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5月18日 El CastilloSe alzaba impertérrita ante sus ojos. Una fortaleza inexpugnable. Frío. Aquella construcción sólo desprendía frío. Un frío aterrador. Un frío abrasador. Y la certeza de que rozar siquiera una de sus piedras consumiría la vida del osado en un suspiro.
El viento recorría sus lúgubres pasillos y aullaba sobre las almenas avisos de muerte, locura y desesperación.
—¿Estás segura de que es aquí donde debemos entrar? —preguntó la diminuta luz que la acompañaba.
Asintió levemente. Su vista seguía clavada en las enormes puertas de madera. Su voz, se la había robado la noche.
—A mí no me parece buena idea —insistió la lucecita.
Observó a la luna que bañaba con su luz espectral cada esquina, cada arista, cada recoveco, cada piedra que daba forma a aquel castillo. Sin decir nada, dio un paso al frente.
—¡No! —le cortó el paso la diminuta luz—. No sabemos lo que vamos a encontrarnos ahí. —Él me está esperando. —¿Me estás diciendo que hemos cruzado el mismísimo infierno para acabar aquí, en este recodo de maldad? Esto no es lo que me prometiste. —Prometí que te protegería y eso he hecho. Eso seguiré haciendo. —No pienso entrar ahí. Estoy segura que el mismísimo demonio habita en ese castillo. —No te obligaré a hacerlo —respondió con frialdad antes de reanudar su camino.
La tierra tembló, se estremeció. Las raíces de los árboles torturados salieron a la superficie como si trataran de huir. Las alimañas nocturnas chillaron y huyeron despavoridas dejando un rastro de desesperación y torpeza. Un gruñido desbordó las paredes del castillo. Los murciélagos salieron del refugio de las almenas formando una estela oscura para rasgar la luz de la luna.
—Deberías hacer caso a tu amiguita, muchacha —habló una voz cavernosa desde el interior del castillo. Sus palabras hicieron temblar las ramas de los árboles, las hojas del suelo, la maleza—. Abre los ojos a la verdad. Deja de engañarte. Has perseguido un sueño y esto es lo que soy realmente. Pon los pies en el suelo y date cuenta de lo que pasa.
Ahora la tierra se abrió y huesos y harapos salieron a la superficie. Las cuencas vacías de las calaveras les mostraron el horror. Sus mandíbulas se rieron con saña.
—Desapareced de mi vista —rugió autoritaria aquella voz—. Todos. El mundo entero. El maldito mundo entero. Vine aquí para poder encerrarme a solas, en la oscuridad. Y no salir nunca. Si entráis, seréis reducidos a cenizas por mi cólera.
La muchacha lanzó una mirada desafiante a la torre principal. Se irguió, se sacudió el polvo de la ropa y con una sonrisa torcida en los labios le dijo:
—Eso ya lo veremos.
Reanudó la marcha con paso decidido. La luz diminuta trató de interponerse sin resultado alguno. Los manotazos de la muchacha podrían lastimarla.
—¿Es que no lo has oído? Demos marcha atrás. Nos matará. ¡No hay salida! —Siempre hay una salida. —¿Y si no la hay? ¿Y si nos equivocamos? ¿Y si lo que encontramos ahí no nos gusta o no le gustamos a él y nos aniquila? ¿Has pensado en eso, eh? ¿Lo has pensado?
La muchacha se encogió de hombros y le brindó una sonrisa tranquila.
—Es mi decisión. Es el camino que he decidido seguir. Sí, el castillo parece sombrío y aterrador… pero tengo curiosidad por ver qué hay realmente en su interior. Y si entonces, sólo entonces, descubro que lo que hay no me gusta… pues ya improvisaré algo. Pero no me quedaré el resto de mi vida con la idea de que estuve a las puertas de mi destino y no tuve el valor de cruzarlas por miedo a lo desconocido.
Llegaron a las puertas. Empujaron y éstas cedieron sin apenas esfuerzo. “Ya queda menos –pensó la muchacha–. Ya queda menos”.
5月12日 FraseLa importancia de una ciudad
se mide por su sistema de comunicaciones
por Felicidad Martínez Herreros
¿No os parece este un tema más interesante para discutir? 5月5日 En mi memoria encontré...Hace tiempo que quería enseñaros este poema. Tal vez el único del que me siento orgullosa. Y no es porque crea que es, al fin, de calidad, sino porque lo escribí para la clase de literatura de 2º de BUP y el profesor me lo hizo leer dos veces delante de toda la clase. Me lo aprendí de memoria y desde entonces lo rememoro de tanto en tanto. No recuerdo muy bien dentro de qué categoría entra, pero si no recuerdo mal se titulaba...
Romance del último día del prisionero
Qué cruel es aquesta vida
tan dulce como apagada.
Qué soñar tan inesperado,
la guadaña ya se alzaba.
Ruiseñor tú que ya trinas, calla
no anuncies mañana.
Y llorando aquí me tienes,
maldigo la vida amada.
Sueño, que por soñar sueño,
que despertaré mañana
sin ningún yugo al cuello
sin ningua soga blanca.
Caminar libre sin celo,
sin temer alzar la cara
y llorando por ser libre,
riéndome de la guadaña.
Pero aquí solo me tienes,
esperando la llegada.
Ruiseñor tú que ya trinas
quedarás solo en la rama.
4月21日 Rendición y CondenaRendirse es el camino fácil.
Dejarse llevar y lamentarse después.
Hundirse en la autocompasión
y llorar lo que se perdió.
Quéjate del cielo que no pudiste rozar.
Laméntate del valor que no supiste encontrar.
Arrastrar las ilusiones por el fango.
Aferrarse a la derrota que no se quiso ignorar.
Aúllar desesperado a la luna
una promesa que se deshizo al poco de empezar.
Quéjate del cielo que no pudiste rozar.
Laméntate del valor que no supiste encontrar.
Échale a otro la culpa de tu desgracia.
Huye hacia la vida de la que quisiste escapar.
4月10日 El LaberintoLa mugre le llegaba por encima de las cejas. La ropa la llevaba hecha jirones. El calzado era un amasijo de cuero, barro y moho. El pelo enmarañado le caía continuamente sobre los ojos. Jadeaba por el cansancio y las rodillas le flaqueaban a traición.
—Basta… —murmuró, lloriqueó—. No puedo más. No puedo más.
La oscuridad gimió complacida. Los muros de piedra y hiedra rieron a placer. Las ramas de los árboles chasquearon divertidos ante la escena. El viento ululó, terrorífico, extasiado por el miedo y la desesperación que atenazaban a la muchacha. Las criaturas de la noche la observaron impertérritos desde sus escondrijos.
—Esto no nos lleva a ninguna parte —le dijo la diminuta luz, ahora más diminuta y menos brillante debido a la fatiga y el cansancio—. Será mejor que demos marcha atrás. Es la única solución. Jamás encontraremos la salida.
Exhausta, a cuatro patas sobre aquel barrizal, la cabeza hundida entre los hombros y las lágrimas que brotaban como cascadas de sus ojos caían directas al suelo. Apenas tenía siquiera fuerzas para hablar. La respiración entrecortada y balbuceos sin sentido salían de su boca.
—No… —consiguió articular—. No —insistió con mayor convicción aunque su voz seguía temblándole a traición—. No he sacrificado tanto, no he arriesgado tanto, no he pasado por tantas pruebas para ahora echarme atrás. No voy a rendirme. No pienso hacerlo. ¡Me oís! —rugió al cielo nocturno—. No pienso hacerlo.
Una risa maléfica taladró sus oídos, arañó su cordura. Y un coro de voces altisonantes, agudas, acompañó a la melodía.
—Mírate. Estás cansada, exhausta, no tienes apenas fuerzas ni para hablar. Lo mejor es que demos media vuelta. Volvamos a casa. Allí estaremos bien. Cómodos, arropados. No sigas o puede que te arrepientas.
Se derrumbó. Sus huesos fueron a para al húmedo y fangoso barro. Ciertamente estaba casi sin fuerzas. Las lágrimas rodaron ahora por sus mejillas. Sí. Sonaba tan bien. Volver al lugar de donde venía. Ese lugar seguro y cálido que siempre le había protegido. Aquel Bosque que habían creado para ella, para su felicidad. Era tan tentador…
—No puedo —sollozó como una niña—. No puedo. ¡No puedo! Si lo hago, todo por lo que he pasado hasta ahora no habrá servido de nada. Un esfuerzo inútil y no sé si podría volver a intentar pasar por ello. No podría, ¿lo entiendes? No podría. —Sé como te sientes, pero es lo mejor. ¿Para qué seguir luchando por una recompensa que ni siquiera sabemos si nos estará esperando? —Está ahí. Está cerca. Puedo sentirlo. Créeme. —No está cerca. No trates de engañarme. Aún queda demasiado lejos. No puedo más, no sé si tendré fuerzas para enfrentarme a más pruebas. Quiero volver a mi Bosque. Tal vez no sea el hogar que siempre soñé, pero allí tengo lo que ahora mismo necesito: seguridad.
La diminuta luz alzó el vuelo y comenzó a alejarse. La muchacha sintió que el mundo entero colapsaba en su interior.
—No te vayas, por favor. No me dejes sola. Sin ti estoy perdida. ¡No te marches! —Lloró desconsoladamente—. Vuelve…
La oscuridad comenzó a cernirse sobre ella. Las criaturas nocturnas se relamieron, se prepararon para abalanzarse sobre el nuevo manjar. El miedo y la impotencia atenazaron a la muchacha.
A lo lejos, la luz vaciló de repente. Tembló. Se detuvo. Intentó seguir con su huida, notó el miedo devorándola y trató de continuar huyendo. De volver al lugar donde todo era cómodo y fácil, donde no había sobresaltos ni miedo. Pero no pudo.
Dio media vuelta y regresó presurosa hacia la mujer. Se posó en su cabeza, resbaló por su frente y se acercó a sus ojos cerrados. Los besó. La luz era pequeña, diminuta, temblorosa, indecisa. Sin embargo, ante su presencia, la oscuridad retrocedió nuevamente y las criaturas nocturnas se ocultaron en las sombras. Rugidos de rabia resonaron en la noche.
La joven abrió los ojos y miró aturdida a la luz.
—Has vuelto —dijo enjugándose las lágrimas—. ¿Por qué? —Porque en realidad mi Bosque, ese lugar al que supuestamente pertenezco, no es más que un sitio vacío, muerto. Mi lugar está contigo. Siempre. Ahora lo sé. —¿Siempre? —preguntó la muchacha algo escéptica.
La pequeña luz siguió temblando, aún llena de miedo, quizá echando de menos ese lugar al que ya no quería volver. Al que no volvería. Su hogar ya no era ese, sino el que la muchacha le ofrecía.
—Siempre. Puede que vacile, que me entre miedo, que esté a punto de huir. Tú misma me lo dijiste una vez. Pero no te dejaré. Dejarte, sería dejarme a mí misma. Somos parte de lo mismo.
La muchacha se incorporó. Hizo un cuenco con las manos y la luz descendió hacia la cuna que la joven le había improvisado.
—Te protegeré —le aseguró la mujer—. Ahuyentaré tus miedos. Pero tendrás que ayudarme. —Lo haré. Aunque a veces no sabré cómo. —Lo averiguaremos juntas. Confía en mí. —Confío.
Ambas sabían que este último tramo, esta última prueba iba a ser la más difícil. Tan cerca del objetivo, pero a la vez tan lejos. En el horizonte, un atisbo de luz les marcaba el camino, el lugar al que debían acudir. Pero aún debían hallar la forma de salir de aquel traicionero laberinto. Sólo juntas podrían conseguirlo y ahora eran más conscientes que nunca.
—No podrás conmigo —desafió la muchacha al endemoniado laberinto—. No podrás con nosotras. Ya no.
3月22日 El BosqueDecenas de luces diminutas la rodeaban a su paso. Algunas de ellas más brillantes que otras o más pequeñas que otras o más vacilantes que otras o más inquietas que otras. Todas bailoteaban a su alrededor. Unas danzaban sobre su cabeza, pero nunca se atrevían a acercarse mucho más. Otras se atrevían a rozarla con sus diminutos cuerpos luminiscentes y calientes, pero huían de ella presurosas
—No os alejéis —les decía—. No voy a haceros daño.
Pero ninguna le hizo caso. Parecían atraídas por ella y, sin embargo, cuando estaban lo suficientemente cerca, titilaban de pavor. La ansiaban. Ansiaban estar a su lado. La temían. Temían su enorme presencia.
—Por favor, ¿es que ninguna de vosotras va a ayudarme? Necesito vuestra luz para guiarme en el camino. Este bosque es enorme y podría perderme en él.
Intentó alcanzar a una de ellas. La que más de cerca insistía en rozarla. Pero se le escapó de entre los dedos como el agua.
—¿Por qué huyes de mí? Ya te he dicho que no voy a hacerte daño. —Podrías —respondió la diminuta esfera de luz—, aunque tú no lo sepas.
Después de pronunciar la última palabra, todas las lucecitas se dispersaron raudas y desaparecieron entre las copas de los árboles. Se sintió sola y perdida. ¿Adónde ir? ¿Por dónde ir? La oscuridad la envolvía, no podía moverse. Reprimía el gritar de angustia. ¿Qué sentido tenía todo aquello? Podría quedarse quieta. Esperar la llegada del amanecer. Fingir que no pasaba nada, que lo tenía todo bajo control. Pero ¿durante cuánto tiempo aguantaría así?
Entonces se dio cuenta. No todas habían huido. Una de ellas bailoteaba unas veces traviesa entre sus ropas, otras vacilante frente a sus ojos.
—Dime. ¿Tú también vas a huir como las otras? —preguntó como un reproche. —Podría, sí. Pero no voy a hacerlo. —¿Por qué? —Porque no quiero hacerlo. —¿Es que acaso no tienes miedo? Las otras lo tuvieron antes que tú. —Curioso. Primero pides que no nos alejemos y ahora pareces dispuesta a hacerme cambiar de opinión. ¿Quieres de verdad que me vaya? —No, por favor —suplicó abatida—. Necesito tu luz para guiar mi camino. —Hundió la cabeza entre los hombros—. Lo siento. No quise poner en duda tu ofrecimiento. Es sólo que… —¿Qué? —No quería hacerme ilusiones y luego ver como huías al igual que las otras. Eso es todo.
La esfera de luz sonrió. O esa fue al menos la impresión que le dio a ella. Luego se acercó a sus labios y se los rozó con su diminuto cuerpo.
—Claro que tengo miedo —confesó finalmente—. Podrías agitar tu mano sin darte cuenta y destruirme de un sólo golpe. Pero esa perspectiva no va a cambiar el hecho de que no quiero alejarme de ti. Este bosque ha sido mi hogar durante mucho tiempo. Vivía en él feliz y sin complicaciones, hasta que tú entraste como una llama voraz que desgarraba las sombras. Entonces comprendí que había un mundo más allá de esta oscuridad tranquila. Un mundo con el que siempre he soñado, pero que me emperré en encerrarlo en mis fantasías. Quiero verlo, sentirlo, y para eso te necesito, tanto como tú me necesitas a mí para salir de aquí.
La muchacha se mordió el labio en un gesto casi instintivo. Lo comprendía. Claro que lo comprendía. Ella misma había abandonado la vida tranquila que disfrutaba en su propio bosque para internarse por aquella gruta que la condujo a un mundo de senderos extraños, retorcidos, confusos. Todo por un sueño. O eso era lo que ellos le habían dicho. Para ella era más que real.
Extendió sus manos y formó un cuenco con ellas para albergar allí a la diminuta luz.
—No me hagas daño —dijo la criatura poco después, no muy segura ahora de su decisión. —¿Cómo iba a hacerle daño a la criatura más maravillosa que he visto nunca? Hacerte daño a ti sería como hacerme daño a mí misma, traicionarme. Podrías haber huido como las demás, pero no lo has hecho y no sabes cuánto te lo agradezco. Sé que durante nuestro camino sentirás la tentación de huir. Lo sé. Conozco esa sensación. Yo también la he sentido. “Estaba sola en este mundo oscuro, pero ahora que te he encontrado, no voy a apartarte de mi lado. No voy a dejar que nada ni nadie, ni yo misma, te haga daño. Eres la luz que guía mi camino y juntas nos enfrentaremos a nuestro destino.
Acercó las manos a su vientre sin dejar de formar la oquedad en la que descansaba la diminuta luz. El camino quedó iluminado y como un solo ser, siguieron hacia delante.
3月15日 FraseLos libros procuran lo que la realidad no alcanza.
La realidad supera lo que la ficción no abarca.
Felicidad Martínez Herreros
3月10日 EspejosEspejos. Espejos por todas partes. Recuerda haber entrado en la sala, haber dejado la puerta atrás, pero ya no hay puerta, ni paredes. Sólo espejos. Camina desorientada. Debe haber una salida por alguna parte. Entonces se percata. Cada uno de ellos muestra su reflejo, sí, y sin embargo eso no es del todo cierto. Hay matices sutiles aquí y allá. Uno de ellos llama poderosamente su atención.
Observa a la mujer reflejada. Es ella, pero a la vez no lo es. Sus ojos son más oscuros de lo que deberían, las arrugas son más pronunciadas, una fina sombra se cuelga de sus ojeras, una palidez mortecina asoma en su rostro, la línea de su boca parece congelada en una sonrisa maliciosa.
—¿Quién eres?
La sonrisa en el espejo se hace más pronunciada. Siente un escalofrío.
—Deberías preguntarte quién eres tú —le responde. —Sé de sobra quién soy. —¿En serio? —Enarca una ceja. —¿Es esto algún tipo de acertijo? —¿Te lo parece? —Déjate de juegos. ¿Cómo puedo salir de aquí? —¿Salir? —Ríe a carcajadas—. Pero si aún no has entrado. —No lo entiendo. —Oh, claro que lo entiendes. Otra cosa es que quieras verlo.
Se pasea entre el pasillo de espejos. Pone atención en cada reflejo y entonces lo ve. Una puerta detrás de ella. Gira sobre sus talones. Sólo ve más espejos. Entiende. Debe cruzar por uno de ellos. ¿Pero cuál?
Un nuevo escalofrío. Todas las puertas están abiertas. Una luz cegadora no le permite ver más allá del umbral. Y por el marco asoma una figura vestida de negro. No puede descubrir su rostro. Una capucha le cubre la cabeza, pero tras las sombras de su rostro asoma una sonrisa pérfida y cruel.
—Yo podría ayudarte a enfrentarte a él —le dice su reflejo sombrío, aunque sabe que no es ella. —¿Cómo? —Cruza a través de mí. Yo te brindaré la fuerza. ¿O prefieres ser como ella?
Vuelve la vista hacia el espejo que le indica su reflejo sombrío. En él se observa a sí misma. ¿Qué hay de malo en ello?, piensa. Entonces lo ve. Es ella, sí, pero tampoco ésta lo es. Tiene juntadas las muñecas y alrededor de ellas una soga las tiene bien atadas.
—También eres tú. —Sonríe de nuevo su reflejo—. Te guste o no, forma parte de ti. —No es cierto —replica. Da un paso atrás. Es consciente de que así es en realidad. Siente el miedo. —En el fondo lo entiendo. No se está tan mal así. ¿No es lo que buscas? ¿La indefensión? —No. —Oh, vamos. No mientas. Tampoco sería la primera vez, ¿recuerdas? —Aquello fue distinto. —Le tiembla la voz—. Lo dejé atrás. Me prometí no volver a ser así. —Promesas, promesas. ¿Por qué prometes lo que sabes que no puedes cumplir? Tal vez otros crean que no es así, pero tú y yo sabemos la verdad. Sin mí no eres nadie. Sólo un pelele que se cree alguien. —No.
Duda. Duda una y otra vez mientras observa sus otros reflejos. Ninguno de ellos le parece adecuado para cruzar y enfrentarse a la figura oscura que la espera tras la puerta. La muchacha de las muñecas atadas, la de mirada indiferente, la de sonrisa trémula, la de los ojos llorosos, la de porte decidido… Hay tantas y, sin embargo, parecen tan poco adecuadas.
—Admítelo —insiste su reflejo sombrío—. Conmigo sería más fácil. Borraríamos a esa amenaza de un plumazo. Cruza a través de mí antes de que sea demasiado tarde. —No —se oye decir a sí misma—. Eres el camino fácil, sí. Pero nadie dijo que esto lo fuera. —Estás cometiendo un error. Te destruirá. Lo sabes. —Puede. —Sonríe mientras toca uno de los espejos cuyo reflejo es lo más parecido a ella—. Pero seré fiel a mí misma. No a una amargada como tú consumida por la desconfianza.
Cruza al otro lado del espejo. Sólo hay vacío a su alrededor. Enfrente la puerta abierta. La figura sigue ahí, pero de repente algo hace que se aparte de su camino. La salida queda libre.
En la sala de espejos el reflejo sombrío empieza a disolverse. Primero su rostro refleja la frustración. Luego, poco a poco, la sonrisa maliciosa vuelve a congelarse en la línea que marca sus labios.
—Soy parte de ti. Nos volveremos a ver y entonces, ya veremos qué pasa.
3月8日 La ElecciónObservó la oscuridad que vomitaba la entrada de la cueva. Un viento glacial se alzó repentino. Meció las ramas de los árboles muertos, agitó las hojas caídas e hizo aullar a las sombras que dormitaban en el interior de la gruta.
Posó su mano sobre la roca. Un escalofrío erizó el vello de su nuca. Dio un primer paso dubitativo hacia el interior de la cueva, que susurraba su nombre una y otra vez.
—Piénsatelo bien —gorjeó la diminuta criatura peluda que tenía sentada sobre su hombro—. No nos parece una buena idea. —Me espera. Me llama. —Ahí dentro sólo hay oscuridad. Un camino de dolor y sufrimiento. —Me necesita. —No. No es cierto. Lo tiene todo. —Yo no lo tengo. —Nos tienes a nosotros.
Apartó la vista de la entrada y la dirigió a la criatura. Los ojos del peludo brillaban de preocupación, aunque su actitud parecía algo distante.
—¿Vendréis conmigo?
La criatura dudó. Quiso decir algo, pero se lo pensó mejor. Reflexionó.
—¿Merece la pena? —le preguntó a la muchacha—. ¿Crees realmente que merece la pena? ¿Pasar por esa penuria innecesaria? No entres. Quédate con nosotros. Vive en el Bosque que construimos para ti. Allí eras feliz. —No has respondido a mi pregunta. —Ni tú a la nuestra. ¿Merece la pena? —Es mi elección, no la vuestra. —¿Merece la pena? —gorjeó algo enfadada la criatura.
La joven volvió la vista de nuevo a la entrada. El frío heló su alma. Sin duda el camino no iba a ser fácil. Estaría plagado de peligros y una incertidumbre asfixiante. Pero si conseguía mantenerse íntegra, confiar, creer en lo que hacía, la recompensa la estaría esperando.
—Merece la pena —respondió al fin—. Aunque sólo sea por disfrutarlo un sólo segundo de mi vida, merecerá la pena. El Bosque que construisteis y que yo misma hice crecer, no es más que un reflejo, un espejismo. No es real. Esto sí lo es. Al fin lo es.
El peludo ser se acercó a su cuello y lo rodeó con sus diminutos brazos. No parecía en absoluto aliviado, pero no podía más que respetar su elección.
—¿Vendréis entonces conmigo? —preguntó la muchacha ante el gesto de la criatura. —Siempre marchamos contigo aunque no nos veas. Cuando caigas te levantarás sola. Sabemos que puedes hacerlo. Pero también somos conscientes de que necesitarás oír nuestra voz. A veces no te gustará escuchar lo que te decimos, aunque confiamos en que elegirás bien. Es tu vida. Tuya y de nadie más. Somos el resultado de nuestras acciones, nuestras elecciones. Pero suponemos que eso es algo que ya sabías.
Sonrió. Dio un nuevo paso al frente, esta vez más decidido. Luego otro y otro y así hasta que su figura fue engullida por la oscuridad. Su elección estaba hecha.
3月6日 LejosLas olas lamían sus pies. El viento enmarañaba su melena. Sus ojos oscuros contemplaban el atardecer. Las lágrimas resbalaron por sus mejillas. “Lejos”, se repetía una y otra vez.
Alzó el brazo y su mano acarició el cielo. “Lejos. Cada vez más lejos”. El mar rugió una oda amarga.
—No vendrá. —Oyó una voz a su espalda. —Lo sé —respondió. —¿Entonces a qué esperas?
Se encogió de hombros sin apartar la vista del horizonte. “Tiempo. El tiempo lo consume todo”. Se sentó sobre la arena, recogió las piernas en su pecho y allí se quedó, hecha un ovillo.
—Te digo que no vendrá —insistió la voz. —Lo sé. —¿Entonces a qué esperas?
Se encogió de hombros una vez más.
—No tengo otra cosa que hacer —respondió al fin—. Además, se lo prometí. —El tiempo lo consume todo. Tú no serás una excepción. —¿Para qué quiero un puñado de tiempo vacío, un tiempo que no puedo compartir? —Como quieras. Pero te quedarás sola a la espera de una promesa que desde el principio sabías que no se podía cumplir. —Cada cual es libre de elegir cómo vivir su vida. —Allá tú.
Sintió que la presencia se alejaba. Sonrió con amargura. El viento rugió su nombre. El mar reclamó su cuerpo.
—Se lo prometí —murmuró mientras las lágrimas empañaban sus ojos y la noche, las sombras, la oscuridad, la arropaban con su frío, para siempre.
2月6日 Mi Primera PublicaciónBueno, pues ya estoy de vuelta. Espero que con las pilas suficientemente recargadas. Aunque tampoco sé muy bien qué decir, qué contaros.
Sí, claro, podría hablar de mi viaje a Francia por motivos de trabajo la semana pasada, pero mejor lo dejamos. Sí puedo decir, sin embargo, que hubo un par de veces que me hicieron recordar mi viaje a Bélgica para hacer mi Proyecto Final de Carrera hace ya… uf, seis años. Cómo pasa el tiempo. Oh, bueno, claro, y cómo no, decir que fue volver y no parar de decirle a todo el mundo “Que viva España”.
Aunque, sin duda, lo mejor de mi viaje, fue la inesperada ola de mails felicitándome por mi primera publicación. “Mi primera publicación”… ¿Os podéis creer que aún no lo he asimilado?
El cuento o relato corto, como queráis llamarlo, nació de uno de los ejercicios de Taller 7 (ya sabéis, el taller de escritura al que me apunté en septiembre). Cuando Sergio Hartman me dijo en noviembre que tenía intención de publicarlo en Axxon, me sentí abrumada por la alegría y el desconcierto.
Alegría porque no me podía creer que, en tan poco tiempo, desde que ingresara en el Taller, fuera alguien a interesarse por lo que yo escribía.
Desconcierto porque aunque las pocas personas que comentaron mi cuento parecían entusiasmadas con él, no es que estuviera muy orgullosa. Ya me conocéis, soy demasiado estricta conmigo misma. Disfruté escribiéndolo, no sólo porque la temática significaba un reto para mí, sino por todas las connotaciones personales implícitas en él. No obstante, cuando Sergio me dijo de publicarlo y lo releí, no acabó de convencerme demasiado. Empecé a encontrarle defectos aquí y allá. Por todas partes, en realidad. Aunque, si ahora lo pienso bien, posiblemente no fue más que pánico. Pánico porque lo primero que iba a publicar (lejos de la cifi, que es lo que yo realmente escribo) podría no gustarle a nadie y entonces qué. ¿Volver a recluirme en mi caparazón, muerta de vergüenza?
Pero el relato ya está publicado y sólo me queda demostrar que realmente lo valgo, por muy mal que pueda sonar. Y, cuando me asaltan las dudas, sólo tengo que acordarme de los que soléis leerme con entusiasmo y siempre me habéis estado apoyando y de las palabras de mi buen amigo Rudy. Publicar es necesario para mejorar y abandonar el amateurismo que arrastro desde el primer día que decidí que escribir era lo que quería hacer.
Este sólo ha sido un primer paso y tengo todavía los pies en la tierra. Puede ser algo sólo fugaz, pero por una vez haré el esfuerzo de verdad para que no sea así. Me queda aún mucho camino por delante y mucho trabajo. Pero aprendo rápido y esa cualidad debo explotarla al máximo.
Ahora dispongo de algo más de tiempo (no os riáis, que ya sé que os acordáis que en febrero vuelvo a retomar mis viajes), pero vuelvo a sacar horas de aquí y de allá para volver a escribir. Esta semana me pondré de nuevo al día, acabaré lo que dejé a mitad y seguiré soñando (o ya no) que algún día publicaré en papel.
Gracias a todos por estar ahí, por vuestro apoyo, vuestros consejos y todo lo demás. Y para los que aún no saben de qué hablo, aquí tenéis el enlace para poder leer mi primera historia publicada. Espero que os guste y si no –que es lo que realmente me espero pues no se parece a nada de lo que he escrito hasta ahora– ya me diréis por qué para que pueda ponerle remedio.
http://axxon.com.ar/rev/159/axxon159.htm
1月29日 Antes de PartirNunca se me dio bien eso de hacer poemas. Siempre me resultó tan aburrido de leer como difícil de escribir. No obstante, el sábado, repasando uno de los últimos que hice y contemplando lo que me aguarda en los próximos días, no pude más que componer y componer. Supongo que muy poco os dirá a vosotros (es lo que tiene la poesía), pero ante mi partida, quería brindaros con un “regalo”. No quiero ser agorera, pero lo cierto es que este viaje me tiene intranquila, no sé por qué. O tal vez sí. Puede. Quién sabe. Pero no me enrollaré más. Aquí tenéis pedacitos de mí. Siempre.
El Pájaro de la Mañana (8-Enero-2006) Trinando notas desacompasadas Los sueños nocturnos Volaron hasta su rama Atracaron en el muelle Mas los recuerdos golpean Aquello que fue perdido No hay más arrullo que mi piel Mi voz que rasga La cordura de tu ser Que creyeron perder Aúlla el lobo solitario La luna lo ve crecer Cuentos de hadas dormidos Se pierden al amanecer De dedos que me señalan Tiran de mis hilos Golpean la luz del alba No hay más arrullo que mi piel Mi voz que rasga La cordura de tu ser Lo que creíste ver La existencia de mi alma Sólo uno me reclama Y huyo de él El tiempo se volvió fútil En el brillo de sus ojos Coged mi mano Ya estáis a salvo No hay más arrullo que mi piel Mi voz que rasga La cordura
de tu ser
Alcé la Vista (28-Enero-2006) a un mundo nuevo y desconocido. Las palabras sonreían y se escapaban de la razón. Las imágenes, reflejos de sueños perdidos, asomaban juguetonas como en un baile de espejos. Y entre la desolación y el desconcierto amaneció una voz. relegada al olvido cuya llave mi mente borró. Sentí la ira y el miedo galopando en mi orgullo, atenazando el corazón que encerré en la torre más alta, allá donde nadie pudiera imaginar. amenazada por un mar de oscuridad insondable que devora con ilusión, con ansia, esos momentos felices que alcé como maldición. No es más que temor. se confabularon los hados, rugió un mar en calma, la tormenta sonrió, la fantasía tornó realidad y entre la vorágine atrapada volví a escuchar la voz. a un mundo nuevo y desconocido. Sonreí. La llave perdida regresó a mí. ¿Cómo no verla? ¿Cómo dejarla escapar? ¿Cómo se me ocurrió huir? es un presente certero, un futuro que no importa, un deseo que nunca muere, una abrazo que reconforta. Alicia, Dorothy, estoy en
casa.
Ojos de Gato (28-Enero-2006) Ronroneos. Ya siento la ausencia. El miedo. Vacío. Ya siento la ausencia. No quiero. Tiempo. Ya siento la ausencia. Me aferro. Frío. Ya siento la ausencia. Lamento. Observo. Ya siento la ausencia. Espero.
Un Mar de Dunas (28-Enero-2006) se alza impertérrito en lontananza. carente de palabras y que ruge la añoranza donde el reposo ansía la alabanza Tempestad de arena Espejismo de un oasis Donde sueño que me abrazas 12月12日 Inspiración
Una sonrisa, un suspiro, una mirada, una palabra dicha en el momento preciso. Una melodía, un viaje, un recuerdo lejano, una historia pasada que no quedó atrás. Un abrazo, un beso, dos, una palabra prohibida, una idea, dos.
Una hoja en blanco, desesperación. Un deseo que no llega, consternación. Palabras inconexas, imágenes sin son. Ansia descomedida, oasis. Lucha, catarsis.
Un momento, una vida, dos, tres, llega el encuentro. Un hombre, una mujer, dos, tres, llega el tormento. Una historia, dos, tres. Una idea. Sólo una. Ahora dos, tres. Son tres.
Inspiración. Ya lo veréis.
Nunca, jamás, en mi vida había sentido un pánico tan atroz. No entendía la imagen tan recurrida del escritor mirando la hoja en blanco. Pero lo supe. Maldita sea la hora en la que lo supe. Buscar y rebuscar y sentirme vacía, inerme. No había nada más que contar, de lo que hablar. ¿Realmente no lo había?
Sabía de algo de lo que quería hablar pero no encontraba el contexto. Como si mi universo fuera ya completo. Pero era absurdo, tan absurdo que sentí miedo. Y sin embargo la idea estaba allí, esperando ser capturada. Cómo no lo vi antes. Cómo no lo vi. Absurdo. Inconcebible. Sí, inconcebible digo sonriendo ahora, pensando en ti. Pensando en ella, en todas, en ninguna. En mí.
Los Cazadores del Caos, esa es la historia que estoy desarrollando ahora. No será una novela, no será un cuento, será un relato. Pacientemente lo elaboraré esta vez. Ahora está en manos de tres, pero quien quiera saber de él que pregunte. Si queréis ser partícipes lo seréis.
Los Cazadores del Caos, una historia, dos. En realidad tres. 12月2日 MetodologíaNunca he sabido hacer relatos. Nunca. Para qué engañarnos.
La idea viene a mí como una imagen acompañada de música y empieza a crecer y a crecer, aunque no tenga muy claro hacia dónde o hacia qué. No es como un ovillo de lana que se desmadeja, sino como una hoja en el árbol. La hoja crece de una rama y la rama de otra y puede que incluso de otra más. Crece del tronco, que crece de la raíz, que crece sobre un todo mayor que se extiende hacia donde la vista no alcanza. Y así, poco a poco, paso a paso, descubro que la idea primigenia no era más que una pista, un susurro, que trataba de guiarme hacia un destino que jamás contemplé como prefijado; una comprensión que abarca mucho más de lo que había estimado.
Muchos no han sabido o no han querido entender mi método. Lo que me lleva al Todo. Ellos prefieren pensar en la idea como una semilla que germina hasta convertirse en árbol. Y el árbol dará oxígeno de día y lo arrebatará de noche. Florecerá y dejará caer sus frutos. Unos madurarán y crecerán como árboles, otros se perderán para siempre.
Sí. Creo que lo piensan así. Una semilla de secuoya dará secuoyas. No dará olmos, ni perales, ni encinas. Sólo secuoyas. …Qué aburrido resulta para mí. Saber de antemano lo que la idea va a producir.
Es por eso que el relato me asfixia. Saber que la idea existe y no puedo desarrollarla, estudiarla, descubrir su razón de ser, aproximarme lo más posible hacia ese Todo que la ha engendrado.
No niego la posibilidad de ese inconcluso. Ese dejar a la imaginación volar. Coger un momento e inmortalizarlo y permitir que los demás construyan sus castillos en el aire. No voy a negar, sin embargo, que la sola idea me atormenta. Vuelve a mí, una y otra vez, implorándome, preguntándome por qué la dejé correr. Y leo y releo. Y atisbo que en mi mente está la clave para ver lo que sucede, lo que los demás quieren conocer, pero dispongo de tan pocas palabras para hacerles entender…
Hasta la fecha, cada idea ha dado un libro. Y de cada libro una trilogía. De la trilogía una saga. Y de la saga un Todo. Porque cada idea era la hoja de un árbol, que crece de una rama y esa rama de otra y de esa otra al tronco y del tronco a la raíz. De la raíz a la tierra, de la tierra al planeta, del planeta al sistema y del sistema a una galaxia y de la galaxia, quién sabe, tal vez al propio Universo. Y del Universo al misterio de su mismísima existencia. La existencia de MI Universo. Tal vez real, tal vez nada más.
No soy pretenciosa en mis aspiraciones, aunque no niego que deseo con ansia que mi mundo sea vuestro mundo. Que recorráis conmigo el camino que he decidido tomar. Que descubráis el Todo que me he propuesto alcanzar. No me importa que sea de lejos si lo consigo atisbar, apenas rozar…
No voy a juzgar el método que otros decidan tomar. No prejuzgaré a aquellos que sepan tomar un momento y plasmarlo con fidelidad. Sólo quiero que se me tenga en cuenta una cosa:
Nunca he sabido hacer relatos. Nunca. Para qué nos vamos a engañar.
11月16日 El Valor de la Amistad
Cuando todo sea tinieblas, yo seré vuestro faro. Cuando sintáis el tacto de la tristeza, yo os haré sonreír. Cuando no encontréis apoyo, yo os brindaré gustosa mi mano. Porque os quiero, porque me preocupo, porque siempre escucho. Escucho, pero no juzgo. Comprendo.
Cuando las palabras os suenen vanas, os brindaré mi mirada. Cuando las lágrimas os cieguen, abriré las puertas de mi morada. Cuando sintáis el vacío, llenaré vuestro corazón de alabanzas. Porque os siento muy dentro, clavaditos en mi alma. Alma desgarrada, pero por vuestro amor hilvanada.
No pediré nada a cambio, pues nada puedo yo ofreceros, salvo una sonrisa y el amor que os venero. Porque sois pacientes, porque aceptáis como soy, porque entendéis que soy espíritu libre y que nada me ata a esta mundo salvo el cariño que os ofrezco y que me devolvéis con tesón.
No se mide la amistad por tiempo o por espacio, ni siquiera por huecos que rellenar. Perdonadme –es lo que os pido– si angustiada quiero echar a volar.
Estoy ahí… Como un sueño, un susurro, un arrullo… tal vez un lamento. Un latido del corazón que palpita en lo incierto.
Estoy ahí, en lo más hondo, aunque a veces parezca que estoy lejos.
Nota: Siento mucho si a veces doy la impresión que huyo... pero me apabulla la sensación de asfixia y dependencia. Quiero estar a vuestro lado y sabéis que lo daría todo por haceros sonreír. Pero un Dragon como yo se asusta más fácil de lo que parece cuando en su reino todo se desestabiliza a su alrededor sin entender muy bien por qué. 11月9日 Soy Sueño y Nada MásSabéis que no me molan los refritos, pero esta tarde he recordado algo. He estado releyendo algo que escribí en uno de mis cuadernos y... bueno, quería que fuérais partícipes de algo que sentí hace unos... siete meses, creo.
Soy el Guardián que habita la Oscuridad. Soy el susurro que alimenta tu alma. Soy la noche, soy la luna, soy la estrella que guiará tu cruzada. Soy la que no debe ser nombrada. Soy la que se mueve entre las sombras hasta alcanzar tu oído y punzar tu corazón. Soy la que dio sentido a tu vida. La que reapareció y mordió. Soy la risa, soy el llanto, soy la novia de aquellos ilusos que perdieron el rumbo de la emoción. Soy la tinta que recorre tus palabras. Soy la música que consigue lamer tus oídos hasta doblarte el alma. Soy la que escucha y calla. Soy la que habla y comprende. Soy la que viene a avivar tus recuerdos, perdidos en la ignorancia del tiempo. Soy el canto que anuncia mañana. Soy mil páginas en blanco esperando ser rayadas. Soy la pluma que agita sentimientos. Soy la esperanza colmada de frases y palabras, risas y añoranzas. Soy la magia perdida en la laguna de aquel alba. Soy la que esperó el regreso a la orilla de la playa. Soy la que prometió y halló, pero se sacrificó por aquello que llamó una vez amor. Soy el destino incierto consabido por los hados, que esperan mi regreso a los brazos de aquél que por amor traicionó. Soy la lluvia, soy la luna. Soy el beso que a esa orilla no llegó.
Y esto lo escribí un mes antes. Al final os explicaré la moraleja.
Soy Sueño y nada más.
Grito por dentro mientras la impotencia me va consumiendo. Lloro tu nombre al tiempo que tu imagen se aleja arropada por las brumas de la incomprensión. No. No hay otros como tú. Tú pagas tu culpa y yo arrastro las cadenas.
No es el tiempo lo que me preocupa sino la ignorancia. El no saber lo que nunca fue ni será. Todo es mera ilusión que habita un sueño. La distancia es el olvido. El deseo un suspiro. El miedo mi destino.
Cómo intentar huir si no he visto el peligro. Cómo oír las campanas que tañen el lamento si dejé de escuchar la esperanza en su momento.
Seré yo nuevamente en la marea de lo desconocido, nadando a contracorriente como siempre ha sido. Nunca es el momento. Nunca lo es para mí. No puedes hacerme daño pues nací herida. Y las cicatrices de mi alma no las curará el tiempo.
Divagaré entre susurros una vida pasada en la que fui un cabrón sin sentimientos ni pasión, anhelando la caricia de quien me quisiera como soy.
No es dolor sino rabia. No es penitencia sino castigo. Un sueño eterno en el que sólo estoy yo. El conocimiento está ahí. La llave está ahí, pero no la encuentro. No la encuentro. Y como en un sueño, cambiará de forma y con ella, cambiaré yo.
Alzaré el rostro y miraré el cielo, de un azul intenso. Volveré la vista atrás y contemplaré lo eterno. No habrá ira ni dolor, sólo una elección. Pero hasta entonces seguiré siendo sueño, un sueño maldito, guiada en esta oscuridad por las luces que me brindan vuestro amor.
No. No hay dolor. Sólo incomprensión.
La moraleja es que, aunque se trata de lo mismo... el hombre es el único animal que tropieza "n" veces (cuando "n" tiende a infinito) sobre la misma piedra. Y ya el último refrito. Es sólo una frase que he encontrado leyendo el cuaderno anterior, cuando yo firmaba como Lady Jane, La Dama Olvidada: Fui espino y rosa. Ahora marchita, sólo sueño y nada más.
8月25日 En el Taller de EscrituraSí... Ya sé, ya sé. En vez de esta entrada debería haber colgado ya el cuarto capítulo de La Cara Oculta... pero es que no me he podido resistir. Soy débil, lo admito.
Para los que no lo sepáis, hace poco que me he apuntado a un grupo de correo llamado Taller 7. Es, aunque parezca mentira y poco repetitivo- un taller de escritura en donde espero poder finalmente mejorar y no esconder el rostro avergonzada el día que diga, por fin, que soy escritora (juás-juás).
Bueno, pues veréis, en este taller ponen ejercicios -que a mí me gusta llamar deberes, como en el colegio- de lo más curiosos. Por ejemplo, te dan dos oraciones y tú las metes tal cual en un relato de mínimo dos mil palabras. Yo, como niña obediente, en dos días ya tenía el susodicho -jopetas! sólo eran ocho páginas-, así que para que la nena pesadita y repelente de la primera fila no se aburriera, le han mandado el ejercicio anterior y repetir el mismo sin límite en su extensión. ¡Qué peligro! ¡Un mes da para mucho en mi caso! Así que yo, toda emocionada, me puse ayer manos a la obra con la primera parte de los deberes.
El primer ejercicio era hacer lo que ellos llaman cuento que comprendiera entre quinientas y mil palabras y que además incluyera unas diez que te daban en un listado. He de admitir que yo ayer tuve suerte con mis palabras, porque sé de otro al que le tocaron lindeces del estilo: cefalea, cosmogonía, caterba... y así hasta diez palabrejas en total cada cuál más divertida.
Como ya he dicho ayer acabé mi listado de diez en -aunque parezca mentira- un cuento de poco más de quinientas palabras y, he de decir, que me divertí mucho. Ya le he mandado a mis "profes" -en realidad moderadores de la lista- este cuentecito. No es que sea una gran maravilla... pero me gustaría que pudiérais disfrutarlo leyendo, tanto como yo lo hice escribiendo.
Pues eso, que ahí va mi cuentecito que me muero por sacar a la luz. Aaaaay... si es que estoy como una niña en su primer día de cole, enseñando su cartera nueva, su estuche, sus libretas... Luego vendrán los estirones en las coletas, las peleas de recreo... en cuanto vean mis relatos y tengan capacidad para crucificarme.
En el Castillo de Ferdinand de Felicidad Martínez
En el castillo de Ferdinand –más allá de las dunas de plata y los ríos de cristal; sobrepasando las montañas heladas y las cuencas perladas de rocío y verde sin par; cruzando el océano de coral y los valles de Agnearal– los pendones de las grandes casas nobles colgaban de sus almenas, anunciando un día marcado por la festividad. Las damas lucían sus mejores galas, sonrojándose aquí y allá, por una sola mirada de los jóvenes caballeros ante los que no dejaban de suspirar. Los ecos de las risas, repartidas por doquier, se sucedían sin descanso formando una algarabía de júbilo y alegría sin igual. El propio Ferdinand instaba a sus invitados a contemplar las justas, degustar los delicados manjares traídos de tierras lejanas y deleitarse con el dulce canto del más famoso juglar. Mientras tanto, alejados de tanto alboroto y pleitesía, la princesa del castillo –cuya belleza ni las ninfas podían superar– y su apuesto caballero –la rodilla hincada en el suelo a modo de reverencia y la mirada sin atreverse aún a alzar–confesaban algo que sin duda, cualquiera que contemplara la escena jamás podría olvidar. –Pronunciasteis mi nombre y acudí a vos, cual pirómano busca incontrolable la llama, que será capaz de satisfacer su lujuria a la que se ata sin pensar. Me hablasteis de amor y de promesas. Me jurasteis vuestra mano si era capaz de superar las difíciles pruebas. Y con el aroma de vuestros cabellos enredados entre mis dedos, embriagado por vuestra belleza y vuestra inocencia incorrupta, gustoso accedí a vuestros deseos. “Surqué mares de lava incandescente, galopé a lomos de corceles de rugiente locura, crucé los valles del olvido y de la muerte y aún así no desfallecí ni perdí premura. “Me interné en las tierras demoníacas –aún a sabiendas de que el más nimio error me reportaría torturas insufribles y toda clase de desdichas– y sin embargo, ante la adversidad, supe hacerme paso y seguir adelante. “Combatí a embravecidos ángeles enarbolando sus espadas flamígeras y luciendo una intensa aura iridiscente que a punto estuvo de hacerme perecer. Nadé en las cenagosas aguas del pantano de la melancolía hasta que creí perder la cordura, entre el barullo apabullante de los lloros y las risas provocadas por el recuerdo de vuestra aterciopelada piel. “Caminé furtivo entre las tumbas custodiadas por gárgolas grotescas, que guardaban la morada de aquellos que nunca duermen y devoran con ansia el alma de aquellos que osan siquiera rozar la piedra, sin ofrecer tregua ni cuartel. “Conseguí mantenerme íntegro ante las súcubos que, con su efusivo arrullo –evocando oleadas de placer–, reclamaban mi simiente para robarme el aliento y alimentar así su ser. “Y ahora que me hallo aquí, frente a vuestra abrumadora hermosura, postrado a vuestros delicados pies, vos, cúspide de todas mis andanzas, preludio de todas mis desgracias, ¿me decís que habéis cambiado de parecer? … Entonces si es así, con todos mis respetos, princesa, iros a tomar por culo, que yo me voy a visitar a las súcubos que como un gilipollas rechacé.
6月20日 PoemasGracias al nuevo blog de Yokana, me he acordado de mi época más rolera. Más aún, me he acordado de cómo empecé en esto del mundo del rol. Mi primera partida fue un rol en vivo de vampiro, llevando a una Lasombra con apariencia 5; algo no muy fácil de llevar teniendo en cuenta que no sé si a 3 llego... y que sencillamente no sabía muy bien qué era eso de rolear. Si no recuerdo mal, yo tendría unos 21 añitos, hacía nada había escrito Diabólicas (primer libro que acabaría convirtiéndose en un trilogía y más tarde en una tetralogía, sobre el mundo vampírico -whitewolf puro y duro, pero con distintos nombres, para qué engañarnos) y me planteaba acabar el segundo y empezar cuanto antes el tercero. Aún me acuerdo cómo Vanessa y yo nos habíamos inventado un código para llamar a nuesrtas casas por si nos metíamos en problemas o algo así. Sí, ahora me río. Estaba convencida que eso de "vivo" era que durante horas vivías en auténtica paranoia por la calle porque cualquiera podría hacerte algo. Luego fue cuando descubrimos que eso del rol no era para tanto. Me lo pasé genial, pero claramente todos teníamos muy claro que éramos jugadores y no psicópatas en potencia o algo por el estilo. Pero no me voy a enrollar mucho más. Ahora, para quien le guste la poesía (aunque la mía ya sé que es bazofia) deléitense con algunos de los poemas que escribí de "jovencita" hace ocho años ya, y que me sirvieron para ambientarme en el mundo de vampiro La Mascarada y Sabbat.
El cazador de brujas
Vigía en la noche, aguja del tiempo, Camino entre susurros, Me confundo con el silbido del viento. Despertar de despertares, Soñolientos los manjares De la carne ensangrentada Bañando el río a caudales. Se estremecen los sentidos Al oír el gélido aullido. Es la brisa de la noche Y el diablo está conmigo. La madera me protege, El agua me bendice, El aura palidece; Sólo mi alma vive si mi fe no perece. Te muestro a ti, criatura de marfil, El poder que de mis manos emana Ríos de tinta y hollín. La oscuridad se cierra perpetua en la noche, La luna nueva ahuyenta El pecado de aquél que conoce. Mas te sigo incansable entre tinieblas Esperando la oportuna respuesta. Ni brujas ni hechiceras Ni hadas ni blasfemias, Sólo gritos arrancados de tu carne Que se deshacen inocuos ante mis ojos, Mientras sonrío a la hiedra Y limpio el arma poco a poco.
El espíritu del Malkav ¿Locura?, ¿quién dijo locura? Pues aquí estoy. Loco, loquedad, locura. ¿No veis qué feliz soy? Animales trasparentes, Paredes sin color, Elefantes rosas, ¡Que viva la turbia visión! Qué absurda ironía Pretender ser diestros ¡Con lo bien que se vive apelando al siniestro! ¡Ven a mí signo del Malkav y aráñame la piel! Seré testigo de tu marca Golpeando así mi sien. Mas no me nubla la vista Las palabras de mención. Juro que no estoy loco. ¡Demente es lo que soy! El mundo da vueltas En la noria de mi cabeza. Déjame oír tu señal Que con Doña Realidad tropieza. Doña Realidad, Malkav. Malkav, Realeza. ¡Mira!, ¡rima con moraleja! ¿Enfermo?, ¿a quién llamas enfermo? ¿Sabes lo que le dijo el loco al ciego? Si no ves... ¿Por qué no enciendes la luz? Vaya, no rima. Pues pondré ¡uh!
El Repudiado Fui yo repudiado Por mi sangre y por mi sino, Mas yo me siento libre Aunque me tratéis como proscrito. Tornáis la cara ante mi presencia, Orgullosos de vuestro cobijo. Mas no me dais la espalda Por no saber de mi aviso. Así contemplo vuestra hipocresía Y así de vuestras mentes me río. Bajo la sombra de mi ausencia Respiráis al fin con alivio. ¿Me teméis acaso? Creía no ser vuestro enemigo. ¿Deseáis mi muerte? Antes moriréis conmigo. No tengo nada que perder, Pues todo lo he perdido
Alas de corrupción
Y lo observo resbalar pútrido Entre las comisuras de sus labios, Invadiendo el interespacio Como masa gelatinosa y virulenta. Es negra como la boca del lobo Y astuta como una zorra hambrienta; De voz dulce y melodiosa, Arropa sus corazones como abrazo de oso. Y observo sus vidriosos ojos Y contemplo su sonrisa de marfil. Intento proteger al cordero Pero el camino está emponzoñado en hollín. Cae pues el velo de la amargura Tiñendo el rostro de ira y cólera, Acompañando la sombra de la rabia La ironía de un recuerdo placentero.
Revelación
Vosotros que os creéis libres Alejados de las garras de mis manos, No sois más que niños Dormidos en mi pérfido regazo. Atrapados en mis brazos, Invisibles y traicioneros. Seguid estando ciegos; Seguid siendo mis borregos. No encontraréis refugio En los cantos a hombres muertos. Me río ante vuestras súplicas Pues rezáis a las piedras en boca de los cuervos. Venid a mí, criaturas endebles; No os asustéis por los dientes. No son ellos los que muerden. Es vuestro espíritu que me ofende. Probad el sabor de la muerte ¡Y que corra la sangre! Sentid el poder de mi aliento. No soy Lucifer ni un cuento. Soy el deseo que teméis en la noche, Soy la lujuria que escondéis a vuestras mujeres. Soy la paja, soy el trigo. Soy aquél del pacto. No os engañéis... ¡vuestro peor enemigo!
La persuasión
Sentada frente a la muerte Escuché blandir sus palabras. El fuego de sus ojos hechizaban Mis oídos en persuasión. Contemplé su magnificencia Y su serena calma. Sabía que entre sus manos Corría mi suerte inherente Por los vahos del alma sosegada. Posiblemente pude resistirme A sus encantos y alabanzas, Pero no quise hacerlo Porque su magia me embriagaba. Rojo y fuego carmesí Resbalaba de su boca. Sentada frente a la muerte Mi vida fue otra.
Hay unos cuantos más, pero creo que tenéis suficiente bazofia melancólica y juvenil por hoy. Para qué engañarnos. Pero bueno, como es mi blog puedo poner lo que me venga en gana. Ah, no. Lo había olvidado. Ojo avizor sigue rondando Microsoft. 6月6日 RedenciónGracias a ti la vi Gracias a ti la descubrí Gracias a ti la encontré Gracias a ti la escuché. Nublado por el olvido no recordé su nombre Hundido en este mar de oscura incertidumbre Confundido por el velo de la ignorancia maldita Que arrastrome a esta vida de añoranza continua Y al tiempo que la oía escuchaba el rugido del mar Y al tiempo que la besaba supe que realmente la había conseguido encontrar Es por eso que te doy las gracias Por despertar mis recuerdos, por ahuyentar mi pesar Es por eso que imploro perdones Por utilizarte en esa vida y por hacerlo en ésta una vez más Siempre fuiste buena a pesar de lo que te hacía Siempre fuiste compasiva aún a sabiendas que te mentía Y una vez más, como en aquella ocasión Me diste la mano y me arrancaste de la desesperación Ahora ella me ha perdonado ¡Me ha perdonado! Y no he sido yo, sino tú, que me has encontrado Volveremos a vernos, pero no en otra vida pues aún no he movido mi última ficha La amé a ella como nunca antes amé Te amé a ti de una forma que jamás compensaré Lo amé a él más allá de los lazos que nos unen Y a esos tres que tanto quise, a los tres os traicioné. Pido a Dios que me dé tiempo para redimirme por última vez Echo de menos aquellas olas Echo de menos aquella brisa del mar Echo de menos aquel momento en el que por un segundo fui completo y las lágrimas limpiaron mi merecido tormento
Nota: Los tres estáis aquí. Ahora soy consciente. 5月16日 Si Ángeles Fuimos...Y caminé, Oh Yhavé, entre las zarzas y me clavé sus espinas en mis rodillas, pues penitente marchaba hacia la crucifixión injuriada escuchando blandir sus espadas de ira. Porque ira mostraban sus ojos encolerizados por el veneno de la rabia; escupiéronme injurias, Oh señor, de puntas afiladas, mas como tú me enseñaste aguanté piedras y puñaladas. La verdad y mi fe me guiaban, ¡juro por tu divinidad que no portaba más armas! y como tú me enseñaste aguenté la furia callada. Pero dime tú, Oh Señor, si fue en derecho su coartada, mas si tu negación llegase a mis oídos mi furia será calmada pues sabría que no has olvidado a tu sierva y que tu cólera fulminará sus lenguas ensangrentadas.
Esto es el principio de un poema que escribí hace mucho tiempo, cuando una situación muy difícil me hundió en el infierno más cruel que jamás creí pudiera existir. La irá me apresaba sin remedio al tiempo que me sentía encadenada a la impotencia. Rompí en lágrimas como jamás había hecho, sumida en la mayor de las desesperanzas. Seguidamente me puse con el siguiente poema, que incluí en uno de mis libros:
Si mil flores cayeran del cielo caerían ensangrentadas a tus pies por las heridas que abriste en las llagas de mi piel. Si ángeles fuimos, el recuerdo será lo último en ver porque con el corazón herido me has hecho perder la fe. Lloraron tristes las hadas por el encanto que quisiste corromper y la confianza quebrantada la perdimos en el renacer. Mas no blandiré mi lengua sino mi espada que fulminará todos tus pecados lascivos. El arrepentimiento es ahora tardío, pues mis ojos ya brillan en llamas y mi cólera... ya está en camino.
Sin duda, no es ira lo que siento en estos momentos. No es lo mismo lo que lloro hoy que lo que lloré en su día, pero el dolor que vivo en mi interior lo más parecido. Y eso me hunde en la desesperanza. Sé que estoy más irascible en estos momentos, aunque muchos no comprendan que las hormonas siempre me juegan estas malas pasadas. Sé que a lo mejor dentro de dos semanas la percepción no sea la misma, pero ahora, sólo quiero gritar. Me han hecho daño, mucho daño, y aunque no soy consciente de si habrá pérdida o no, sólo me importa el dolor. Las lágrimas amargas que silencio. Dadme tiempo. Sólo pido eso. Tiempo. Tiempo para tratar de comprender y asimilar cuál fue mi error y dejar de llorar por dentro. |
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