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    06 februari

    La Mujer Bella

    No soy dada a este tipo de mensajes que suelen llegarme al correo. Algunas veces, si dispongo de tiempo, lo leo o si no lo borro sin apenas echarle un vistazo.
     
    No obstante, hoy me llegó esto y... Bueno, teniendo en cuenta que a mediodía voy a ir a apuntarme al gimnasio que hay junto al Kinépolis (al ladito mismo de mi curro) y estoy empezando a plantearme una dieta, pues no está de mas recordarme que no es porque quiero ponerme como las supermodelos, ni es que me queje de si ligo poco o mucho porque estoy como un tonel. No. En mi caso, sencillamente, quiero sentirme bien conmigo misma. Destruir al alien que se ha afincado en mi tripa y volver a ponerme esos pantalones de cuero negro que tanto me gustan y que lo marcan todo.
     
    Me ha gustado lo que he leído y, aunque no es mío, quiero compartirlo con vosotros en este blog. Ahí lo tenéis.
     
     
     
     

    Sabías que estamos en el mes de la mujer bella?
    Pues sí: Se supone que debo repartir este mensaje a LAS MUJERES MAS BELLAS, y tú eres una de ellas!!! O si ERES HOMBRE, SEGURO conoces a mas de una!!!!!

     

    ¿Sabías que....?

    Si los maniquíes de las tiendas fueran mujeres reales, serían demasiado delgadas para menstruar.

    Hay 3 mil millones de mujeres que NO tienen cuerpo de supermodelos, y solamente 8 que sí lo tienen.

     

    Marilyn Monroe usaba talla 44 español (algo así como 11 Mex), y los
    traía locos a todos!!!!! ¿¿¿¿Quien se fijo en la talla???? (Gracias a Dios....jajajajaja) Es la mujer mas sensual de todos los tiempos.

    Si Barbie fuera una mujer real, sus proporciones la obligarían a caminar a gatas, sus piernas no podrían sujetarla de pié.

    La mujer promedio pesa unos 65 kg. y usa tallas entre un 42(9) y un 44(11).

    Una de cada cuatro mujeres en edad universitaria sufre desórdenes de alimentación.

     

    ¡Las modelos de las revistas están retocadas, NO son perfectas!

    Un estudio psicológico mostró, en 1995, que el contemplar una revista de modas durante tres minutos causaba depresión, vergüenza y culpa al 70% de las mujeres.

    Las modelos de hace 20 años pesaban 8% menos que la mujer común. Las de hoy en día pesan 23% menos.

    La belleza de una mujer no está en su ropa, su figura,
    ni en su peinado. La belleza de una mujer debe brotar de sus
    ojos, porque ellos son las ventanas hacia su alma, el lugar donde
    reside el amor.

    La belleza de una mujer no está en sus facciones, sino
    que es el reflejo de la belleza verdadera de su alma. Es el
    cuidado amoroso que da, la pasión que ella muestra. La belleza de una
    mujer solamente se desarrolla con el paso de los años.

    SONREID Y SED FELICES
    UNA MUJER PUEDE SER MUY SENSUAL Y BELLA SI SE LO PROPONE, SI LO
    VIVE, SI LO SIENTE... NO IMPORTA SI SEA FLACA O GORDA O MORENA O RUBIA... ES CUESTION DE VIVIRLO... DE DISFRUTARSE A SI MISMA.
    26 december

    Dura por fuera, Tierna por dentro (el retonno)

    Conforme iba escribiendo el post anterior, más y más se fraguaba en mi mente escribir éste. Tal vez con intención de réplica, aunque claro, no es que se la pueda hacer verdaderamente, pues aún habiéndome dicho en ocasiones anteriores, algunos de mis amigos, que soy “uno” más, no nos vamos a engañar. No soy un tío. Lo siento por todas aquellas mujeres que me hayan encontrado irresistible, jejeje. Y, sin embargo, no por ello voy a dejar de deciros mi punto de vista. Faltaría más. Una es así de coñona por algo. Y la reputación hay que saber mantenerla.

     

    Siempre me he considerado algo así como el patito feo, aunque más que feo, payaso. No podía hacer otra cosa. Mis amigas se liaban con quien querían, salían con quien se proponían y yo adoptaba el papel de la “buena amiga de la novia”. Esa que suelta barbaridades, se queda tan ancha y arranca unas risas. Sólo ahora, a mi edad, comprendo qué hice supuestamente mal. Y digo supuestamente, pues al ser consciente, me alegro de haber tomado dicha actitud y estoy segura que de revivir aquellos años volviera a hacer lo mismo. Creo que, en cierta forma, me adelanté a mi época, por decirlo así.

     

    Hasta hace bien poco, yo aún seguía convencida de que a los hombres sólo les atraían esas mujeres despampanantes; maniquíes hechos a medida; clones de niñas cantantes y modelos enclenques de morros abultados, tetas perfectas y culo respingón o que tuvieran siempre un aspecto de Lolita perpetua. Libidinosa, pero aún por formar. Corruptible, digamos. Y no es que fuera la moda en su día, pues aún hoy veo a los quinceañeros (y lo que no son quinceañeros) pavoneándose ante esas barbies que saben qué poder tienen. Que pueden chasquear sus dedos y hacer que ellos se arrastren para conseguir unos breves pero intensos minutos de placer.

     

    Pero he de romper una lanza a favor de ellos, pues si algo he ido descubriendo a lo largo de los años es que en realidad –menos los cuatro agilipollaos de siempre con dos neuronas en la cabeza (una para follar y otra para conducir… y a veces ni eso)–, los tíos sólo buscan a esas tías para mojar. Pocas son las que, después de pasado un tiempo, anidan en ellos otro tipo de interés… más duradero.

     

    Aunque no debería, voy a colar a continuación una anécdota que rompe un poco la línea que estaba siguiendo en esta entrada. Veamos: recuerdo que el día que más ligué en mi vida fue una noche en la que Sylvia e Irene vinieron a estudiar a mi casa. Nos entró el agobio y decidimos salir a la zona Woody. Como no lo teníamos previsto y, en realidad, sólo nos apetecía bailar y echarnos unas risas, acudimos a la zona de marcha en chándal. Atónitas comprobamos la cantidad de tíos que se nos apalancaban. ¿Por qué, si voy echa un desastre? Una semana después se lo comenté a mi amigo Álex Gaita y él me dijo un simple “claro”. Cómo que claro, le instigué para que me explicara aquel hecho inusual para mí. “Claro –insistió–. ¿Qué es más fácil? ¿Que te mande a la mierda una tipa emperifollada y altiva que sabe que puede elegir o una tipa enrollada, accesible que sólo ha ido a divertirse? Parecía tan lógico que me eché a reír. ¿Para qué perder el tiempo en maquillarse, arreglarse y demás? Eso mejor guardarlo para ir a cazar, no para conocer a tíos interesantes que de seguro no se volverán unos capullos cuando ambas partes consigan lo que quieren.

     

    Bueno, dejémoslo. Me estoy yendo por otros derroteros. Prosigamos.

     

    Hará cosa de un año o dos (no lo recuerdo bien), al poco de estrenarse la segunda peli de Tomb Raider con una exuberante Angelina Jolie (dios, esos morritos y esa mirada cómo me ponen), salió en un noticiario la nueva tendencia de los hombres para fijarse en una mujer. Sospecho que, en realidad, siempre fue así, no obstante creo que a partir de entonces fue más evidente.

     

    Supuestamente al hombre de hoy lo que le atrae es una mujer dura y autosuficiente, con un punto de misterio, fuerte y audaz, con sentido del humor e inteligente. Alguien con quien “compartir aventuras”, alguien con quien poder hablar de frikeces. Digamos que, alguien como ellos mismos, un igual, pero rebosando de alguna manera feminidad por los cuatro costados. Al fin y al cabo quieren acostarse con una tía, no con un tío. Y hasta ahí, todo perfecto. Yo podía encajar más o menos en el perfil. Eso estaba bien.

     

    Recuerdo que después sonreí con la boca torcida y esperé con paciencia la coletilla final de la noticia. Porque estaba segura que habría coletilla final y no iba a alejarse mucho de lo que yo tenía claro en mi mente (al menos, por aquel entonces… y a veces, en ocasiones, ahora también). Todo eso era lo que un hombre buscaba, hablando sobretodo de ese tipo de mujer como pareja. Ahora bien, todos esos “requisitos” debían complementarse con los de “toda la vida”. Una mujer que los tenga contentos, les dé libertad, les haga la colada, les zurza los calcetines, mantenga limpia la casa… y, en definitiva haga todas esas tareas que a ellos por naturaleza nunca les surge de manera espontánea y que, al fin y al cabo, es a lo que les tienen acostumbrados sus madres.

     

    Ciertamente los tiempos cambian y los gustos se van amoldando a ellos, aunque no creo que esa sea la palabra adecuada. Algunas veces pienso que, en el fondo, siempre ha sido así. Un intelectual, un hombre con estudios, con carrera, es más lógico que se interese por una mujer con sus mismas inquietudes, que sepa complementarlo emocionalmente, que no por la maniquí que sólo es apariencia a menos que sólo busque en ella un desahogo y puede que hasta una medallita para que luzca en su ego. Un tipo sin aspiraciones, conformista, con escaso bagaje intelectual y cultural, que se siente a gusto como uno más entre el borreguismo social, aspirará a la mujer mona de pocas luces, que le haga una mamada después del partido de los domingos, mientras le zurce los calcetines, que para eso aún le quedan las dos manos libres. Buah, y si es capaz también de barrer al mismo tiempo los panchitos que se le han caído al suelo, ya sería la hostia. Y no. Eso no es sólo de ahora, sino que creo que sucede desde siempre.

     

    Puedo dar gracias de moverme en los círculos que me muevo y sentirme cómoda siendo como soy, aunque mi carácter fuerte siga a veces asustando a unos cuantos. Bueno, allá ellos. Yo ya no me preocupo. Decidí dejar de malgastar mi tiempo en eso.

     

    Ah, y que no se me olvide. Las excepciones. Porque siempre hay excepciones. A veces trivializo tanto que se me olvida puntualizar… con otras trivializaciones. Por supuesto, lo haré sobre el campo que conozco. El intelectual, por llamarlo de alguna manera. Porque está el hombre de carrera pagado de sí mismo, que necesita a una tía que lo adule más y a su vez sea un bonito florero para no interferir en sus ademanes egocéntricos y megalómanos. El tipo culto, ávido por una igual y que no ayudará en las tareas del hogar, sino que compartirá dichas tareas de forma ecuánime y natural. Sí, existen, aunque son escasos. Y el aspirante a intelectual, siempre buscando a una compañera que comparta sus inquietudes y que, tardará en encontrarla, porque de alguna manera siempre se sentirá intimidado por ella, amenazado, inseguro de sí mismo, convencido de que nunca podrá estar a la altura y que, tarde o temprano, ella lo dejará por otro, no porque sencillamente se haya cansado de sus absurdos temores.

    20 december

    Duro por fuera, Tierno por dentro

    La semana pasada tuve una larga charla con mi amigo Gus. Uno de los temas que salieron vino a colación de una conversación que mantuvieron él y mi amiga Vanessa. Tras comentármela me di cuenta de lo interesante (así como acertado) que sería postearlo aquí. Pronto entenderéis por qué.

     

    El tema en cuestión trataba sobre el gusto “turbio” de las mujeres por los hombres. Sí, digo deliberadamente turbio, porque para qué engañarnos. Es para darnos de hostias. Si a una mujer le preguntan qué es lo primero en lo que se fija de un hombre, dirá florituras del estilo: pues en sus ojos, sus manos y alguna, más sincera, admitirá también que en su culo… (no me vais a negar frase tan célebre como “dios mío, ese culito respingón cómo me pone”. No vais a conseguir dejarme mal en ese aspecto. No soy la única degenerada. Y la que lo niegue es que miente o no sabe lo que es agarrarse a un buen trasero).

     

    Bien, todo eso está muy bien, pero dejemos de engañar a esos pobres infelices que creen que a una mujer se la conquista con flores y llevándolas a restaurantes caros. No. El secreto es una buena chupa de cuero. O una gabardina larga o de tres cuartos… Eso da igual, pero si es negra, de cuero o similar y le da así como un aspecto misterioso o de tipo duro, mejor. ¿Por qué? Porque el tío malote nos pone.

     

    Pero hablemos de ese malo malote. Porque hay de dos tipos. El frío, distante, enigmático, muy colega de sus amigos, en ocasiones friki, pero introvertido con las tías. Luego está el gilipollas de turno, más chulo que un ocho, pero que al parecer emana barbarie y testosterona por los cuatro costados. ¿Qué tienen ambos en común con personalidades tan dispares? Que pasan de las tías. Uno porque en realidad es un cortao –lo que despierta nuestro lado más pérfido y, por qué no decirlo, salvaje– y el otro oculta (o no) a un misógino empedernido que trata a las mujeres como objetos de caza –lo que despierta nuestra vena dominatrix por un lado y la absurda idea de que nosotras somos la mujer de su vida, que va a despertar al “osito” que lleva en su interior. Ambas vertientes, aunque diametralmente opuestas, vienen a converger en lo mismo: el reto.

     

    ¿Por qué iba a interesarnos ese hombre galán que se afeita, se arregla, nos trata con cortesía, nos hace regalos y se preocupa por hacernos reír? ¿Tal vez porque pensamos que eso es lo fácil, que no hay emoción, que ya sabemos lo que busca y que hará lo que sea para complacernos? Qué aburrido, ¿no?

     

    Pero ojo. Desvinculémonos de esa absurda idea arcaica que dice que a las mujeres nos gusta sufrir. No. No es eso. O al menos… no exactamente. Lo que sucede es que la mujer también oculta un animal salvaje a la que la emoción de la caza la excita como a cualquier hombre. El reto, la dificultad, la recompensa que se obtiene después y que hace que nos lamamos las heridas, henchidas de placer y de satisfacción. Olvidémonos de la imagen de la mujer impasible, dejando que los machos se peguen a su alrededor, para que el vencedor sea finalmente el elegido. La mujer de hoy tiene dos vertientes: la que araña y muerde a sus rivales directas y la que le gusta cazar en solitario como un ave de presa. Deleitándose, dándole vueltas a su próximo movimiento.

     

    Pero al final, todas esas tretas, todas esas estrategias que ingeniamos con tal de conseguir “cazarlos”, ¿para qué? Pues para descubrir que debajo de esa coraza de tipo duro que tanto nos atrae, no se encuentra el chico tierno y cariñoso que en el fondo anhelamos. Un tipo que nos regale flores, que nos invite a comer, que se preocupe de nuestros intereses... (vamos, el tipo de antes que no nos interesaba porque nos lo ponía todo muy fácil). Porque queridas mías, puede que durante las primeras semanas follemos a gusto con nuestro “trofeo”, pero salvo en contados casos, nos decepcionamos a las pocas semanas.

     

    El primero, el distante e introvertido, suele ser un tipo bastante parao y del que nos cansamos de estar siempre repitiéndole las cosas, insinuándoselas, arrastrándolo en una relación que tratamos de mantener a flote, pero que hace aguas por todas partes porque no es capaz de satisfacer nuestras inquietudes.

     

    El segundo, el chulo empedernido, prefiere estar con sus amigotes a estar contigo, jugar a la consola, preocuparse por sus “movidas”, en vez de atenderte como es debido. Y el día que te lleva al cine o decide invitarte a cenar (en vez de ir a medias como siempre) es porque te quiere ver contenta… para meterse sin problemas entre tus bragas. Punto.

     

    Siempre hay excepciones, no lo voy a negar. Sabéis que suelo trivializar en estas cosas. ¡Claro que hay tipos de mirada triste, sonrisa encantadora y chaqueta de cuero, dándole ese aire a la vez perverso, malicioso y enigmático! Pero o bien tiene novia o bien las mujeres no le atraen ni le atraerán nunca. Si existe el tipo que no tenga ninguno de los dos impedimentos mencionados con anterioridad, es porque es un bohemio gilipollas pagado de su libertad o, sencillamente, sabe esconderse bien el jodío, porque yo no lo he encontrado todavía.

     

    Pero lo peor no es eso. Lo peor es que nosotras, en el fondo, lo sabemos. Sabemos que lo más probable es que debajo de esa coraza haya más blindaje. Y aún así, seguimos intentándolo una y otra vez, cayendo en el mismo error. Ansiando el reto, casi desafiándolo, por el placer de recorrer el camino, en vez de plantearnos lo que habrá al final de éste.

     

    Winnie de Poo queda muy mono con una chupa de cuero, pero se le ve a la legua que es un tierno osito. Satanás, puede enfundarse con un pijama forrado de tela de borreguito, pero debajo, seguirá siendo un grandísimo hijo de puta. …Y seguro que folla bien el muy cabrón, sólo por joder y desmantelarme la teoría.

    05 december

    Modo Terminator OFF

    Sí, aunque parezca mentira, hay momentos en mi vida que de forma deliberada y consciente, decido desactivar el Modo Terminator. Cuando la situación y la compañía así me lo permiten... o me hacen pensar que puede ser una buena idea. No obstante, no siempre la jugada me sale "bien" y acabo pensando "mierda, metí la pata hasta el fondo".
     
    Disfruto de un ambiente tan distendido y una compañía tan agradeble que tiendo a olvidar que no estoy ante aquellos que me conocen tal y como soy... y claro, luego me cuesta salir del embrollo porque aun reactivando el Modo Terminator, ya es demasiado tarde, ya que lo que el tipo suele pensar es que "ahora te haces la durtia conmigo, pero a mí no me engañas". Y yo vuelvo a pensar "mierda, de esta no salgo... sin una recortada a mano". Y entonces ya no sé si reír o llorar ante la situación. Veo cómo el tío se empeña y se empeña a pesar de que mi guardia ya está alta y paso del asunto y me muero de ganas por decirle "mira, yo es por ahorrarte tiempo... porque lo estás perdiendo machote y para colmo me echarás la culpa porque no captas la indirecta".
     
    Y ahí es donde yo quería llegar. Vane, creo que tú y yo ya tuvimos una conversación parecida hace algún tiempo. En realidad no es una actitud o un pensamiento que me preocupe, pero sí que me inquieta. Nunca he pensado en un tío como en un "mojabragas", pero sí que por contra se piensa en una mujer como en una "calientabraguetas". No se puede ser simpática y cariñosa (o "accesible", según se mire o entienda). Sólo puedes ser simpática y punto. Si pongo el modo Terminator ON, soy una frígida. Si lo pongo OFF, alguno (o incluso alguna) puede ponerme un calificativo tan "cariñoso" como el anteriormente citado. Porque, no te lo dirán, pero lo pensarán. ¿Por qué? ¿Por qué debe ser tan tajante? ¿Por qué no puedes estar a gusto, deshinibida, juguetona -si ese adjetivo os gusta más- pero sin querer llegar más allá? Y, en mi caso, no es porque me lo he pensado mejor, sino porque sencillamente nunca me lo había planteado hasta ese extremo.
     
    Como ya he dicho, es algo que en principio no me preocupa. Allá cada cuál que piense de mí lo que le venga en gana. Sólo la opinión de mis Amigos me importa y porque sé que ellos se preocupan. Y aún así, como me conocen, saben cómo soy y por qué hago lo que hago. Aunque en cierta forma es un latazo y, parece ser que voy a tener que adoptar la táctica de mi Maestro Luingil, antes de hacer o decir nada dejar claro lo siguiente: "Hago esto porque quiero, porque me caes bien, no porque quiera acostarme contigo". Y para rematar, respecto a lo que puedan pensar de mí... también recordaré la filosofía de las tres palabras del Gran Luingil: A LA MIERDA. Que piensen o crean lo que les dé la gana. Los que merecen la pena son los que siempre quedan.
     
    Me jode que de alguna manera me hagan albergar la duda de si hice bien o no. Pero me rehago rápido. No me arrepentiré nunca de lo que haga o diga, sino que apechugaré con ello. Y a quien no le parezca bien... a la mierda!
    27 oktober

    La Familia del Tordo

    Sí, sí, ya sé, ya sé, llevo sin actualizar el blog demasiado tiempo, pero es que no he tenido para mucho más. Aún estoy esperando ese papel que Carlos me dijo que me regalaría con la N y la O escritas, para que cuando alguien me dijera de hacer o colaborar en algo poder mostrarlo y decir NO. Pero Carlos, quiero uno que funcione de verdad. Que aprovechando la coyuntura y alegando que mi opinión no es demasiado importante, pretendéis pringarme para la presentación de los Ignotus, pasando por alto mis protestas, marcadas sobre una de las servilletas del Ademuz y que claramente decía NO, tal y como tú me dijiste que aprendiera a decir.
     
    Y es acerca de un pequeño detalle sobre este tema que he decidido agregar esta entrada. Este martes por la tarde, mientras le explicaba a mi madre en la cocina que mis maletas las hago en un pispás, tuve una interesantísima conversación con ella. Leed:
     
    -Pero entonces... ¿al final haces la presentación esa? -se interesa ella.
    -No lo sé mamá, pero por si acaso me va a tocar llevarme traje por si me hacen pringar.
    -Pues llévate la faldita negra larga esa y el top ese brillante...
    -Mamá -la interrumpo rápidamente. Primero porque no tengo ni zorra de donde están esas prendras y, lo que es peor, me temo que las perdí en alguno de mis viajes y no sé cómo decírselo. Y segundo, porque le he visto la expresión y le he oído el tonillo y sé qué es lo que pretende insinuar exactamente-. Es una cena de gala. Tendré qe ir con traje de noche. Así que buscaré mi vestido negro.
    - ¿Cuál? ¿El largo?
    -Sí.
    -No -replica rápida y contundentemente-. Que no te viene.
    -Ya me lo probaré -ignoro la insinuación, porque yo sé por dónde van los tiros.
    -A ver... -trata de excusarse y no quedar peor de lo que lo ha hecho- ya sé que te viene... es elástico... -obviamente, mamá, pero creo que la vas a cagar más como sigas hablando... que nos conocemos demasiado, que son muchos años... como si me hubieras parido, vamos- No quiero decir eso, ya sabes... Como es elástico lo marca todo... y... bueno... ya sabes... tienes el culete más gordete.
    -Sí mamá, lo sé -digo sintiendo la ira visceral asomando por el estómago... pero esta vez, milagrosamente, sé controlarme y no sentrime tan foca gracias a su comentario preocupado por mi aspecto-. Pero a ver, si cuando estaba delgada no ligaba ná de ná, ya que más da.
    -Si yo lo digo por ti. Llevas todo el verano, tu hermano y tú, venga coger cervezas de la nevera y ya sabes lo que eso engorda.
    -Sí mamá, tienes razón. ¿Sabes lo que voy a hacer? -le sonrío mientras abro la nevera.
    -Gorrinácea -me dice ese mote cariñoso y me sonríe. Porque mi madre me habrá inculcado la obsesión por mi peso desde que era una cría, pero es toda dulzura y comprensión-. Ahora me dirás que te vas a beber una porque te he dicho eso.
    -Por supuesto. No es cierto, ya, pero es una excusa como cualquier otra -digo arrugando el morro como una niña pequeña.
     
    Entré en el cuarto y me bebí la lata de cerveza y me fumé dos cigarros. Me miré al espejo y, por una vez, no me vi como una mala réplica de Gozila. Recordé dos cosas.
     
    La primera me la dijo mi tía Julia una vez, hace ya muuuuuchos años: la gente te ve como tú te ves a ti misma. Yo, Felicidad, lo tengo comprobado. Si tú te sientes bien contigo misma los demás suelen verte bien. Si te sientes fea y horrible, normalmente no te apetece ni arreglarte y, al final, la gente lo acaba captando.
     
    La segunda me la dijo mi padre y me la recuerda de tanto en tanto cuando mi madre y yo volvemos al mismo tema del peso. Sus palabras son: hija mía, da igual lo que hagas, con todas las mujeres de nuestra familia es lo mismo y tú eres de la familia del Tordo. La cara estrecha y el culo gordo.
     
    Ayer por la tarde me hacía la maleta para salir hoy hacia Vigo. Me probé el famoso vestido negro, largo, elástico y me miré al espejo. "Mamá -pensé-, estoy buena de la hostia. Puede que no sea una de esas modelos o actrices que salen en la tele, pero estas caderas no son sólo caderas. Son, como un amigo me dijo una vez, las asas del amor. Si alguien se agarra aquí, estoy segura que no va a escurrirse".
     
    12 juli

    De Rosas y de Hombres

    Siempre he dicho y siempre diré que los hombres son tan cotillas o más que las mujeres. La diferencia radica en que son más discretos a la par que saben camuflar su incipiente curiosidad, transformándola a ojos de los demás en algo viril. Y en ese aspecto son tan astutos que no sólo nosotras nos lo creemos, sino que ellos también están convencidos de que es así.
     
    Descubrí esta faceta en los hombres en mis años estudiantiles. Primero en el instituto y más adelante en la universidad. Aunque ciertamente, donde más hallé pruebas de la evidencia fue en Cheste, donde yo hice el Bachillerato Unificado y Polivalente. No es por nada, pero vaya nombre.
     
    La cuestión es que si había pasado algo de interés, sólo había que colocarse cerca de la entrada al aula. Allí un grupo de jovenzuelas se recogían cual polluelas y no sólo cloqueaban, sino que tenían la sana costumbre de alborotar como las cotorras en celo. Daban saltitos, chillaban y hacían lo posible para que, de buena fe -por supuesto-, cualquiera cerca de las inmediaciones se enterara de lo sucedido sin necesidad de entrar dentro del grupo. ...Sí. Eran ellas muy consideradas. Podían tal vez discriminarte, reírse de ti incluso hablar mal de ti, pero al menos se preocupaban porque tú también estuvieras informada.
     
    En cambio, la actitud de lo chicarrones era distinta. O bien bastaba ser amigo de una de las chismosas para luego poder ir informando discretamente a los demás o bien después de haber oído el escándalo se reunían con total indiferencia y mientras se ponían a hablar de fútbol, intercalban sutiles comentarios. Y aunque actuaban como si auqella información careciera de importancia, de alguna manera que todavía desconozco, no era mucho el tiempo que pasaba para haber concretado sus propias conclusiones.
     
    Mi padre siempre me ha dicho que los hombres son más nobles que las mujeres y aún hoy lo sigo creyendo. ¿Para qué negarlo? Somos más maliciosas, retorcidas y cuidado con no ofendernos o traicionarnos, porque si la ira de una mujer recae sobre ti, sin duda lo lamentarás y mucho. Dos tíos pueden estar enfadados entre ellos, se pegan un par de hostias y ale, todo solucionado. Luego se van de birras y tan amigos. Pero si una mujer está enfadada con otra... mejor no trates de poner paz entre ellas dos.
     
    Pero bueno, desvarío. ¿Por qué he titulado este post con "De Rosas y de Hombres"? Sencillamente porque esta mañana después de ver a Carboni en su precioso Ferrari negro y más tarde me fumaba un cigarro fuera de la oficina, he visto como los del Valencia se entrenaban. Cerca, un montón de cuirosos observaban cada detalle, cada estiramiento, cualquier movimiento sudoroso de esos hombres de piernas peludas y de un ego tan grande que podrían dirigirlo a la pelota, por no decir a sus pelotas.
     
    Ahora mismo en televisión llega la temporada de sequía en el fútbol, porque obviamente no hay liga. Así fue como yo me di cuenta hace un par de veranos, prestando atención a las noticias que se daban sobre este deporte, que en muchas ocasiones el fútbol no es más que la "Salsa Rosa" de los hombres. Que si éste se fue de farra anoche, que si éste otro es ahora el novio de nosequién, que si fulanito ha presentado un nuevo corte de pelo en el entrenamiento, que si a menganito se le vio la raja del culo... ¿A quién pretenden engañar? ¡Eso es marujeo puro y duro! Pero claro, no es lo mismo. Es fútbol. Un deporte de hombres. Un juego muy viril. Claro, son viriles de la muerte cuando les hace una entrada y se ponen a llorar como nenazas para que el árbitro se apiade de ellos y amoneste al otro. Sí, sí. Viril, viril. De hecho recuerdo aún los comentarios de cierto periodista que criticaba a un jugador porque cuando le hacían una entrada él no se quejaba nunca y aguantaba como un campeón. Si es que... lo que hay que oír. Pero ellos no son cotillas. No. Qué va.
     
    Nos guste o no, hombres y mujeres somos peculiarmente parecido. Tenemos las mismas necesidades, las mismas curiosidades, salvo que las maneras son distinas. Obviamente he generalizado a conciencia, pues no todas las mujeres son como las he descrito arriba (si no tendría sólo amigos y eso no es cierto) ni tampoco se comportan así todos los hombres. Hay a quienes no les gusta al fútbol y a quienes sí les gusta, pero como deporte realmente. Para cotilleos ya tienen el mundo del friki. Y en general, todos tenemos el espectáculo (y la farándula), que para qué negarlo, aunque penoso, es divertido ver hasta qué punto la gente es capaz de rebajarse por cinco minutos de gloria. Ý lo más divertido, darse cuenta de que ellos no son conscientes de ello.
     
    PD: Tengo una duda moral. Si existen las dos acepciones, impreso e imprimido, ¿cuál es la diferencia? ¿El primero es una forma de decir folleto? ¿Imprimido es el resultado obtenido por la impresora? ¿O impreso sería por ejemplo la técnica de la flexografía? ¿Por qué a la impresora se la llama impresora y no imprimidora? ¿Alguien sabe cuánto son 40 drakmas?
     
    PDII: No me hagáis caso. El estrés es muy malo.
    04 juli

    Fuera de Contexto

    La semana pasada fui consciente de algo que, durante demasiado tiempo, me había pasado por alto. A la gente cuando le gusta alguien se vuelve sorda. Sí, es cierto. No os lo toméis a broma. Y como en el chiste de "¡Gorda! Sí, como una tapia" el enamorado sufre el mismo síntoma.
     
    Si tú le dices al tío "oye, pues sí, me parece estupendo que vengas todas las semanas de visita", él claramente entiende "Mmm... sí, por favor, no puedo pasar más de una semana sin ti. Ven mi amor, ven". Si tú le dices "joder, como está de bueno juanito". Él entiende "juanito está buenísimo, pero con quien quiero estar es contigo, que te tengo más a mano".
     
    Por otro lado, si últimamente quedas mucho con él por motivos X, los que sean, pues como el chiste del oso; ese de "tú no has venido aquí a cazar". Pues lo mismo. "Túuuuu no has venido aquí a tomar café". Pues mira no, prefiero una cerveza bien fría... y así olvidar que me miras con esos ojos lascivos.
     
    Superar esta situación no es tarea sencilla, pues tú no quieres quedar mal -del rollo desaprensivo voy a comerme tu corazón, diciéndole "mira tío, no me gustas"-, así que empleas la misma táctica que todos empleamos aún a sabiendas que nunca funciona: la sutileza.
     
    Así que de repente eres tú el que se vuelve intencionadamente sordo. Por ejemplo: él te dice "porque es que a mí me gustan las chicas como tú". Y tú rápidamente te sales por la tangente "tío, ¿sabes lo que me pasó el otro día?" y le cuentas una estupidez. O bien, en vez de sordo te vuelves patético. Él te dice "podríamos quedar mañana" y como yo le contesté una vez a un chaval: "es que mañana tengo que lavar el coche". Te das cuenta que es una excusa estúpida y para arreglarlo aún más le dices "es que está muy sucio". Vamos, que a parte de patética, guarra. O lo más usado: te mola nosequién, no quieres salir con nadie o sencillamente no tienes tiempo para esas tonterías.
     
    La técnica del esquive es la siguiente. Cuando la sutileza, la sordera y el patetismo no funcionan. El otro ha superado la barrera física que siempre existe en un primer momento y encuentra cualquier excusa para tocarte. Un brazo, la mano, la espalda, la rodilla... Al principio te muestras frío, tratando de no darle importancia para que se dé cuenta que su tacto no te pone nada. Pero claro, eso da igual. ¡Quién se pone es el otro! Y entonces aprendes el contorsionismo. De hecho, hay veces que hasta ves la situación del rollo Matrix con el "efecto bala". Él se acerca, estira su mano para rozarte el hombro, tú lo ves por el rabillo del ojo, te giras como si hubieras oído algo detrás y finalmente te agachas para asegurarte los cordones de los zapatos. Y como son zapatos finges rápidamente que tienes una piedra dentro. Él se agacha con la "sana" intención de ver qué te pasa, estira su mano para apoyarse mientras baja sobre tu espalda y tú con un rápido movimiento esquivas casi en un giro de 180º, te pones rápidamente en pie y esperas a que él se ponga también de pie para colocarte a su lado, pero ligeramente retrasada, para que la próxima vez te dé tiempo a reaccionar con suficiente antelación. Algo que te sucederá probablemente a lo largo de toda la tarde y volverás a casa con agujetas de tanta postura incómoda para evitar su roce.
     
    Ante toda esta situación, lo único que se puede sacar en claro, es que hagas lo que hagas, digas lo que digas, la otra persona sigue en su mundo maravilloso donde tú no es que le rechaces, sino que te haces la dura o duro para resultarle más interesante y cualquier situación no la entenderá en el contexto que toca. Así que, al final, te guste o no, tienes que volverte gilipollas y mandarlo/la a tomar por culo. Has sido demasiado brusco, pero luego piensas "¿por qué no lo hice antes? Ay qué descanso".
     
    Así pues, siguiendo la manía de las moralejas, lo mejor es dejar las cosas claras desde el principio. Puede que quedes como un imbécil, pero la cantidad de situaciones incómodas que te ahorras merecen la pena. Y eso sí, cada vez que te sientas atríado por alguien es mejor que pienses siempre que a la otra persona no le gustas y acordarte de todo lo que no te gustaría que te hicieran a ti. Aunque bueno, solemos olvidarnos de esta premisa con demasiada facilidad. Es uno de los efectos secundarios de cuando te vuelves gordo como una tapia.
    06 mei

    El Gen Insospechado

    Ayer tuve la oportunidad de ser partícipe de varias circunstancias que me hicieron recordar a mi amigo Álex Soriano. Cierto día, de hace tal vez tres años, me hizo sabedora de una revelación tan profunda, que me hizo ver la luz. Fue como un rayo de sol que se abre paso entre las nubes y el mismísimo Dios te golpea con su dedo índice en la frente, del rollo "¿te das cuenta ahora de lo inconmensurable de mi sabiduría?". Las palabras de mi amigo volvieron pues ayer a mí para hacerme comprender. "Los hombres nacen con una predisposición a conducir".

    Eso fue exactamente lo que me dijo. He de admitir que me quedé patidifusa. Pensaba que fue porque me resultaba incomprensible que un hombre con estudios de química y doctorado incluido, llegara a una conclusión tan retrógrada. Y más aún que tuviera cojones para decirlo ante las tres mujeres, conductoras además, que estábamos con él. No obstante, ahora comprendo mi error. ¡Cuánta razón tenía!

    Porque vamos a ver, seamos comprensivos. Un hombre, por ejemplo, no tiene la necesidad de poner los intermitentes. Él sabe perfectamente adónde va así que, ¿por qué debería indicárselo a sí mismo? Es absurdo. Eso de que los intermitentes se usan para que los demás sepan la maniobra que va a hacer es completamente falso. ¿Por qué no iban a saber los otros conductores sus intenciones? ¿Es que acaso no quedó suficientemente claro cuando levantó la ceja levemente y miró directamente al carril que quería tomar? Los intermitentes se añadieron al coche cuando las mujeres empezaron a conducir, porque como no tienen nunca muy claro adónde quieren ir, pues eso les sirve para recórdarselo. ¡Por eso lo usan tanto las pobrecillas! Si es que...

    Si un hombre quiere adelantarte, no tiene porqué poner su intermitente. ¡Tiene todo el derecho del mundo a adelantarte sin avisar! Para eso es hombre; nació para ello. Para conducir. Y si quiere cerrarte en una rotonda, puede. Eres tú quien lo hace mal por estorbarle en su camino.

    Si por una via cuya velocidad máxima es de 80, tú vas por el mal llamado "carril rápido" a 135, ¡tiene todo el derecho del mundo a enfadarse contigo porque vas lenta! Se pondrá detrás de ti, "oliéndote el culo" como los perros... y como los perros, cuando te adelante, se pondrá a ladrar. ¡Normal! ¿Es que acaso no lo viste dos kilómetros más atrás marcando su territorio, ese espacio vital que le invades? Da igual que el carril de al lado esté casi vacío o vacío. ¡Estás en su carril insensata! ¡Mujer tenías que ser!

    Así pues, la próxima vez que un hombre no te ponga el intermitente y guanderrepente se ponga en tu carril, cuando ocupe dos carriles y se quede tan ancho, cuando te haga frenar sin venir a cuento, cuando te cierre en una rotonda, cuando se enfade porque vas lenta, cuando pase por tu lado echando espumarajos por la boca sin tú entender muy bien qué has hecho mal para que se ponga así, sencillamente recuerda: Ellos nacieron genéticamente predispuestos a conducir. Porque nuestro Señor Dios tiene una sabiduría infinita. Si no nacieran predispuestos a ello no cogerían coches, no tendrían tantos accidentes, no habría selección natural. Demos gracias al Señor por darles a ellos genes suicidas y a nosotras el bendito don de la paciencia.

    29 april

    Ese Maldito Sentimiento de Propiedad

    El otro día estuve hablando por teléfono con una amiga. Estuvimos comentando muchas cosas, pero cómo no, acabamos hablando de hombres.

    Yo estoy convencida que nosotras tenemos un concepto erróneo sobre ellos. No es que los tíos sean raros, no. Es que sencillamente son tan simples que nos resulta difícil concebir que no den para más. Comer, dormir y follar. Es sencillo. Y el orden, obviamente, no altera el producto.

    Luego están sus manías. Esas manías que los hacen más peculiares si cabe. Una de esas peculiaridades es lo que yo llamo “ese maldito sentimiento de propiedad”. Una vez que el hombre X descubre que te mola, jamás podrá concebir que deje de ser especial para ti. Y ese sentimiento acabará transformándose en un “ni contigo ni sin ti”. Así te conviertes en la espectadora de unas reacciones gilipollas que te descuadrarán por completo. Pero hay que desglosar sus diferentes variantes.

    1) Si el tío te mola, pero tú a él no:

    Será esquivo, te pondrá excusas imbéciles y absurdas para no quedar (y más si es a solas contigo) y si pasa el tiempo y sigues soltera… seguirá pensando que te mola y por tanto seguirá comportándose como un auténtico gilipollas. De hecho mi anécdota más destacable al respecto es que después de dos años tuve que decirle al chaval “eh, que no me molas. Que a las dos semanas ya estaba pensando en otro, joé!”

    2)      Si el tío te mola, pero tú a él no y luego sí:

    Se comportará como en el caso 1) y cuando  guanderrepente cae en la cuenta de que le molas, ha pasado el tiempo suficiente para tú pasar de sus muelas. Y lo que antes fue un suplicio ahora lo es más, porque él –como sigues soltera- piensa que sigues perdidita por sus huesos… y ni las piedras podrán esconderte de sus persistentes intentos de aproximación física. Y como, normalmente no quieres quedar mal… pues por no decirle nada le acabas cogiendo una manía…

    3)      Si el tío te mola, tú le molas pero existe algún impedimento (ej. Tiene novia):

    Eso sin duda será lo peor. Es el verdadero sentimiento de propiedad elevado a su máxima potencia. El “ni contigo ni sin ti”. Y entonces se dedicará a jugar, a tantear, ya que es lo único que puede hacer. Quiere estar contigo, pero no puede ser. O mejor, quiere follar contigo, pero no lleva bien eso de poner los cuernos… sobretodo si luego descubre que le molas más de lo que él creía. Sí, ambos decidisteis que no podía ser y tú lo asumirás, pero pasado el tiempo, aun inconscientemente, no podrá concebir que te has olvidado de él. Por eso, entenderá que si estás con otro es para buscarle sustituto… o sencillamente para ponerlo celoso. Yo, personalmente, es esos casos, me limito a coger unas palomitas y disfrutar del espectáculo que me ofrecen con llamaditas, mensajes y demás menesteres que no vienen a cuento.

    4)      El más jodido. El tío te mola, tú le molas y no existe ningún impedimento:

    Aaaah, pero es que en realidad sí que lo hay, aunque tú jamás llegarás a comprenderlo. Es la otra manía de los hombres: empeñarse en ser unos cobardes empedernidos. Ese pánico atroz a que los “cacemos”, privándoles así de su tan estimada libertad.

    Hay para mí una frase que personalmente me toca los cojones: “las tías se enamoran muy fácilmente”. Desde mi punto de vista, esto es completamente falso. Ellos se enamoran con la misma facilidad, sólo que mientras nosotras somos más “echás palante”, ellos son unos cobardes empedernidos. Les entran las fobias y llegan a la conclusión que, esa tía que conocen, con la que se lleva de puta madre y que tanto le pone, sólo se la quiere follar y punto. Y se autoconvencen de ello tan profundamente que se lo creen.

    Ah, pero eso sí, como siguen pensando fervientemente que nos enamoramos con muchísima facilidad, nos las harán pasar putas. Porque claro, son tan especiales que ¿cómo vamos a tenerlos sólo como amigos “especiales” con los que te lo pasas de puta madre, fuera y dentro de la cama, pero luego no quieres salir con ellos? Una mujer así no existe, según su mentalidad.

    Yo, después de casi veintinueve años de existencia, he dejado de preocuparme por ello. Se quejan de que los metemos a todos en el mismo saco, pero ellos sí pueden hacerlo con nosotras. Aunque he de admitir que el tiempo pasa y nunca dejan de sorprenderme. Siempre dicen o hacen algo que me deja patidifusa.

    Por supuesto, yo he vivido todos y cada uno de los casos y los seguiré viviendo, no nos engañemos. Sólo que ahora veo las cosas desde otra perspectiva. No trato de plantearme porqué sí o porqué no. He aprendido a cambiar el chip con facilidad pasmosa lo que luego me permite contemplarlo todo desde una posición divertida. Dejo que se explayen con sus reacciones irrisorias y cobardes, a ver qué excusa me ponen en esa ocasión.

    Quién sabe. Tal vez algún día alguno de ellos consiga sorprenderme. Sí, ya lo sé, es pedir demasiado, pero bueno, si yo formo parte de ese reducto de mujeres que no se encuentran en el mismo saco, impepinablemente debe haber hombres que tampoco lo estén. De lo contrario… seguiré comiéndome los mocos como hasta ahora y consolarse a sí misma está bien, pero al final siempre es lo mismo y te acabas cansando… O no.

     
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