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1月10日 Anochecer en Beirut9 de Enero de 2006, Lunes. 1940 hora zulú.
Caminó por el pasillo con paso decidido. Estaba cansada, llevaba un humor de perros. En los últimos días había tenido que lidiar batallas diplomáticas que la habían exacerbado hasta la saciedad. Tenía poca paciencia para esos asuntos. Muy poca. Las triquiñuelas políticas no eran lo suyo. Ella prefería la acción. Entrar en el campo de batalla y no preocuparse por si el diplomático X había dicho Bla queriendo decir Pascual. Sólo actuar y olvidar el resto.
Un guardia le franqueó la puerta. Alto, fornido. No tendría más de veintidós años. Saludó como correspondía y ella le devolvió el gesto. En la sala de reuniones la Comandante Mamá la esperaba con un gesto cordial pero algo tenso marcado en el rostro. Se sirvió un café, ella otro, y esperó a que su superior tomara asiento para hacerle la réplica.
–¿Qué sucede? –dijo saltándose el protocolo.
Muchos años eran ya los que habían compartido juntas en decenas de batallas. Tampoco había nadie más en la sala con ellas, por lo que las formas eran innecesarias en ese momento. Si la había convocado allí de seguro que sería importante.
–Dime Felicidad, ¿cuándo fue la última vez que hablamos de Beirut?
Un escalofrío recorrió su espina dorsal. No era un recuerdo agradable. Cuarenta y ocho horas de dura batalla sin descanso. Los gritos de sus hombres como el fallecido soldado Trapo grabado a fuego en su cerebro, la desesperación asomando por la boca del cabo primera Alcohol de Quemar… No. Nunca podría olvidarlo. Nadie podría olvidar nunca lo que había supuesto la batalla por la reconquista de Beirut a manos de las fuerzas enemigas. Había pasado tanto tiempo y, sin embargo, parecía haber sido hace tan poco…
–Ayer hizo exactamente nueve meses –respondió algo incómoda por la pregunta. –Bien. Será mejor que le eches un vistazo a esto.
Recogió la carpeta que había sobre la mesa y que la comandante Mamá había deslizado suavemente por su superficie pulida en su dirección. La abrió y el temor se apoderó de ella. Repasó un par de veces los datos recogidos por Inteligencia. El informe no dejaba lugar a dudas. Las fuerzas enemigas se habían vuelto a hacer con el control de Beirut. “Ya se lo advertí a todo el mundo –correteó aquella idea por su mente, sumida en la incertidumbre–. ¡Se lo advertí, maldita sea! No había que bajar la guardia en ningún momento”.
Aquello no debería haberse repetido. Entonces fueron siete meses. Siete meses de asedio. Ahora hablaban de nueve. ¡Nueve meses nada menos! Se habían confiado y así lo pagaban.
–Creo que ya va siendo hora de que tomes el mando de tus tropas una vez más y expulses a esa escoria de nuestra tierra. –¿Me estás pidiendo acaso que vuelva a ese infierno? –preguntó la sargento Felicidad intentando tragar saliva por su garganta seca. –¡Mira las fotografías tomadas por el satélite! La situación ha llegado a un punto insostenible.
La comandante Mamá casi la obligó a ver de nuevo el horror reflejado en el informe. Las imágenes cruzaron por sus retinas y tuvo que hacer grandes esfuerzos por no apartar la vista ante el horror. Todos los esfuerzos habían sido inútiles. ¡Inútiles! La Colina de la Mesa, el Pantano de los Zapatos, el Valle de la Cama, el Risco del Ordenador… Los rebeldes incluso habían formado trincheras en la única vía de escape factible. ¿Por qué no lo vieron antes? ¿Por qué? Se lo advirtió. ¡Se lo advirtió más de una vez!
–No puedo mandar ahí a mis hombres. ¡Será una auténtica carnicería! –Irá allí, sargento –retomó la comandante el poder de sus galones– , expulsará al invasor y lo hará antes de que acabe el fin de semana. –¡Eso es un suicidio! –exclamó antes de darse cuenta de su error por hablarle así a un superior–. Señor –suavizó el tono–, si me permite hablar. No creo que pueda reunir los efectivos suficientes en tan poco tiempo. Es más, tengo asignadas otras misiones para esa fecha. Deberes que no puedo rehuir. Y lo que usted me pide es que tome Beirut en menos de veinticuatro horas cuando la última vez, sufriendo un asedio de siete meses (no nueve como ahora), nos costó cuarenta y ocho. ¡Cuarenta y ocho! “Señor, incluso aunque la contienda pudiera llevarse a cabo con éxito, ¿después qué? ¿De nuevo el abandono? ¿Qué será esta vez? ¿Siete, nueve meses? ¿Puede que más? ¿Cuántas veces tendremos que pasar por esto? ¿Cuántas? –Las que haga falta, sargento. Las que haga falta.
Así zanjó la comandante Mamá la discusión. No había nada más que añadir. A lo largo de la semana la sargento Felicidad reuniría a sus hombres y los llevaría en menos de cuatro días a una muerte segura.
Observó de nuevo las fotografías. Los rebeldes se habían atrincherado bien, pero su experiencia le decía que aquello apenas sería una muestra de la cruda realidad. Había demasiadas cosas que el frío objetivo de la cámara no había captado. ¿Qué habría detrás de las Cataratas Cortina?, por ejemplo. ¿O en las Cuevas del Armario Ropero? La Senda hacia la Colina mostraba peor aspecto que la última vez.
–Menos de veinticuatro horas –murmuró antes de levantarse de su asiento–. Ningún hombre ha podido realizar antes tal hazaña.
Sonrió con la boca torcida. Ella no era precisamente “ningún hombre”. Sin duda, de conseguirlo, la proeza resonaría en los anales de la historia. Luego una sombra le cubrió el rostro. ¿Cuántos hombres morirían esta vez por conseguir la gloria? Una gloria fugaz.
Salió de la sala de reuniones. Era mejor pensar en la gloria que atisbar el inminente fracaso. En realidad ¿a quién le importaría el resultado? Siempre se repetiría la misma historia. Beirut, esa tierra de nadie, ese cementerio de valientes. Esta vez, ¿también caería ella?
–Pronto lo averiguaremos.
Moraleja: Nunca aprendo.
Nota: Para aquellos que no lo sepan, la batalla que se menciona tuvo lugar el 7 de Mayo de 2005 y se dio por zanjada el 8 de Mayo de ese mismo año. Para quien quiera hacer memoria, que entre en la Categoría de Batallas y se dirija a la entrada Reconquistando Beirut. Una de las contiendas más recordadas en la historia de este blog.
7月22日 La Batalla de Moixent (sólo para reveros del UC-Crow)Domingo, 17 de Julio de 2005
0900 hora zulú Moixent, Valencia El sol de la mañana incidió en sus pupilas. Apartó momentáneamente la vista recordando las penurias del día anterior bajo un ardiente sol capaz de derretir el cerebro y toda razón. Una brisa fresca alivió el escozor de aquella punzada y le permitió contemplar el panorama que se alzaba ante ella. Todo estaba inusualmente tranquilo. Sus soldados dormían en sus catres plácidamente. No tenía intención alguna de despertarlos. Tenían bien merecido aquel descanso. Sonrió risueña. ¿Quién diría que horas atras había tenido lugar la más dura de las contiendas jamás vivida por ella hasta la fecha? Entró en el comedor y se sentó junto a sus comandantes para dar buena cuenta de la comida de rancho matutina y hablar de forma distendida de lo acontecido esos días. Ahora podían respirar aliviados, orgullosos de las decisiones tomadas durante la campaña, porque ya nada volvería a ser como antes.
Viernes, 15 de Julio de 2005
2330 hora zulú Moixent, Valencia Observaba intranquila los rostros de aquellos hombres y mujeres sentados alrededor de la mesa emanando recelo en su mirada. Sus comandantes habían tomado la iniciativa, pero ella sabía que algo no marchaba bien en aquella composición. Mucho había sido el sacrificio sufrido para llegar a aquel punto sin retorno. Ya habían sido armados y equipados, conducidos hacia su estrategia a seguir durante el desarrollo de la contienda y aún así, la General Felicidad albergaba sus dudas. ¿Serán capaces de sobrevivir a mañana? ¿Encontrarán la forma de superar los retos que les han sido impuestos? La mayoría no ha vivido nada por el estilo y es por eso sin duda que no les veo convencidos. Deben comprender que aún siendo soldados, sin ellos, esta dura batalla ni siquiera podría tener lugar.
Tal vez debió dejar constancia de la confianza que tenía en sus comandantes aquella noche. Tal vez no debió interrumpirles en su discurso... pero ella era la General, la principal responsable de aquellas tropas y como tal, si no se los ganaba a ellos primero, ni siquiera serían capaces de ganar la primera batalla.
Cruzó los dedos mentalmente y pensó: dios mío dame fuerzas. Mañana será un largo día.
Sábado, 16 de Julio de 2005
1400 hora zulú Moixent, Valencia Reunió a sus comandantes para que le fueran poniendo al día con sus informes. Hacía apenas unos segundos había tenido lugar una complicada batalla espacial, el resultado de la cual -aunque aún no lo supieran- iba a marcar el destino final de toda la guerra.
-Comandante Pepe, informe.
-De momento no han sacado nada en claro con la nave de exploración. Por otro lado, las tropas siguen dispersas. Continua habiendo dos bandos claramente diferenciados. Los de Canard han llegado y por cómo van no hay duda que quienes les buscan van a saber rápido quienes son.
-Bien -convino la General-, por como se ha desarrolado la batalla espacial, Fredon está claramente preocupado. Sabe que la flota kord se acerca a Nueva Colonia y que de no conseguir tropas pronto, las cosas se van a poner feas. Canard sigue sin querer hablar con él, así que es imperativo para él entablar contacto cuanto antes con Silavi.
-Entiendo. Hablaré con los fredonitas y les explicaré la situación.
-Perfecto. Comandante Hinuden, informe.
-Ciertamente no sé nada.
–¿Comandante Tegui?
-El grupo de exploración se ha hecho con todo, pero no se fían de lo que pueden encontrar en el asentamiento o mejor dicho a quien pueden encontrar en Amanecer. Veo cierta tensión con Vargas, pero creo que el sentimiento es mutuo. Y... han encontrado la nave. ...Las dos.
-¿La han abierto?
-No. Aunque creo que pueden estar cerca de conseguirlo si maduran más su intuición.
-De acuerdo. Debemos prepararnos para la tarde. Las cosas se van a complicar muy pronto. Si es cierto que han conseguido las muestras y demás, las Faiory no tardarán mucho en aparecer. Por otro lado tengo que hablar con Garlok y El Profesor para deshacer un entuerto. Me da a mí que eso va a cambiar también las cosas.
Disolvieron la reunión y se sentaron junto a sus soldados para comer con ellos de rancho. Sus oídos estaban atentos a cualquier comentario. La General Felicidad estaba cansada, exhausta, viviendo interminables, bochornosos y tediosos capítulos de salsa rosa por parte de un soldado que la sacaban de sus casillas, la desconcentraban y le hacían perder el hilo de la batalla.
Quería obligarse a comer, pero no podía. No tenía el estómago convencido de que era lo mejor para él. Salió del comedor y disfrutó unos minutos en silencio mientras se deleitaba con un cigarro. A cuenta gotas fueron saliendo el resto de soldados. Muchos vociferaban y contaban anécdotas, otros se limitaban a observar. Esos eran precisamente los que a ella le preocupaban. ¿Serían conscientes en realidad del enorme peso que había colocado ella en sus hombros? Había vivido dos batallas anteriores ya con ellos y hasta la fecha no la habían defraudado. ...Rezó por no tener que lamentar su muerte.
Sábado, 16 de Julio de 2005
2145 hora zulú Moixent, Valencia Había convocado una reunión urgente. Hasta le fecha, con todas las batallas que marcaban su espalda, nunca antes se había enfrentado a una situación así.
-¿Qué hacemos? -preguntó a sus comandantes tratando de imprimir la importancia justa a su voz
-¿Qué sucede?
-Han descubierto lo de las Faiory, lo de Amanecer Carmesí, han hablado con los Gnöck, Canard y Fredon se han aliado, se han unido contra todo pronóstico, no ha muerto nadie. En contiendas anteriores la mitad ya estarían criando malvas y ¿eso que implica? Que la resolución no podrá tener lugar de forma ordinaria y eso me preocupa. Hay quienes esperan la batalla final como agua de mayo y no sé si vamos a poder dársela.
-Señor, es fácil. Dejémosles hora y media más para que resuelvan lo que todavía les queda y que luego ellos decidan si quieren entrar en batalla o no.
-Espero que tengas razón. Eso espero. Ahora iremos a cenar. Yo debo prepararme para la llegada de Minhoc El Implantes.
Domingo, 17 de Julio de 2005
0002 hora zulú Moixent, Valencia Aún no podía creerse lo que estaba sucediendo. No podía sentirse más orgullosa de sus soldados. Sus comandantes acudían a ella con noticias que la sorprendían conforme el tiempo iba pasando. Tal vez no se estuviera desarrollando una batalla campal, pero sin lugar a dudas, la guerra la estaban lidiando con un arma poderosa, su inteligencia y sus ganas de seguir en pie por la causa.
-Están reparando los escudos de la nave de los exploradores.
-Que ¿¡qué!? Pero ¿cómo demonios...? Si no tienen los recursos necesarios.
-Tuercas y Magui están mano a mano.
-Lo sabía. Sabía que de juntarse las dos seremanitas acabaríamos viendo algo así. Lo sabía.
-Les dejamos, ¿no?
-Si consiguen lo que hace falta, por supuesto.
Salió de la nave para controlar lo que estaba sucediendo fuera. Para su asombro, la gente se afanaba en poner barricadas y trampas bomba para la llegada amenazadora de las tropas kord. Se quedó de pie, en jarras, con una amplia sonrisa de satisfacción iluminándole el rostro. Sin duda no había podido elegir mejores soldados que aquellos. Hubiera batalla final o no, aquella situación que estaba viviendo era impagable.
Domingo, 17 de Julio de 2005
1200 hora zulú Moixent, Valencia Les oía hablar y hablar emocionados de lo acontecido el día anterior.Escuchaba sus anécdotas, descubría sus estrategias y su alegría desbordante la contagiaba. Acudían a ella para felicitarla y poco a poco se sentía cada vez más orgullosa de sus comandantes, pues sin su apoyo aquello no hubiera sido posible.
Antes de que todo aquello tuviera lugar, la General se había prometido a sí misma no volver a plantearse siquiera entrar en una contienda como aquella. Pero sus soldados la alentaban y sus fieles comandantes la apremiaban a volver a intentarlo.
Permaneció largo rato en silencio, haciendo balance de lo sucedido hasta la fecha. Antes estaba convencida que nada podría hacerle cambiar de opinión... pero tampoco antes se había planteado un resultado como aquel. ¿Quién lo iba a pronosticar?
Pasaría una larga temporada hasta que volviera a convocar a sus hombres hacia una nueva batalla y para cuando eso sucediera muchas cosas deberían estar claras.
Observó el sol de mediodía. Vio como poco a poco el campo de batalla iba quedando vacío. ¿Sería posible superar algo así? Sólo el tiempo y la historia podría decírselo y sin embargo, la victoria siempre dependería de sus pasos. Era el precio de ser General. Su responsabilidad.
Entró en su vehículo con la intención de abandonar finalmente el lugar que quedaría marcado por la historia. Aunque por supuesto... aún había demasiadas cosas por devenir, a la vez que solventar. Sonrió con amargura. Sólo tendría lugar algo así, si sus valientes comandantes continuaban a su lado. Eso sí que no era negociable. Le dio a la llave de contacto y partió rumbo hacia nuevas batallas. Porque haberlas, las habría. 5月9日 Reconquistando Beirut7 de Mayo de 2005, Sábado; 12:00 de la mañana. La sargento Felicidad observaba desde su posición cómo el enemigo había conseguido montar una férrea defensa en la Colina de la Mesa y el Pantano de los Zapatos. Todo era culpa suya, lo sabía. La Comandante Mamá había decidido lavarse las manos en aquel asunto hacía meses y ella, había estado lidiando durante demasiado tiempo otras batallas, descuidando la que debería haber tenido lugar mucho tiempo atrás. La de su propio territorio. Volvió la vista sobre sus soldados, sabiendo que tal vez aquella sería la última vez que los viera con vida. Suspiró hondamente, con resignación. Las primeras horas, sin duda, iban a ser decisivas para la moral de sus muchachos. No obstante, la sargento Felicidad no las tenía todas consigo. Aquello iba a durar más de lo que sus estimaciones sospechaban. Demasiado. 7 de Mayo de 2005, Sábado; 2 horas después.Un ataque sin cuartel había tenido lugar en la Colina de la Mesa. Las ordas enemigas habían huído hasta el Valle de la Cama donde se reagrupaban con una cordinación ejemplar. La sargento Felicidad, no contenta con las medidas adoptadas, decidió hacer un barrido sobre el terreno colindante, donde pudo ver con espanto como en la escarpada Montaña de la Estantería se atrincheraban parte de los soldados del ejército enemigo. Nunca, jamás, lo admitiría ante sus hombres, pero lo que en principio parecía una campaña sencilla... iba a complicarse más de lo esperado. Un reconocimiento previo antes del primer ataque había revelado dos únicas zonas de ocupación, pero la realidad era bien distinta. Beirut había dejado de ser patria de la sargento. Apretó los puños para contener la rabia. No. No iba a permitirlo. Beirut había sido su hogar y, aunque lo abandonara con demasiada frecuencia, siempre volvía a su patria en busca del merecido reposo. Ahora ya no se podía ni pasear libremente; no sin miedo a que en el Pantano de los Zapatos alguna mutación extraña saltara de improviso con intenciones hostiles. No reconocía la Colina de la Mesa ni la Montaña de la Estantería ni la Meseta de la Noche ni los Riscos del Ordenador ni tampoco ya el Valle de la Cama. Reagrupó pues a sus soldados y se replanteó su estrategia. No cesaría en su empeño de devolverle a Beirut su libertad. 7 de Mayo de 2005, Sábado; 21:00 horas. -Señor, por favor -trataba de hacerle entrar en razón el cabo Escoba-. Los hombres están cansados, llevan horas luchando sin tregua. Si no se toman al menos unas horas para recuperarse de las heridas puede que no lleguen hasta mañana. La sargento Felicidad volvió la vista sobre los estenuados soldados. Reconoció entre ellos al soldado Trapo, dando evidentes muestras de hallarse en las últimas. Sin duda no pasaría de aquella noche. Cerca de él estaba el cabo primera Alcohol de Quemar. Un hombre de gatillo fácil, pero que gracias a su rápida intervención había conseguido contener el intento enemigo de arremeter con un ataque bacteriológico. ...Sí. Sus hombres habían luchado bien aquel día. La sargento hubiera preferido que la guerra diera por terminada aquel mismo día, pero siendo sensatos, no había conquista o reconquista que no llevara su tiempo. -Que se vayan a descansar -ordenó finalmente-. Mañana será un largo día. 8 de Mayo de 2005, Domingo; 16:00 horas. No podían rendirse en esos momentos. Quedaba tan poco para cumplir con sus objetivos... Sin duda los Riscos del Ordenador sería prueba de fuego para la moral de sus hombres. El soldado Trapo II, hermano del ya fallecido soldado Trapo, se arrastraba por la mugrienta superficie del complejo enemigo, llegándole la mierda hasta las orejas. Su único apoyo era el cabo primera Alcohol de Quemar, que ya comenzaba a dar síntomas de agotamiento. Pronto sus reservas serían nulas. La sargento Felicidad observó una vez más los informes y los mapas. Si bien la Colina de la Mesa apenas oponía ya resistencia, el Valle de la Cama volvería a ser invadido cuando los ataques sobre el Pantano de los Zapatos tuviera lugar. Aquella guerra parecía que no acabaría nunca, pero ello sabía que la reconquista no podía demorarse más. Si permitía siquiera posponer la lucha una semana, eso implicaría que todos sus esfuerzos hasta la fecha habrían sido inútiles. La muerte de sus hombres -hombres como el soldado Trapo- no habría servido de nada. Y eso no estaba dispuesta a consentirlo. -¿¡A qué hemos venido, decidme!? ¡No hemos venido a llorar! ¡No hemos venido a que el enemigo se ría de nosotros en nuestras propias narices! Hemos venido no sólo a recuperar nuestra patria, sino a caminar orgullosos por nuestras tierras sin miedo a que el invasor nos diga dónde sentarnos, dónde debemos trabajar, a quién podemos invitar y a quién no. Quiero dormir en Beirut sin miedo a que uno de esos montículos sospechosos me salte a la cara; quiero ir a la Colina de la Mesa y comer, escribir tranquilamente, tomar un café con los amigos, ¡encontrar mis putas llaves cuando las busco!; quiero que en el Pantano de los Zapatos haya sólo eso, Zapatos; no quiero tener que llegar al punto de ir de puntillas, con máscara, guantes, forrado como un puto condón para que sus armas bacteriológicas no tengan efecto sobre mí. Beirut es nuestra tierra, ¡nuestro hogar! y lucharemos hasta la muerte si es preciso para conseguir ¡nuestra libertad! Aquellas palabras insuflaron nueva esperanza a la causa. Tal vez tardara más de lo necesario, pero de una cosa estaba segura. De aquel día no pasaría la guerra. O el enemigo era destruido o ella sería destruida... y no tenía intención alguna de que así fuera. 8 de Mayo de 2005, Domingo; 19:00 horas. La sargento Felicidad, sentada con las piernas cruzadas en el Valle de la Cama, se encendió un cigarro y se llevó a los labios una copa de vino de cariñena reserva del 2001. Echó un vistazo a su alrededor y comprobó con satisfación que el enemigo había sido reducido al fin. El cabo Escoba le corroboraba la información informádole que en la última barrida realizada, se había desmantelado un contingente escondido detrás del Valle de la Cama. Beirut volvía a ser libre. Observó el Cementerio de la Basura, donde el soldado Trapo II yacía. En un principio parecía que sería posible recuperarlo tras hospitalizarlo en Lavadora, pero la Comandante Mamá negó sutilmente con la cabeza. La suerte de Trapo II como la de su hermano, ya estaba echada. De su grupo de choque sólo el cabo primera Alcohol de Quemar había sobrevivido a la campaña. Ahora descansaba tranquilo en las instalaciones subterráneas de la Meseta de Noche. Sin duda un merecido descanso. Volvió la vista con preocupación sobre la Colina de la Mesa. ¿Durante cuánto tiempo se mantendría aquel periodo de paz? ¿Una semana? ¿Tal vez dos? Sin duda el enemigo volvería, puede que incluso con más fuerza. Pero hasta entonces disfrutaría de su querida Beirut, reconquistada el 8 de Mayo de 2005 después de más de siete meses de asedio.
Moraleja de la historia: nunca dejes más de siete meses tu cuarto sin limpiar o las montañas de mierda te impedirán ver el sol. |
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