuentagotas. Un artículo que deja a todos contentos y que, quién sabe, tal vez dentro de un año pueda ser algo más explícito. Sin embargo, no olvido lo que el mismo Julián Díez comentó en su blog (y cuyo link ya os he indicado) sobre el famoso crimen del rol.
De hecho. ¿Quién ha difundido más el artículo? Los propios roleros; no los ajenos a este mundillo. Y es precisamente en éstos últimos donde debería calar. Los que lean El Semanal, contemplaran posiblemente el artículo, no como algo anecdótico, sino como otro síndrome más de la tendencia actual a “volver a ser niños”, tal y como se comenta. Las palabras rol en vivo, me temo, se olvidarán pronto... porque también es políticamente correcto mejor olvidarlas para que no te miren raro cuando las pronuncies.
Si de algo estoy cada vez más segura es de que hasta que esos jugadores de rol, que ahora disfrutan como enanos, no sean padres de hijos adolescentes… el rol seguirá siendo palabra tabú. Nos queda aún muuuuuuuuuuucho camino por recorrer hasta llegar al nivel que alcanzan nuestros vecinos europeos, como Alemania, por ejemplo, donde los organizadores no tienen que pedir permisos, pagar seguros y pijadas mil, para montar un rol en vivo. Pero bueno, sí. Poco a poco, pasito a pasito.
3月29日 Mi Futuro es mío y me lo F@### cuando quieroLa historia se repite. La maldita historia se repite. Persigue a mi familia (mi padre, mi madre, mi hermano y yo) como si de una maldición se tratase.
La pasada noche mi hermano vino hasta mi cuarto y por fin me explicó lo que llevaba semanas carcomiéndole por dentro. Mi sensación de impotencia fue brutal. ¿Por qué siempre nos pasa lo mismo? ¿Por qué a lo largo de nuestra vida encontramos a alguien que se erige con el derecho sumo de decidir nuestro futuro? Y sobre todo, ¿por qué siempre son una panda de reprimidos con ganas de joder a los demás?
En mi caso, en cada paso que daba en la enseñanza, había alguien dispuesto a… “hacerme cambiar de opinión”, si es que esa es la expresión correcta. Al fin y al cabo, acababa siendo una imposición.
Ya a los cuatro años fui consciente de ello y desde ese mismo día, que aún recuerdo como si fuera hoy, decidí que nadie volvería a decirme qué hacer.
En aquella ocasión fue una tontería, aunque marcó mi carácter para siempre. Estaba en parvulitos y la profesora nos dio a elegir para dibujar entre una mariposa y una flor. Yo elegí la mariposa y cada vez que le enseñaba el resultado me decía que la repitiera, que no estaba bien. La repetí unas siete veces y las siete veces me dijo que no estaba bien. Me hinchó tanto las narices, que cogí con furia el papel y la cera… y dibujé a mala baba una patética flor, que no me gustaba, que no estaba bien hecha… y cuando se la enseñé, me dijo: Muy bien Felicidad, una flor muy bonita. Yo flipé en colorines amarillos, pero si la profe decía que bien, pues es que estaba bien. Aunque en mi mente seguía dándole vueltas a la cabeza. “Mi mariposa sí que estaba bien”.
Fueron llegando los padres y la profesora les fue enseñando el trabajo de sus hijos. Pululaba yo por ahí, cuando la profesora le enseñaba a una mamá el dibujo de su niño, Oscar, me acuerdo bien. Una mierda de dibujo. Entonces mi profe, con toda la naturalidad del mundo señaló a la mamá de Oscar mi flor y le dijo “mire que birria de flor” y juntas se rieron alegremente. Por aquel entonces yo no decía cosas como “hija de puta”, pero os puedo asegurar que lo que pensé no se alejó demasiado de esa idea.
Los años fueron pasando, pero aquella idea no se fue de mi cabeza. No obstante, muchos tratarían de hacerme ver que, en realidad, era mejor para mí.
Poco después de finalizar el primer año en el instituto vi en la estación de trenes un día a la psicóloga que había en mi colegio. Mu maja ella. La conocí el año que entré como delegada de alumnos y empecé a acudir a aquellas reuniones tediosas. Un día, recuerdo que le firmé un papel que necesitaba ella para el ayuntamiento con la firma de al menos un representante de alumnos. Cuando se lo dije a mi madre al llegar a casa que la había visto, me dijo: no quería decírtelo hasta ahora, pero ya que veo que has aprobado primero de BUP sin problemas te voy a decir lo que esa mujer nos dijo en una reunión que concertó con nosotros sin decirte a ti nada. Me dijo que tú nunca deberías hacer BUP. Tú tenías que entrar en FP.
Para los que no lo sepan, en mi época, la diferencia entre BUP y FP se consideraba abismal. Es decir, que los listos iban a BUP y los no tan listos iban a FP. Como supondréis, lo que me dijo mi madre sobre aquella psicóloga tan maja que no fue capaz de decirme a mí aquello en la cara (¿por qué será?), me sentó como una patada en los cojones. “Hija de puta”, sí. Esta vez tenía edad para formular aquella estructura gramatical concreta en mi mente.
En el instituto no fue mucho mejor. Estudié en Cheste. Un complejo educativo dónde sólo se podía entrar con beca o pagando una buena suma para la matriculación, transporte y comida. Había cuatro institutos, dentro de este complejo, donde se impartía BUP y otras tantas escuelas de FP. En el Edificio A era donde yo estudiaba. Y se le suponía la fama de ser el más duro, pero a la vez de una calidad académica en sus alumnos, intachable.
Cuando aprobé segundo, no lo dudé ni un momento. Yo quería estudiar ciencias. Ciencias puras, para ser exacta. Eso de hincar codos y aprender un montón de datos que, por aquel entonces, me parecían inútiles, no iba conmigo. Pero después de una primera evaluación desastrosa y la intervención en la reunión de profesores, de mi profesora de religión (que estoy segura sólo quería ayudarme) diciendo que yo escribía novelas, toda la plantilla al completo, decidió por unanimidad que yo era definitivamente de letras y no de ciencias.
Esa es otra fecha que tengo marcada en mi memoria. El día que Jesús, mi profesor de química, me dijo delante de toda la clase lo siguiente: hemos llegado a la conclusión que tú deberías estar en letras y no en ciencias.
Cuando traté de defenderme, hablarle de Asimov y tal, que una cosa no quitaba la otra... su argumentación fue: no insistas, es obvio. Sigue sentada junto a Zaida (mi compañera de mesa) que es muy lista y tú eres una torpota.
Claro que era de letras. Supe estructurar en mi mente, a la perfección: Hijo de Puta.
Dije que por mis cojones no podrían conmigo y, aunque lo intentaron con rabia, tuvieron que rendirse ante lo evidente. Y fue que saqué mi mejor nota de todo BUP. Notable.
Pero mi error fue confiarme. Creer que los había derrotado. Y finalmente, al año siguiente, pudieron conmigo. Me vapulearon todo lo que quisieron y más y yo… no pude defenderme. Acudí a septiembre con seis asignaturas, aunque yo seguía aún convencida de que podría aprobarlas todas. Cuando me dieron los resultados, aún seguía con cuatro suspendidas.
Por aquel entonces se podía repetir COU con tres asignaturas. Así que traté de que al menos me aprobaran una para no tener que repetir un curso entero. Así que fui primero a ver a mi profesor de químicas. Tenía un cuatro y medio en el examen, con lo que no debía ser tan difícil aprobarme. Su respuesta fue para enmarcarla:
“Felicidad, yo no puedo aprobarte. Porque si yo te apruebo, te aprobarán los demás profesores. Irás al selectivo. Lo aprobarás. Entrarás a la universidad. Lo suspenderás todo. Tendrás un fracaso universitario. Te dejarás la universidad… y yo no quiero ser responsable de eso”.
Mientras recogía mi mandíbula del suelo me di cuenta de dos cosas: Una- Que había dicho que los demás profesores me aprobarían si él lo hacía. Es decir, que habían pactado no aprobarme.
Dos- Que era sencillamente un Hijo de Puta con todas las letras a las que tanto se emperraba en mandarme y que o dejaba de cogerme por el brazo o le vomitaría encima del asco.
Aún así. Seguí con mi empeño por que al menos me aprobaran una. Por eso fui a ver a mi profesor de filosofía. Cuando me lo encontré de cara, me di cuenta que el tipo no sabía muy bien adónde mirar. La conversación con él fue también muy entretenida:
—Vengo a ver mi examen. —Es que… no lo he traído. —¿Cómo que no lo ha traído? Pero si hoy era el día de revisión de examen. —Ya, pero… —replicó algo intranquilo— es que no creí que viniera nadie. —¿Cómo? —dije incrédula aunque me rehice rápido—. Bueno da igual. Sabe quien soy, así que, dígame. ¿Qué hice mal? ¿En qué fallé? ¿En el fondo, en la forma..? —En el fondo, en la forma… sí. Eso es. —Ya veo. Mire déjelo.
Y conforme salí de allí, rollo Scarlet O’Hara alcé el puño y dije… Que os den por culo, ahí os quedáis. Me crucé al director del centro que también era el profe de francés y me dijo con su espléndida sonrisa: nos vemos el año que viene. Pasó de largo, volví a levantar el puño a lo Scarlet O’Hara y dije: juro por todo lo más sagrado que no volveré a este centro de mierda… a menos que sea para cagarme en vuestros muertos.
En la universidad también me encontré energúmenos del estilo. Pero ya tenía algo de experiencia para torearlos. A excepción de uno, cuya asignatura aprobé… cuando cambiaron al profesor, obviamente. Admito que ese me los puso por corbata y creí que me jodía la carrera después de años estudiando en ella.
La época del estudiante pasó para mí y entré en la otra jungla. El mundo laboral. Pero a veces, mi hermano consigue recordarme aquella época, aquellas barreras inexpugnables. Es siete años más pequeño que yo y entiendo a veces su impotencia frente a situaciones que, como él dice, "me tienen cogidos por los huevos".
¿Lo último de entre todo lo que le ha pasado a mi hermano, que no es muy distinto a lo que me pasó a mí en todas sus etapas? Pues veréis, cuando acabó el instituto decidió que prefería hacer un módulo de FP3 de informática en vez de meterse en la universidad. Al fin y al cabo, tener un título universitario, ya no es sinónimo de encontrar trabajo seguro.
En este centro (no sé si en todos es igual) no puedes cogerte asignaturas del siguiente curso (como sí pasa en la universidad) hasta que no tengas el anterior totalmente aprobado. El año pasado le quedaron dos y este año va sólo a esas. Este año, una de ellas la lleva de sobrao, pero la otra… Bueno, anuncio aquí, públicamente, que la tal Alicia del I.E.S. Ausiàs March y que imparte la asignatura de Programación de primer curso, aparte de sorda es, para mi gusto, una grandísima (nótese que añado un vocablo a la siguiente estructura gramatical, por eso de que por edad ya me corresponde algo más complejo) hija de puta.
Hace dos semanas, con toda su buena voluntad, le dijo a mi hermano que a él no lo veía como Programador, sencillamente porque, por su carácter, no lo veía atendiendo a alguien por teléfono. Que alguien me lo explique, por favor.
No escucha a mi hermano cuando le explica cómo ha hecho este programa o este otro. Y estoy segura de que no es porque sea sorda, sino porque ya ha emitido su sentencia. Mi hermano crea una secuencia lógica, la tipa le pregunta “ah, ¿pero eso funciona?”, mi hermano compila y le dice “compruébelo usted misma”. Y funciona. Mi hermano va a una revisión de examen y le dice “explíqueme por qué me dice que esto está mal. Si lo compilo, funciona”. Ella sin mirarle, le dice, “está mal”.
Lo peor de todo no es eso. Mi hermano acaba de enterarse que no dejan a los alumnos estar más de tres años matriculados en el centro. Este es su segundo año. Si la tipa le hace repetir esa asignatura, sólo puede optar a tener un curso limpio en ese centro. Pero hay algo peor todavía. Me ha dicho que no va a permitir que le pase como a su compañero Pedro. Estuvo tres años matriculado en ese centro. Dos de ellos llevando sólo esa asignatura. Agotó todas las convocatorias y la tipa lo suspendió con un 2. Ese chico ya no puede tratar de sacarse ese módulo. Como el que se pasa cinco años estudiando una carrera y por culpa de una asignatura que no aprueba, no sólo no se saca la carrera, sino que ya no podrá intentarlo nunca más. Obviamente, el tal Pedro, acabó tan hasta los cojones, que se ha dejado los estudios.
Una mujer. Una sola mujer, sorda, que no lo admite, que no sabe dar clases, que se cree Dios, rige en ese centro el destino de aquellos que caen bajo sus dominios. Es triste, claro, pero lo peor es que se permite. ¿Por qué? Porque la gente tiene miedo a quejarse. Porque esa tipa está fija en el centro, ha aposentado su trasero en su asiento de profesora, y ya nadie se atreve a toserle.
Se tolera, maldita sea. ¿Por qué coño se tolera que una sola persona pueda decidir la vida de alguien sólo porque piensa que aún siendo un tío un programador de puta madre, no sabría atender a un cliente por teléfono? “Deberías estudiar administrativo”, le dijo con toda naturalidad a mi hermano. Y mi hermano, que sí estudió letras durante mucho tiempo, estructuró en su mente la siguiente exclamación con el puño levantado a lo Scarlet O’Hara: “vete a la mierda grandísima sorda hija de puta”.
Me jode. Me jode no poder hacer nada. Me jode no poder ir a verla y con toda frialdad decirle: el problema de creerse Dios, es que un día despertarás, con las sábanas húmedas, las retirarás y verás la cabeza de tu mascota winki, que es la única que te soporta, empapada en sangre. ¿Capici? Nadie se mete con la familia.
Eso es lo que me gustaría decirle. Aunque si bien es cierto, preferiría ir acompañada de un abogado, un experto informático, el director del centro delante y decirle simplemente: y ahora, ¿hágame el favor de repetirme eso de que mi hermano no va a aprobar su asignatura porque usted ha decidido que no sabría hablar con un cliente por teléfono?
No sé qué hacer. Quiero ayudar a mi hermano. Animarle, pero no puedo darle falsas esperanzas, ni tampoco puedo decirle “cariño, es el sino de esta familia”. Sencillamente, porque no me da la gana. Nadie debería tener la potestad ni el derecho a tener en sus manos el destino de nadie, saberlo, y dedicarse a juguetear con él antes de aplastarlo. Nadie. Y menos un profesor cuya labor es enseñar, no sentenciar. Eso lo hacen los jueces. Y por eso se les paga.
Ojalá le salga todo bien y pueda darle una lección a esa mujer y, sobre todo, espero que no se rebaje a su nivel. Y más aún espero que algún día pueda ir a aquellos que le subestimaron y restregarles su expediente académico, su título universitario o simplemente su nómina. Algo que yo debería hacer a aquellos que trataron de decidir por mí mi futuro. Pues señores, soy lo que he querido ser y no gracias a su ayuda y su fe en mí, precisamente.
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