| Profiel van KundalahARRÓPAME EN TU OSCURIDADFoto'sWeblogLijsten | Help |
|
|
28 april Aniversario... feliz, ¿no?Hoy hace un año de la creación de este blog. Y lo celebro con 24.796 visitas (en el momento justo de esta publicación). Es una pena. Me hubiera gustado llegar a las 25.000, pero tampoco puedo quejarme. Últimamente no es que actualice demasiado.
La primera vez que oí hablar de “blog”, fue justo cuando me dio por volver al mundo voleivolero. Escribí una especie de monólogo al más puro estilo Club de la Comedia y lo envié como mail a un montón de amigos. La respuesta a dicho mail tuvo tanto éxito, que no pude resistir la tentación de redactar una segunda parte que, para mi sorpresa, tuvo más éxito aún que la primera. Entonces Eleder (con quien por aquel entonces mantenía correspondencia) me comentó que por qué no abría un blog y me dio la dirección de varios para que viera lo que era.
La idea no me atrajo mucho al principio. Sobretodo teniendo en cuenta que en aquellas fechas mi acceso a internet era muy limitado. Pero claro, aquello sólo sería temporal. Una vez que pude navegar por la red con mayor periodicidad y descubrí el maravilloso mundo del msn (del que al principio era un poco escéptica), descubrí algo nuevo y tentador. Todo el mundo tenía blog, más o menos. Entraba de tanto en tanto aquí y allá y, muchas veces, pensé que yo podría hacerlo mejor de lo que llevaba visto hasta entonces. Poco después, Tamara me pasó la dirección de su segundo blog y, para mi asombro, vi lo fácil que era construirse uno por msn. Y cuando estimé oportuno que más o menos lo tenía decente, avisé a mis amigotes de su creación.
Ha habido evolución, por supuesto. No sé muy bien si para bien o para mal. Pero sí que es evidente que mis primeras entradas, tanto por su tono como por su contenido, distan de ser lo que ahora son. Antes me centraba mucho en la ironía y el sarcasmo. Abusaba de aquello que tan alegremente llamaba “trivializar”. Y salvo contadas excepciones, la intención en ellos no era más que hacer reír a mis lectores. Mis amigos.
Cierto es que ahora me centro más en escribir en plan casi pedantillo y a modo de artículo. De hecho parece que de un tiempo a esta parte no hago más que quejarme. Como si mis palabras fueran a servir de algo. No sé. Por poner un ejemplo… Salvar al mundo. Y de tanto en tanto, algún pinito literario… Como si eso también fuera a llevarme a alguna parte. ¿El cambio ha sido bueno, malo? No lo sé. Eso os toca a vosotros juzgarlo. Sé que hay gente (o por lo menos eso me han dicho y prefiero ser ilusa y creérmelo) que entra de forma asidua con la esperanza de que haya posteado algo nuevo. La pregunta es: ¿es porque esperan encontrar ese sarcasmo y esa ironía de la que antes hacía alarde o porque realmente esperan leerme despotricar de algo, como es el caso de las últimas entradas? Y ya, la pregunta más importante o las más importantes: ¿os he decepcionado? Y ¿sirve de algo lo que yo posteo?
Obviamente no espero que cuando alguien lea alguno de mis posts, piense de repente “ya sé kung fu” o diga “mi tercer ojo (no seáis malpensados y cochinos, que nos conocemos) se ha abierto gracias a ti. Ahora veo el mundo de otra manera”. Pero sí me interesa el hecho de que no se me lea por costumbre (porque sé que me leen muchos amigotes y lo sé porque luego les paso el test de fidelidad), sino por interés o curiosidad; aunque no estéis de acuerdo con lo que digo. Vamos, que si sigo posteando o dejo mis quejas y paranoias para la intimidad y sólo para aquellos que me soporten.
Mmm… Espero que no sea esto último o me jodéis viva. Que una tiene su orgullo. Ya sabéis. Me sobra tanto que de tanto en tanto me tengo que pasar por el rastro por si alguien quiere comprarme un poco.
Digamos que, bueno, estoy dentro del mercado de la oferta y la demanda. Y si antes todo el mundo tenía un blog, ahora hay hasta blogs de blogs. Hay un gran abanico de posibilidades. Sólo tenéis que ver los links que tengo en esta misma página para comprobarlo y sólo es lo que visito con frecuencia… porque aún hay más.
Para mí, mantener esta página requiere un esfuerzo. Llegar a casa, hecha polvo del trabajo, ponerme delante del portátil, después de horas y horas delante de un ordenador, escribir, guardar en el USB, repasar (si estoy de humor) y al día siguiente postear. Y es ahora, después de un año, que una se hace preguntas. ¿Qué es lo que hace diferente mi blog respecto a otros para que la gente siga visitándolo? ¿Significa eso que el esfuerzo realmente merece la pena?
Os pediría opinión y vosotros me la daríais por Messenger como hacéis siempre. Como si no os conociera. Pero… ¿cambiaría eso algo? Bueno, tal vez mi actitud, mi forma de plantear las cosas, si retomar las raíces o no… Aunque, no voy a amenazar con cerrar el blog para que vengáis a decirme que no y así yo sentirme superchachi de la muerte, importante, la caña de España, el azote del rock. No. El blog lo actualizo porque quiero. Porque es mi juguetito. Porque recibo buenas recompensas, porque gracias a él (o a través de él, mejor dicho) he conocido a gente maravillosa como Yokana, por ejemplo.
Así que no pienso lloriquear lamentaciones. Quiero vuestras opiniones, claro. Por Messenger, por mail, por medio del blog… No me importa. Seré una ilusa, pero, por una vez, siento que lo que escribo no cae en saco roto.
Interese o no a alguien lo que digo, Arrópame en tu Oscuridad, seguirá por aquí durante un tiempo. Haré mudanza un día, claro. Eso de que Mocochof tenga derecho sobre lo que “publico” aquí, incluso con potestad para sacar pasta de ello y yo sin poder quejarme… o que no todo el mundo sea libre para dejarme un comentario… Me toca los huevines. Francamente.
Pues eso. Hoy hace un año que arrancó este blog. Algunos lo han visto crecer desde su más tierna infancia. Hacia dónde me ha llevado, hacia dónde lo he encarrilado… eso es algo que, al menos de momento, os toca a vosotros juzgar.
Muchas gracias por vuestro interés y vuestra fidelidad. Nos seguiremos leyendo. Seguiré actualizando.
29 maart Mi Futuro es mío y me lo F@### cuando quieroLa historia se repite. La maldita historia se repite. Persigue a mi familia (mi padre, mi madre, mi hermano y yo) como si de una maldición se tratase.
La pasada noche mi hermano vino hasta mi cuarto y por fin me explicó lo que llevaba semanas carcomiéndole por dentro. Mi sensación de impotencia fue brutal. ¿Por qué siempre nos pasa lo mismo? ¿Por qué a lo largo de nuestra vida encontramos a alguien que se erige con el derecho sumo de decidir nuestro futuro? Y sobre todo, ¿por qué siempre son una panda de reprimidos con ganas de joder a los demás?
En mi caso, en cada paso que daba en la enseñanza, había alguien dispuesto a… “hacerme cambiar de opinión”, si es que esa es la expresión correcta. Al fin y al cabo, acababa siendo una imposición.
Ya a los cuatro años fui consciente de ello y desde ese mismo día, que aún recuerdo como si fuera hoy, decidí que nadie volvería a decirme qué hacer.
En aquella ocasión fue una tontería, aunque marcó mi carácter para siempre. Estaba en parvulitos y la profesora nos dio a elegir para dibujar entre una mariposa y una flor. Yo elegí la mariposa y cada vez que le enseñaba el resultado me decía que la repitiera, que no estaba bien. La repetí unas siete veces y las siete veces me dijo que no estaba bien. Me hinchó tanto las narices, que cogí con furia el papel y la cera… y dibujé a mala baba una patética flor, que no me gustaba, que no estaba bien hecha… y cuando se la enseñé, me dijo: Muy bien Felicidad, una flor muy bonita. Yo flipé en colorines amarillos, pero si la profe decía que bien, pues es que estaba bien. Aunque en mi mente seguía dándole vueltas a la cabeza. “Mi mariposa sí que estaba bien”.
Fueron llegando los padres y la profesora les fue enseñando el trabajo de sus hijos. Pululaba yo por ahí, cuando la profesora le enseñaba a una mamá el dibujo de su niño, Oscar, me acuerdo bien. Una mierda de dibujo. Entonces mi profe, con toda la naturalidad del mundo señaló a la mamá de Oscar mi flor y le dijo “mire que birria de flor” y juntas se rieron alegremente. Por aquel entonces yo no decía cosas como “hija de puta”, pero os puedo asegurar que lo que pensé no se alejó demasiado de esa idea.
Los años fueron pasando, pero aquella idea no se fue de mi cabeza. No obstante, muchos tratarían de hacerme ver que, en realidad, era mejor para mí.
Poco después de finalizar el primer año en el instituto vi en la estación de trenes un día a la psicóloga que había en mi colegio. Mu maja ella. La conocí el año que entré como delegada de alumnos y empecé a acudir a aquellas reuniones tediosas. Un día, recuerdo que le firmé un papel que necesitaba ella para el ayuntamiento con la firma de al menos un representante de alumnos. Cuando se lo dije a mi madre al llegar a casa que la había visto, me dijo: no quería decírtelo hasta ahora, pero ya que veo que has aprobado primero de BUP sin problemas te voy a decir lo que esa mujer nos dijo en una reunión que concertó con nosotros sin decirte a ti nada. Me dijo que tú nunca deberías hacer BUP. Tú tenías que entrar en FP.
Para los que no lo sepan, en mi época, la diferencia entre BUP y FP se consideraba abismal. Es decir, que los listos iban a BUP y los no tan listos iban a FP. Como supondréis, lo que me dijo mi madre sobre aquella psicóloga tan maja que no fue capaz de decirme a mí aquello en la cara (¿por qué será?), me sentó como una patada en los cojones. “Hija de puta”, sí. Esta vez tenía edad para formular aquella estructura gramatical concreta en mi mente.
En el instituto no fue mucho mejor. Estudié en Cheste. Un complejo educativo dónde sólo se podía entrar con beca o pagando una buena suma para la matriculación, transporte y comida. Había cuatro institutos, dentro de este complejo, donde se impartía BUP y otras tantas escuelas de FP. En el Edificio A era donde yo estudiaba. Y se le suponía la fama de ser el más duro, pero a la vez de una calidad académica en sus alumnos, intachable.
Cuando aprobé segundo, no lo dudé ni un momento. Yo quería estudiar ciencias. Ciencias puras, para ser exacta. Eso de hincar codos y aprender un montón de datos que, por aquel entonces, me parecían inútiles, no iba conmigo. Pero después de una primera evaluación desastrosa y la intervención en la reunión de profesores, de mi profesora de religión (que estoy segura sólo quería ayudarme) diciendo que yo escribía novelas, toda la plantilla al completo, decidió por unanimidad que yo era definitivamente de letras y no de ciencias.
Esa es otra fecha que tengo marcada en mi memoria. El día que Jesús, mi profesor de química, me dijo delante de toda la clase lo siguiente: hemos llegado a la conclusión que tú deberías estar en letras y no en ciencias.
Cuando traté de defenderme, hablarle de Asimov y tal, que una cosa no quitaba la otra... su argumentación fue: no insistas, es obvio. Sigue sentada junto a Zaida (mi compañera de mesa) que es muy lista y tú eres una torpota.
Claro que era de letras. Supe estructurar en mi mente, a la perfección: Hijo de Puta.
Dije que por mis cojones no podrían conmigo y, aunque lo intentaron con rabia, tuvieron que rendirse ante lo evidente. Y fue que saqué mi mejor nota de todo BUP. Notable.
Pero mi error fue confiarme. Creer que los había derrotado. Y finalmente, al año siguiente, pudieron conmigo. Me vapulearon todo lo que quisieron y más y yo… no pude defenderme. Acudí a septiembre con seis asignaturas, aunque yo seguía aún convencida de que podría aprobarlas todas. Cuando me dieron los resultados, aún seguía con cuatro suspendidas.
Por aquel entonces se podía repetir COU con tres asignaturas. Así que traté de que al menos me aprobaran una para no tener que repetir un curso entero. Así que fui primero a ver a mi profesor de químicas. Tenía un cuatro y medio en el examen, con lo que no debía ser tan difícil aprobarme. Su respuesta fue para enmarcarla:
“Felicidad, yo no puedo aprobarte. Porque si yo te apruebo, te aprobarán los demás profesores. Irás al selectivo. Lo aprobarás. Entrarás a la universidad. Lo suspenderás todo. Tendrás un fracaso universitario. Te dejarás la universidad… y yo no quiero ser responsable de eso”.
Mientras recogía mi mandíbula del suelo me di cuenta de dos cosas: Una- Que había dicho que los demás profesores me aprobarían si él lo hacía. Es decir, que habían pactado no aprobarme.
Dos- Que era sencillamente un Hijo de Puta con todas las letras a las que tanto se emperraba en mandarme y que o dejaba de cogerme por el brazo o le vomitaría encima del asco.
Aún así. Seguí con mi empeño por que al menos me aprobaran una. Por eso fui a ver a mi profesor de filosofía. Cuando me lo encontré de cara, me di cuenta que el tipo no sabía muy bien adónde mirar. La conversación con él fue también muy entretenida:
—Vengo a ver mi examen. —Es que… no lo he traído. —¿Cómo que no lo ha traído? Pero si hoy era el día de revisión de examen. —Ya, pero… —replicó algo intranquilo— es que no creí que viniera nadie. —¿Cómo? —dije incrédula aunque me rehice rápido—. Bueno da igual. Sabe quien soy, así que, dígame. ¿Qué hice mal? ¿En qué fallé? ¿En el fondo, en la forma..? —En el fondo, en la forma… sí. Eso es. —Ya veo. Mire déjelo.
Y conforme salí de allí, rollo Scarlet O’Hara alcé el puño y dije… Que os den por culo, ahí os quedáis. Me crucé al director del centro que también era el profe de francés y me dijo con su espléndida sonrisa: nos vemos el año que viene. Pasó de largo, volví a levantar el puño a lo Scarlet O’Hara y dije: juro por todo lo más sagrado que no volveré a este centro de mierda… a menos que sea para cagarme en vuestros muertos.
En la universidad también me encontré energúmenos del estilo. Pero ya tenía algo de experiencia para torearlos. A excepción de uno, cuya asignatura aprobé… cuando cambiaron al profesor, obviamente. Admito que ese me los puso por corbata y creí que me jodía la carrera después de años estudiando en ella.
La época del estudiante pasó para mí y entré en la otra jungla. El mundo laboral. Pero a veces, mi hermano consigue recordarme aquella época, aquellas barreras inexpugnables. Es siete años más pequeño que yo y entiendo a veces su impotencia frente a situaciones que, como él dice, "me tienen cogidos por los huevos".
¿Lo último de entre todo lo que le ha pasado a mi hermano, que no es muy distinto a lo que me pasó a mí en todas sus etapas? Pues veréis, cuando acabó el instituto decidió que prefería hacer un módulo de FP3 de informática en vez de meterse en la universidad. Al fin y al cabo, tener un título universitario, ya no es sinónimo de encontrar trabajo seguro.
En este centro (no sé si en todos es igual) no puedes cogerte asignaturas del siguiente curso (como sí pasa en la universidad) hasta que no tengas el anterior totalmente aprobado. El año pasado le quedaron dos y este año va sólo a esas. Este año, una de ellas la lleva de sobrao, pero la otra… Bueno, anuncio aquí, públicamente, que la tal Alicia del I.E.S. Ausiàs March y que imparte la asignatura de Programación de primer curso, aparte de sorda es, para mi gusto, una grandísima (nótese que añado un vocablo a la siguiente estructura gramatical, por eso de que por edad ya me corresponde algo más complejo) hija de puta.
Hace dos semanas, con toda su buena voluntad, le dijo a mi hermano que a él no lo veía como Programador, sencillamente porque, por su carácter, no lo veía atendiendo a alguien por teléfono. Que alguien me lo explique, por favor.
No escucha a mi hermano cuando le explica cómo ha hecho este programa o este otro. Y estoy segura de que no es porque sea sorda, sino porque ya ha emitido su sentencia. Mi hermano crea una secuencia lógica, la tipa le pregunta “ah, ¿pero eso funciona?”, mi hermano compila y le dice “compruébelo usted misma”. Y funciona. Mi hermano va a una revisión de examen y le dice “explíqueme por qué me dice que esto está mal. Si lo compilo, funciona”. Ella sin mirarle, le dice, “está mal”.
Lo peor de todo no es eso. Mi hermano acaba de enterarse que no dejan a los alumnos estar más de tres años matriculados en el centro. Este es su segundo año. Si la tipa le hace repetir esa asignatura, sólo puede optar a tener un curso limpio en ese centro. Pero hay algo peor todavía. Me ha dicho que no va a permitir que le pase como a su compañero Pedro. Estuvo tres años matriculado en ese centro. Dos de ellos llevando sólo esa asignatura. Agotó todas las convocatorias y la tipa lo suspendió con un 2. Ese chico ya no puede tratar de sacarse ese módulo. Como el que se pasa cinco años estudiando una carrera y por culpa de una asignatura que no aprueba, no sólo no se saca la carrera, sino que ya no podrá intentarlo nunca más. Obviamente, el tal Pedro, acabó tan hasta los cojones, que se ha dejado los estudios.
Una mujer. Una sola mujer, sorda, que no lo admite, que no sabe dar clases, que se cree Dios, rige en ese centro el destino de aquellos que caen bajo sus dominios. Es triste, claro, pero lo peor es que se permite. ¿Por qué? Porque la gente tiene miedo a quejarse. Porque esa tipa está fija en el centro, ha aposentado su trasero en su asiento de profesora, y ya nadie se atreve a toserle.
Se tolera, maldita sea. ¿Por qué coño se tolera que una sola persona pueda decidir la vida de alguien sólo porque piensa que aún siendo un tío un programador de puta madre, no sabría atender a un cliente por teléfono? “Deberías estudiar administrativo”, le dijo con toda naturalidad a mi hermano. Y mi hermano, que sí estudió letras durante mucho tiempo, estructuró en su mente la siguiente exclamación con el puño levantado a lo Scarlet O’Hara: “vete a la mierda grandísima sorda hija de puta”.
Me jode. Me jode no poder hacer nada. Me jode no poder ir a verla y con toda frialdad decirle: el problema de creerse Dios, es que un día despertarás, con las sábanas húmedas, las retirarás y verás la cabeza de tu mascota winki, que es la única que te soporta, empapada en sangre. ¿Capici? Nadie se mete con la familia.
Eso es lo que me gustaría decirle. Aunque si bien es cierto, preferiría ir acompañada de un abogado, un experto informático, el director del centro delante y decirle simplemente: y ahora, ¿hágame el favor de repetirme eso de que mi hermano no va a aprobar su asignatura porque usted ha decidido que no sabría hablar con un cliente por teléfono?
No sé qué hacer. Quiero ayudar a mi hermano. Animarle, pero no puedo darle falsas esperanzas, ni tampoco puedo decirle “cariño, es el sino de esta familia”. Sencillamente, porque no me da la gana. Nadie debería tener la potestad ni el derecho a tener en sus manos el destino de nadie, saberlo, y dedicarse a juguetear con él antes de aplastarlo. Nadie. Y menos un profesor cuya labor es enseñar, no sentenciar. Eso lo hacen los jueces. Y por eso se les paga.
Ojalá le salga todo bien y pueda darle una lección a esa mujer y, sobre todo, espero que no se rebaje a su nivel. Y más aún espero que algún día pueda ir a aquellos que le subestimaron y restregarles su expediente académico, su título universitario o simplemente su nómina. Algo que yo debería hacer a aquellos que trataron de decidir por mí mi futuro. Pues señores, soy lo que he querido ser y no gracias a su ayuda y su fe en mí, precisamente.
04 november Compro TiempoSe podría definir el tiempo como el irremisible transcurrir de los segundos alineados en filas de sesenta y formando batallones de horas. Yo lo defino como aquello de lo que no dispongo... para variar. No sé estarme quieta, no sé decir que no y, lo que es peor, el problema es que me muero por hacer cosas y no concibo mi vida monótona y aburrida. Soy como el Dragón que le gusta revolucionar el cielo y el infierno sólo porque es más divertido que mantenerse impertérrito, en la inopia, más como costumbre que como una trampa mortal.
Sé que no debería quejarme. Estoy en esta situación porque lo quiero y lo deseo. No puedo escudarme en el hecho de que trabajo todos los días, llego cansada a casa para adelantar faena y los fines de semana me dedico a visitar a los amigos que tengo distribuidos por toda España. No. No puedo siquiera quejarme porque después de varios fines de semana de viaje, me quede en Valencia y mis amigos me exijan al menos un hueco de una hora en lo que ellos llaman mi apretada agenda para que al menos recuerden cómo es mi cara. No. No puedo, porque yo sin ellos no soy nada. No puedo porque quiero estar con ellos. Pero también es cierto que, de seguir así, aquella frase que dije hace unos meses se hará realidad: "Descansaré cuando me muera" ... si es que el de arriba o el de abajo me deja.
Pensemos por ejemplo en este fin de semana. Este MI fin de semana en Valencia después de mucho:
Quiero quedar con Vanessa, Tamara, Gus, Lorena, mi tía Julia, con Tente (aunque como que lo retrasamos para el próximo milenio, no?), quiero acabar los dos relatos que tengo con Jose Vicente y con Ana, meterle mano al desarrollo del trasfondo del próximo rev porque si no, alguien que yo me sé me mata, hacer el artículo para Sergio, pillar a Lucifer por banda y pegarle un buen repaso por dentro que desde que me lo compré aún no lo he hecho -asín de gorrina soy-, quiero ir esta noche a la cena de frikis en el Ademuz y luego ir al cine a ver La Novia Cadáver, quiero hacer el siguiente capítulo de La Cara Oculta para que otras tantas personas tampoco decidan ejecutarme, pasar los dos primeros capítulos del tercer libro de Crow -de formato papel a digital- para poder subirlo completo al grupo de correo y seguir conservando mi vida, respirar, ver de una vez la película Cronos que desde que compré el DVD la carátula ya me mira con mala cara, dormir, sobrevivir y no deprimirme pensando que el lunes no es fiesta.
Obviamente, me podría dejar cosas para la semana que viene, pero es que para la próxima quiero ponerme al día en la lista del Taller 7 y en la de Moderadores de éste, quiero escribir las narraciones de los próximos movimientos de Irka (mi pj en Fantasy) antes de que los másters se la carguen definitivamente, ultimar detalles de los relatos que tengo como deberes en el taller, llevar a Lucifer al mecánico, repasar el cuarto de Crow y subirlo también al grupo de correo, intentar grabar al fin la canción de Mañana que compuse hace tiempo y que canté junto a Tamara en la I Mereth Edumbariana y que ya me están pidiendo y, si es posible ensayar y grabar también la que compuse para Crónicas de Excalibur titulada El Ocaso de la Valkiria, dormir, respirar, buscar dónde hacen fartones artesanos cerca de mi casa para poder llevárselos a mi amigo César porque el próximo fin de semana me voy a Madrid a ver a mis amigos frikis y siempre digo de llevar y nunca llevo y, por último, mirar junto a Vanessa a ver si finalmente el finde del 18 al 20 de Noviembre nos podemos ir a Londres a la convención esta de frikis de Firefly. Además, supongo que tendré que quedar con Pepe para mirar la faena que haya adelantado de Atlantis, corroborarle que lo del Fanzine mejor lo dejamos para más adelante... y bueno, seguro que se cuela algo más.
Lo dicho. No puedo quejarme puesto que lo hago porque quiero hacerlo y porque en su momento me comprometí a hacerlo. Eso sí, como reza el título de esta entrada ¿a alguien le sobra un poco de tiempo? Porque yo se lo compro. 27 juni Desde el InfiernoDesde hace unas semanas mi tiempo es tan valioso como escaso. Si a eso le añadimos mi problema de insomnio que arrastro desde hace meses, mis incómodas visitas en forma de ardores estomacales, mi cansancio físico y mental acuciado por los nervios del rev que organizo en julio y las continuas confirmaciones de las Leyes de Murphy, se podría decir que mi tiempo, sencillamente, no existe. Sólo es un deseo que a la larga me trae más asuntos por resolver. Porque ¿para qué engañarme? Cuanto más tiempo libre tuviera, de más trabajo podría llenarlo. Y como ya he dicho, no es que Murphy me ponga las cosas fáciles. "Si algo puede salir mal, seguro que sale mal". Sencillamente le odio y estoy convencida de que mi ordenador le adora. Que ¿tengo que hacer el trasfondo de un personaje para enviarlo al día siguiente? Se me jode la disquetera y no tengo cd's para grabar un archivo de 32k de mierda. Que ¿le prometí a mis jugadores que para el día siguiente tendrían su historia hecha? Cada 30 minutos se sobrecalienta la placa base y trata de reiniciarse -obviamente sin yo haber guardado previamente ya que no me dice "oye, ente orgánico, que me estoy recalentando, voy a apagarme un ratito, vale?"- y como mi pc es tan especial que no puede encenderse sin desenchufar el teclado y el ratón, pues un trabajo de 2 horas me cuesta cuatro de media y acabo a la una de la mañana balanceándome en la silla en plan catatónico y murmurando "dios mío no grabé, no grabé, ¿grabé, grabará, se habrá grabado? ¡grabemos todos juntos! Hare-hare, hare krishna haaareeee..." El estado de ansiedad que esto me provoca, de verdad, es difícil de explicar. Sobretodo porque se me junta con la impotencia. La impotencia de no poder atender a mis amigos, albergando en mí la duda de si los estaré decepcionando. Ya sé que la mayoría está acostumbradísimo a mi poca accesibilidad, pero me jode no poder estar con ellos cuando me necesitan u olvidarme de hacer una simple llamada porque mi cabeza ya no da para más. Hasta he llegado a ser una víbora frívola que piensa que no puede mantener su harén. Me explico: En la cultura árabe, el poder de un hombre se mide por la envergadura de su harén, ya que por todos es sabido que el jeque debe cuidar de todas y cada una de sus mujeres, añadiendo además a sus hijos. Pues así es como lo he llegado a pensar. Que no soy un buen jeque porque no soy capaz de "hacerme cargo" de aquellos que me han brindado su amistad. Así que no debo merecer un grupo de amigos tan grande. Lo siento, lo intento, pero no puedo. Sólo puedo implorar vuestra paciencia. A partir del 17 de julio prometo estar al cien por cien. Bueno, puede que algo menos, porque también quiero acabar todos los libros que tengo pendientes. El motivo de este post es para deciros que, por favor, seáis pacientes. Ni si quiera soy capaz de mantener este blog al día, pero tampoco puedo poner un cartel de "cerrado por vacaciones", aunque siento que las necesito desesperadamente. Para algunos el fin de semana es el reposo, desconectar... para mí es levantarme igualmente a las 7 de la mañana como cualquier otro día para hacer cosas. La mayoría de las cuales se van al traste porque mi maldito ordenador es un devoto servidor de Murphy. 31 mei El Príncipe de BeckelarEstoy hasta las narices. ¿Alguien podría explicarme por qué demonios en cualquier reunión social en la que se produce un reencuentro -sobretodo si es familiar- lo primero que te preguntan es por si tienes pareja? En mi caso, cuando me lo preguntan, sencillamente respondo “Yo de esas cosas no uso”. “Ah, pues ya vas teniendo edad –te replican en el mejor de los casos”. ¿Edad para qué? ¿Para follar con el consentimiento de los demás? Porque en mi caso, ¿qué puede representar que yo tenga pareja, a parte de un milagro obviamente?
Recuerdo cierto día en una boda. Se me acercaron las típicas tías sesentonas que, supuestamente, son por parte de tu familia (y digo supuestamente porque yo aún sigo dudando) y me preguntaron ¿tienes novio? Pues no, respondí rápidamente con una sonrisa estúpida en la cara. “Ah ¿sí? –contestó la más sorda de las dos–. Pues eso está muy bien, que una a cierta edad tiene que pensar en casarse y esas cosas”. No, no, oiga, que le he dicho que no. “Ah, que no. Pues mejor. Así es como mejor se está”. Vuelves a sonreír como una estúpida, cortésmente eso sí, sueltas un simple “ya” y piensas, pero vamos a ver buena mujer, ¿en qué quedamos? ¿Que es mejor o que es peor? Y luego caes en la cuenta… ¿quiénes me habían dicho que eran estas dos? ¿Qué cojones les importa mi vida privada? Porque no lo dudéis, aunque apenas te conocen luego irán por ahí cuchichenado entre ellas “uy, pobrecita; se le va a pasar el arroz”. No señora, yo uso Brillante (como suele decirme mi tía Julia).
Que yo llegue a tener pareja es toda una odisea. Me muevo entre el baremo de las asaltacunas y las destrozahogares y del resultado obtenido siempre en ambos casos mejor no hablar. Y lo peor es que en ninguna de esas situaciones yo andaba buscando pareja. ¿Pareja pa qué? ¿Pa cagarla? Ya tuve una y gracias, pero no, gracias.
Hace unos cuantos meses hablaba de esto con un… ¿amigo? Me aseguraba que yo había tenido muy mala suerte en realidad y que si podía uno imaginarse su príncipe azul (o princesa rosa) entonces era porque debía de existir. Al fin y al cabo somos millones en este planeta. Hum, déjame pensar. Seguro que el mío es el que hace 1.203.456.701, vive en Madagascar y como se ha cansado de buscarme, está casado y con dos niños de ojos verdes preciosos. Qué mala suerte la mía, no te jode.
No. Para mí el príncipe azul no existe, porque ¿qué es en realidad el príncipe azul (o la princesa rosa) mas que una extensión de nosotros mismos, pero de distinto sexo (en el caso de los heterosexuales claro)? Y a eso ¿cómo lo podríamos llamar en realidad? Masturbación. No. No me rallo. Si leyerais La Guerra de los Señores del Cielo de John Brosnan también me daríais la razón. Soñamos con un igual que, sin abrir la boca, pueda entendernos de lleno, pero sólo nosotros nos conocemos en profundidad. Como yo he llegado a la conclusión recientemente, si en vez de palabras pudiéramos comunicarnos con el pensamiento, otro gallo cantaría.
Así que yo, en vez del príncipe azul me conformo con el de Beckelar, que existe, pero tiene un problema. Él (ellos) nunca quieren nada conmigo. Bueno sí. Sí que quieren algo, pero no les pidas ir sencillamente a tomar un café y hablar porque salen corriendo. Como ya dije en Ese Maldito Sentimiento de Propiedad, su cobardía acuciante les supera. ¡No sea que YO me enamore! Manda cojones los muy creídos.
Este domingo haré 29 años. Creo que soy de esas pocas personas a las que les gusta cumplir años. De hecho, desde hace seis meses que llevo diciendo que tengo 29. Y no, no me preocupa que se me pase el arroz porque, parafraseando una vez más a mi prima Cristina “nunca hay que conformarse con nada”. No pienso volver a cometer el mismo error. Pensar, por ejemplo, que no tengo derecho a elegir. ¡Lo tengo, maldita sea! Y si tengo que esperar otros 30 años lo haré. No tengo prisa. Y no me digáis que quien no busca encuentra. ¡Mentira cochina! Los que son más pequeños que yo me temen porque piensan que los quiero cazar y esclavizar (y ya no podrán salir de fiesta por ahí –como si a mí no me gustara) y los que son más mayores lo que quieren es disfrutar de la vida que han conseguido, en la que tienen pasta y pueden hacer lo que les rote, por lo que también me temen, ya que tengo una edad que, claro, se me pasa el arroz. …Manda huevos. Pero bueno, ellos se lo pierden. Yo estoy muyyyy bien ahora como estoy sin tener que dar explicaciones a nadie. 30 mei Recordando Viejos Tiempos (2ª Parte)Este fue el segundo mail que mandé y tras el cuál oí por primera vez eso del blog y me picó muchísimo la curiosidad. Prometo es el último refrito del que echo mano, jeje. Ahí va:
Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. No obstante, a petición popular (gracias por esos mails de ánimo), relato a continuación la segunda parte de esta historia. La tercera es muy obvia: me convierto en la supervoleybolera de antaño, me jodo los pulgares, el hombro,la espalda (y añado esta vez la rodilla, por eso de la edad) y me vuelvo a dejar el voley como hice en su día. Ley de vida, vamos. En cuanto a sta segunda parte, no voy a ser repetitiva. No me gusta y, en realidad, no hace flata porque el protagonista indiscutible de esta historia es, o mejor dicho son: las agujetas. ¡Qué grandes amigas y compañeras de viaje! ¡Qué bromistas las jodías! Son... como ese invitado pesado que ya no sabes cómo echar de tu casa. O esa eterna conversación telefónica que tú no empezaste y ante la que estás 3/4 de hora asintiendo impasible mientras te das de cabezazos contra las paredes al tiempo que piensas ¿por qué yo dios mío? ¿por qué yo? Pues nada, andaba yo tan preocupada el martes por el insoportable dolor de brazos, que olvidé cerrar la puerta de atrás, dejando que poco a poco se fueran colando estas visitantes inesperadas. Empecé a darme cuenta de su intromisión cuando cada dos por tres tenía que bajar las escaleras de mi curro para ir a fábrica. La primera tanda bien... todo en orden. Hop-hop-hop. La segunda... tampoco está tan mal... algo más lento. Hop. Hop. Hop. La tercera... notas esos pequeños pinchazos como calambres... pero no le quieres dar importancia. Hop, ay. Hop, ay. Hop, ay. La cuarta... conforme vas bajando notas que una de las rodillas se dobla sola. Hop, ay, uy! Hop, ay, uy! Pero lo mejor es la quinta, cuando después de bajar te toca subir, obviamente, y de repente te ves de pie, con la mirada puesta en la escalera que ha decidido duplicar su tamaño y tu mente diciendo "sube" y tus piernas diciéndote "y un cojón". Y así te quedas unos segundos agónicos, hasta que llega tu jefe sonriente y mientras sube los peldaños de dos en dos te dice "venga, que sólo es un piso" ¡¡Mientes!! ¡No es un piso sino 16 peldaños! ¡Hay una gran diferencia entre uno y dieciséis! Así que o me pones un ascensor ¡o va a subir UN piso tu padre! Evidentemente esto no lo dices en voz alta, sino que sonríes como una imbécil, pones una mano en la barandilla, la otra en la pared, pones el culo en pompa (no sé porqué) y empiezas a subir. Uy-ay! Uy-ay! Uy-ay! Pero sin duda, el momento cumbre es cuando te levantas (como puedes) para ir al baño. Caminas erguida, como si te hubieran metido un rabo de escoba por el culo, mientras una de las rodillas te flaquea a traición todo el camino y miras a la peña toda indiferente como diciendo ¿qué pasa? se me ha dormido el pie ¿vale? Entras en el baño, ya dejas de disimular... ¡y maldices el día que naciste mujer! Miras el váter... el váter te mira a ti... te resignas, te bajas como puedes los pantalones, apoyas una mano en la pared, la otra en la cisterna y, cuando te das cuenta que bajar lentamente va a resultar un suplicio, simplemente te dejas caer, la taza se tambalea y piensas... a mala hora me bebí 2 litros de agua. Dios, que aguante la taza, ¡que aguante la taza! o a ver cómo disimulo yo cuando ésta se rompa y abran la puerta por el ruido, yo patas parriba y el culo al aire. ¿qué digo? no, es que me he dormido. No obstante, lo mejor es cuando uno de mis jefes me llama y me dice "baja aquí a la máquina". Recorro el árduo camino toda digna y escucho atentamente lo que me tiene que decir. Y... de repente la rodilla se flexiona sin más, te caes hacia abajo y ¡ras! ¡rabo de escoba por el culo! Me pongo más tiesa que una vara y los ojos que parecen que se me van a salir de las órbitas. Y mi jefe que me mira como diciendo ¿esta niña es gilipollas o le han metido un rabo de escoba por el culo? ¡¡Lo segundo!! ¡Ahí le has dao! Estoy bien jodida pero de gilipollas nada, que hice carrera en la universidad... no de gilipollas, claro. Pues así es como he vivido estos dos días antes de mi segundo entrenamiento. Con la compañía de mis amigas las agujetas. Agujetas hasta en el culo, pero eso es buena señal, pues ahora sé que debajo de toda esa capa de grasa chiclosa sigue habiendo músculo, sigue habiendo esperanza. Y ahora a lucir el moreno de mis brazos. Ah, no, que no es moreno... es morado. Recordando Viejos Tiempos (1ª Parte)El otro día, hablando con un amigo por teléfono, recordamos cómo empezó realmente esto del blog para mí. Fue hace tiempo, cuando mi acceso a internet dependía de ciber y de la cantidad de pasta que estaba dispuesta a dejarme en él. Como eso de blog me sonaba a chino, sencillamente hacía un mail y se lo enviaba a un montón de gente conocida. Pues hoy quiero recordarlo con ese primer mail masivo que envié. Muchos lo habrán leído ya en su momento, pero esto es como un "recuerdo para la posteridad". disfrutad de la lectura o recordad esos viejos tiempos conmigo. Ahí va:
La mayoría de gente que va a recibir este mail, lo más probable, es que se pierda la gran parte del contenido intrínseco de esta historia que relato a continuación. No obstante, he querido hacer partícipe a un buen número de personas –tanto amigas como conocidas- de mi regreso al mundillo voleybolero. Puede que muchos incluso ya dejen de leer hasta aquí, pero invito a los curiosos a que sigan leyendo. Creo que más que una oda al regreso, es una oda a la vejez, pero bueno. Así pues, el lunes puse el cuarto patas parriba buscando mis olvidadas zapatillas de deporte y mi viejo chándal de Adidas -que tantas historias podría contar- y fui contenta hacia el pabellón de Alboraia para entrenar con su equipo. Al principio bien. Un par de vueltas por el campo para calentar. Vale, lo aguanto bien... Joder ¿cuántas vueltas hay que dar por el campo? ... ¿Cuándo paramos? Ah, que aún no... pues nada yo aguanto, que para machota no me gana nadie... Cuidado ese es mi hígado, ¿te importaría no pisarlo?, gracias. Bien, esto ya ha dejado de ser divertido; una vuelta más y paramos ¿vale? Nada, que siguen corriendo, pues hala, disimula, aguanta como una campeona... Cuidado con ese charco. ¿Mi sudor? ¡qué va!... ¡Bien! Paran a estirar. Lanzo balón. Con una mano... luego la otra... ¡y empiezo a recibir! Vaya, parece que no lo he olvidado del todo; como montar en bici, ¡pues no soy yo nadie! Y me doy unos golpecitos imaginarios en la espalda a modo de felicitación. ...Uf, mejor no voy a por ese balón que está muy lejos, ¿vale? Uf, empiezan a escocer los brazos, pero he visto todos los capítulos de Oliver y Benji y sé que no hay dolor. Uf-uf, me empieza a pesar el culo. Uf-uf-uf, ¿para que voy a ir a por ese balón si sé que si lo dejo botar vendrá a mí solito? Uf-uf-uf-uf! ¡Brazos a la mierda! Por favor, ¿alguien puede ayudarme a encontrar mis brazos? Creo que aquel ío puta de esférico con destino a la Conchinchilla y de muy mala leche se los ha llevado. ¿Me los puedes recoger? Gracias. Las venas de las manos se me hinchan, empiezan a aparecerme puntos rojos en los antebrazos. Los brazos queman, queman mucho, se podrían freír huevos en ellos, ale, ¡a recibir más! Vas a cenar de frito esta noche.
¡Vamos Felicidad, corre, que te pesa el culo! Vaya, ¿en qué momento te has dado cuenta? ¿cuándo he visto que el parquet estaba demasiado sucio y que en vez de caminar iba a arrastrar mi esplendoroso pandero para fregarlo? ¿O cuando la fuerza de la gravedad ha hecho su papel y me ha hecho caer de culo cada vez que me golpeaba el balón? Mmm... ¡qué perspicaz!
El miércoles a entrenar otra vez. Cuando me volváis a ver no os asustéis. No estaréis viendo a Goro, el tipo ese de cuatro brazos de Mortal Kombat, sino mis brazos morcillones intentando pasar por la puerta, taponada con mi culo gordo. Como siga así, creo que volveré a hacer Nin-Jitsu, que aunque siempre acababa de bruces contra el suelo, era divertido ver como mis compis se desesperaban retorciéndome los brazos sin conseguir nada. ¿Me los devuelves? Gracias. 18 mei Amor de MadreNo hay satisfacción más inconmensurable y a la vez más difícil de explicar para una madre que llegar al hospital Citroën y que la enfermera te diga “Enhorabuena, ha sido niño”. La sensación de recibir finalmente la custodia, arroparlo en tu regazo y mirarle directamente a esos ojillos traviesos y pensar “ha sido larga la espera, pero sin duda ha merecido la pena”, eso, eso, no tiene precio. Aunque el hospital Citroën no piense lo mismo y te sangre con mariconadas de Gastos de Apertura, Inscripción del Nombre, Garantías y demás, que te dejarán empeñada durante al menos cinco años. Pero en esos momentos todos esos trámites burocráticos y financieros dejan de importarte, porque tu niño te está esperando impaciente para que lo lleves a casa. Ves sus cuatro piececitos de 16’, oyes su corazón de 110 caballos, te han asegurado que consume poco y además, viene con un ordenador de abordo bajo el brazo. ¿Quién podría resistirse a semejante ricura? -¿Va a ponerle algún nombre a la criatura? –pregunta con una mueca divertida la enfermera. Lo miras, él te mira a ti, te sonríe, le sonríes como una imbécil, y con la boca rebosante de orgullo le dices a la cotilla: -Lucifer. Lo llamaré Lucifer en honor al color de su piel. La mujer trata de mantener la compostura. Y la mantiene bien, aunque yo sé perfectamente lo que ella estaba pensando en esos momentos: “¿Lucifer? ¿Qué mujer en su sano juicio le pondría Lucifer a su hijo? ¿Por qué no Manchita? ¿O Rojito? Es algo más femenino y menos sugerente. Más apropiado. O simplemente C4 como los demás niños de su clase. Lucifer, Lucifer…”. Pero claramente, a mí, lo que ella pensase me la repamplinflaba. Su hermano mayor se llama Mi Chico Inferno –por todos los problemas que dio al nacer… y después de nacer también, para qué engañarnos-, así que Lucifer sí que sería apropiado para arroparlo como uno más de la familia. …Lucifer. Aún se me llena la boca pronunciando su nombre. Pero el problema de Lucifer es que desde el principio siempre fue un niño precoz. A los dos días ya le salía su primer diente. Le dolió a él y me dolió a mí. Pero más aún me dolió al día siguiente al comprobar estupefacta cómo le salía otro, en el mismo sitio. Aún puedo sentirlo como si me hubiera pasado a mí. Ver su moflete blanco por pegarse demasiado al pilar de su cuna. Tanto tanto que aún lo tiene blanco, recordándome el dolor sufrido. El pilar se quedó a gusto. Yo, de hecho, aún lo miro de reojo y a mala baba cuando lo dejo todas las noches recostadito en su cuna para dormir. Aunque ahora que lo pienso, no sólo a ese pilar, sino a unos cuantos más con los que a veces rozan sus orejitas. …Sí. Lo admito. Hay restos de su epidermis por gran parte de la cuna, pero cuando la adquirí no pensé que sería tan estrecha. ¡Pensé que la marca Garaje ya era símbolo de garantía! La cuestión es que ahora Lucifer, el orgullo de su mamá –que lo lleva a todos los parques para envidia de los demás padres–, se va haciendo mayor y ha descubierto lo que es pegarse con otros niños. Hace dos semanas, en el patio, sin duda un compañero envidioso de su guapura –pues yo sé que el niño era grande y feo, de ocho pies enormes y callosos, de apellido Camión– decidió agredir a mi buen amado hijo lanzándole una pedrada. Imaginaos mi disgusto. No sólo le habían roto la gafa, sino que también había herido su orgullo. ¡Ya no era tan lindo mi niño! ¡Lo habían marcado! Rápidamente consulté con el médico y me aseguró que enseguida aliviarían su dolencia. Pero ya sabéis cómo funciona esto. La Salud Pública no es rezume presteza, así que después de más de una semana de espera, decidí llevarlo a un médico de pago. ¿¡Qué le vamos a hacer!? ¡La salud de mi niño es lo primero! Pero claro, antes de llevarlo al nuevo hospital Taller del Concesionario, mi Lucifer, que a chulería no le gana nadie, decidió meterse con otro niño. Esta vez no era grande y feo, sino de su tamaño, aunque no de su edad. Un niño que, aunque a primera vista parecía despistado, se las devolvió a Lucifer con muy mala baba. Le metió con el culo en pompa y le hizo una buena rascadura. Como nunca antes me había pasado con su hermano –Mi Chico Inferno–, al quien siempre había sido yo la que le había arreado los mamporros, entendí que aquello era sólo una chiquillada. Pero al llegar a casa y ver el desastre… quise partirle los dientes al papá de aquel niño por no enseñarle modales. “Es cosa de chiquillos”, recordé lo que el hombre me dijo. ¿¡Es cosa de chiquilos, cegato!? ¿¡Es que acaso no ve lo que le ha hecho a mi hijo!? Aunque claro, ni del papá ni del niño volví a tener noticias. Cualquiera hubiera detenido mi arrebato en esos momentos… Así que yo, con mi santa paciencia, apliqué alcohol sobre la herida de Lucifer, con todo mi amor, hasta dejarla bien limpita… y me resigné al comprobar que se le quedaría una fea cicatriz. Pero bueno, también hay que comprender que el niño tiene que hacerse mayor y yo tener más cuidado con él. Que a los niños hay que enseñarles poco a poco. Ahora espero envuelta en un mar de nervios a que mi hijito salga del hospital de urgencias Taller del Concesionario. Al parecer una complicación de última hora me va a privar del abrazo de mi niño durante dos días más. Así que de momento, he vuelto a hacer de madre con su hermano mayor, al que tanto quiero y no sólo por ser el primogénito. Mi Chico Inferno ya se ha hecho grande y responde y se comporta como un adulto. Es tan reconfortante pasear con él y charlar de tú a tú… Aunque se comporta condescendientemente conmigo –supongo que por el hecho de que soy su madre- sé que no lo pasa mal con su tío, mi hermano, que lo saca de fiesta todos los fines de semana. Sospecho en realidad que es el sobrino quien cuida del tío. …Mmm… Se hacen mayores tan rápido.Ya no me necesita. Pero yo siempre lo recordaré como ese niño obediente que me hizo romper la mano como madre. …Ay, amor de madre. Lo que hay que sufrir por los hijos. 11 mei La Palabra Clave es "Trivializar"Acabo de leer el correo de un amigo que me ha dicho lo siguiente: "Por cierto, ¿por qué todas las tías medianamente lúcidas que conozco acaban siendo misándricas?" Por supuesto no me he sentido ofendida con el comentario ni mucho menos. Entiendo que después de leer "Ese Maldito Sentimiento de Propiedad" y "El Gen Insospechado", uno pueda creer que tal afirmación es cierta. Tal vez sí, tal vez no. Por mi parte sólo he de decir que trivializar y ridiculizar las acciones y reacciones de ciertos grupos de individuos con los que he tenido la "suerte" de tropezar, no es más que mi forma de desahogarme como sustituto a estirarme de los pelos, previniendo así unos tempranos síntomas de alopecia. Por supuesto es fácil jactarse de la testosrerona cuando la contemplas desde un punto de vista parcial y, ¿por qué no decirlo? feminista. Aunque ya hablaré largo y tendido en otra ocasión sobre este tema, que en más de un aspecto, cómo no, también me toca los cojones. La cuestión es, querido amigo, que no me considero misándrica, sino más bien... como yo suelo comentar en tertulias varias, "soy una autista social". Soy, a mí entender, de esas mujeres frikis que no van a ligar a las convenciones y reuniones similares, sino a pasárselo bien compartiendo experiencia, absorviendo conocimientos... valiosos o inútiles. Soy de esas pocas mujeres que no soportan ir de tiendas, porque me hastía, aburre, irrita y me hace llegar a casa hecha una braga y hundida moralmente porque la ropa no me cabe. Soy de esas mujeres que no llamarán a otra "puta" porque ésta folla con quien le da la gana. Ni siquiera tendré la desfachatez de llamar a esos sentimientos emergentes "reproche de una conducta moral inapropiada", sino en realidad, por su bendito nombre: envidia cochina. No trato de justificarme, si es lo que parece. Por supuesto no me retracto de lo dicho anteriormente, porque es empíricamente demostrable, no sólo por mi experiencia, sino por la de otras muchas mujeres. Que ¿trivializo las reacciones masculinas? Evidentemente. Pero de no ser así, qué amargura de existencia, ¿no? Saber que no hay solución, que todos son iguales... Si en realidad me consideras "medianamente" lúcida como dices, entonces trivializa conmigo y déjate llevar por unas risas. Siempre es mejor reír que llorar. Volver a EmpezarHoy no quiero dedicarme a trivializar la realidad cotidiana. Hoy voy a colgar los zapatones, quitarme la nariz roja y dejar la risa en el trastero durante el tiempo que consumiré escribiendo estos párrafos. Hoy, al levantarme esta mañana con el cuerpo plomizo y esa maldita sensación de insomnio aprisionando mi mente cansada, he comprendido irremisiblemente que me he rendido, arrojando mi ánimo a la alcantarilla de lo mundano. La vida lo ha conseguido; ha conseguido ganar esta batalla y, lo peor, yo me he dejado ganar. Mi prima Cristina me dijo una vez, "nunca hay que conformarse con nada". En su momento, aquella simple frase hizo ampliar las miras de mi mente hasta un nivel que no sabía que ni siquiera había sido incapaz de atisbar. El conformismo es la sumisión; la muerte del espíritu inquieto. Y eso es precisamente lo que he hecho yo, a pesar de mis frustrados intentos por demostrarme que no era así. Que no soy una cobarde empedernida con orgulloso miedo, acérrimo al fracaso. ¿A quién pretendo engañar? Ayer por la tarde llegué a casa con el alma encendida, ansiosa por mantenerme ocupada en todos aquellos asuntos, que con urgencia me reclaman... pero todo aquel ánimo se volvió humo, niebla, nada. Quise también retomar todos aquellos libros inconclusos que existen en mi mente y que aparqué durante demasiado tiempo, en reclamo de aquellos que, por alguna extraña razón, quieren conocer el final. Pero nada. Nada. A las doce y media de la noche me puse por fin a escribir. Media hora, poco más de una página. Y ¿todo por qué? Por rabia. Acababa de leer "Tierra y Arán" y me carcomía la idea primera que mi "Los Dioses de Amarán" corría peligro de quedarse obsoleto -como una burda copia de algo que llegó después, pero nadie fue consciente de su primigenia. La segunda conclusión fue finalmente la que me enervó. Si esta mujer ha podido publicar, ¿por qué yo no? ¿Por qué debo soportar la agonía de comprobar que, libros que llegan a best-sellers, una vez caen en mis manos, descubro desganada que no son más que una mierda? Sí, cojones, una mierda, bazofia, abono, guano... ¡pero publican! Evidentemente yo no publico, principalmente porque no envío mis libros a nadie, ni siquiera a concurso alguno. ¿Por qué? Porque me podía el orgullo. Descubrir que lo que había escrito no era más que basura carente de coherencia léxica y gramatical, podía conmigo. No soportaba la sola idea del rechazo por algo que en su momento era mi vida. Y ahora, cada vez con más frecuencia, descubro estupefacta que lo que posiblemente me rechazarían a mí, será éxito de ventas para otros. Por supuesto no puedo alardear de un estilo especial en mi escritura porque estaría engañando a mi actual lector, tú. Al fin y al cabo, a parte de la historia general y subyacente al mismo tiempo, las críticas de aquellos que han leído mis libros han sido escuetas a la vez que dispersas. "Está bien". "Está bien". Así que está bien... ¿Qué está bien? ¿El contenido o tal vez la forma? ¿Ambas? ¿Ninguna? Vamos a ver piltrafilla, ¿qué te has leído tú? "Está bien" es la misma crítica que yo pronuncio ante escritos que me han mandado para echarles un vistazo y... bueno, encontré emotividad en ellos, pero jamás pensé que podrían ser publicados. Yo me solía preguntar en muchos casos: ¿dónde están las comas que coordinan el ritmo y la danza de la narración? ¿Dónde están los puntos que enfatizan las pausas emocionales, que me permiten respirar para proseguir con la correcta lectura? Los párrafos... ¿dónde están los párrafos que proporcionan estructura coherente y limpia, facilitando mi interés por la historia? ¿Dónde? Y entonces eres consciente que cuando tu máxima preocupación en el escrito es la gramática, todo lo demás, la historia, carece ya de importancia. Así pues, teniendo en cuenta que no soy Arturo Pérez Reverte -al cual le permiten unas licencias que sé por experiencia propia que a mí me rechazan y rechazarán fervientemente- he de entender que cuando una persona, profesional de la materia, empieza a leer mis libros se pierde en las formas esfumando en su mente la perspectiva del contenido que, acaba resultándole irrelevante. Pero bueno, ¿a qué viene toda esta reflexión que de seguro te está dejando absorto en la inopia del aburrimiento? A que la cobardía reside en mí así como la inseguridad. Sueño con escribir y ¿quién sabe? tal vez poder malvivir algún día con ello. Pero ¿de qué me sirve esa idea barata y acomodada si no soy capaz de superar la barrera del miedo al rechazo? ¿Voy a seguir viendo cómo la mierda se instala en las estanterías de las librerías con cartelitos que pongan "agotada la 3ª edición" sin tratar de integrarme en ella, subirme a su carro, por el derecho artístico que me toca? Ayer fue media hora, poco más de media página del inconcluso capítulo séptimo de "Los Dioses de Amarán". Hoy puede sea más y pasado más y al otro más... o igual. ¿Qué más da? La cuestión es que funciono a base de retos y acabar ese libro dejó de serlo hace tiempo. El nuevo reto es no mantenerme impasible mientras día tras día otros se adueñan de un hueco para la posteridad que creo también me corresponde. Ayer volví a empezar. He desempolvado las armas y las ideas. Perdonadme si este no ha sido precisamente el buen rato que esperábais pasar, pero he decidido permitirme esta licencia, no a espensas o a la espera de vuestra aceptación o vuestro apoyo (que sé que de muchos tengo), sino para dejar constancia de mi decisión. Como si así dejara una impronta, una imborrable firma sobre el extenso contrato que contemplo frente a mí, para recordarme algún día que si olvido mis palabras faltaré a mis convicciones y por tanto me traicionaré a mi misma. No hay gloria sin lucha. No hay recompensa si no hay batalla que ganar. No hay principio si, en realidad, nunca viste la posibilidad de llegar a un final. Volver a empezar. No perder nunca es no saber apreciar lo que es ganar. 04 mei Descansaré Cuando me MueraFeo solía decir "Dormiré cuando me muera". Yo acabé adoptando la frase y acoplándola a mis necesidades hasta convertirla en un "Descansaré cuando me muera". Esa es a la conclusión a la que irremediablemente llego después de dos meses intentando encontrar UN fin de semana en el que no hacer nada. UN fin de semana en exclusiva para mí. Comer, dormir, ver pelis y ponerme como una foca comiendo panchitos. Aunque eso no es difícil, teniendo en cuenta que últimamente hasta el aire que respiro lo convierto en reserva de grasas para mis caderas. Pero la cuestión, supongo, es que me quejo de vicio. Hace unas semanas hablaba con Tente sobre esto mismo y él, sencillamente, se rió en mi cara. "Vamos a ver Felicidad -me dijo-, ¿a quién tratas de engañar? En cuanto estés una hora sin hacer nada te subirás por las paredes, porque si te paras te mueres, como los peces". Cierto, ¿a quién pretendo engañar? Y sin embargo, hasta el anhelo es el sumum de mi existencia, porque si me muevo a base de retos, actualmente descansar lo es. El fin de semana pasado se suponía tranquilo. Cena de frikis reunidos el viernes, visita el sábado al albergue donde monto mi rev en julio, domingo ver la tercera temporada de Alias con Checa en su casa (desde las 19:00 hasta las 11:00 del día siguiente, sin parar), ver Buffy en casa de Carlos (llegada a las 11:30, salida a las 21:00) y finalmente llegar a casa, tumbarme en la cama y morir mientras imploro a mi madre que sea benevolente y me pegue un tiro para dejar de sufrir. Un fin de semana tranquilo, ¿no? Ver pelis suena tranquilo ¿no es así? ...Yo más bien diría sonaba. Algunas personas se quejan de que los tengo desatendidos, comentario que, francamente me sorprende. Soy así, siempre lo he sido y me gusta; y entiendo que la gente que me conoce no debería sorprenderse porque sea difícil quedar conmigo. Tal vez mi concepto de la amistad sea distinto al de muchos otros, pero quien me conoce sabe que, si quedo contigo no es por rutina o porque sí, sino porque realmente me apetece. Porque no hay cosa que más me joda que sentirme obligada a quedar. Yo no voy detrás de la gente, insistiendo, llamando cada dos por tres. No me gusta que me lo hagan a mí, así que yo no hago lo que no me gusta que me hagan. Eso sí, tengo clarísimo quiénes son mis amigos pues, aún habiendo pasado meses desde la última vez que nos vimos el careto, sé que sigues ahí. Y si te llamo vendrás y si me llamas iré. Eso es para mí la amistad. O por lo menos lo es en parte. Hay gente en mi vida que considero especiales. Muchos, en realidad, apenas los conozco, pues coincidimos en pocas ocasiones o simplemente hace poco que tengo el contacto, y aún así, sé que el vínculo que tengo con ellos dificilmente será roto. Puede que no quede con ellos todos los fines de semana, puede que no los vea o hable con ellos en meses, pero sé, de alguna forma, que son mis amigos y a esos jamás los abandonaré. Ellos lo saben , yo lo sé. Hay tantas cosas que hacer en esta vida... Y mi vida es corta, pues consta de veinticuatro horas, ya que yo no puedo dar por sentado que mañana vaya a salir el sol, sólo porque hasta la fecha lo ha hecho. "Descansaré cuando me muera", tal vez debiera ser mi epitafio... pero lo dudo. Cuando eso suceda voy a tener mucha faena revolucionando el cielo y el infierno. |
|
|