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日志


11月2日

Iberia, esa gran bromista del infierno

Allá por Pascua descubrí ante mi asombro la existencia de un agujero negro en Galicia. La sensación de impotencia y la cara de gilipollas que se te queda cuando eres consciente que no hay medio de transporte que te saque de la provincia y te permita llegar a tiempo para ir a trabajar, es insdecriptible. Yo me recuerdo a mí misma pensando: "Hola, soy Dorothy Fel en Santiago de Oz, me lo he pasado de puta madre, he conocido a gente muy interesante, pero yo me quiero ir a mi casa de una puta vez". Porque Galicia es muy bonita, muy verde, un lugar de cuento para los que no estamos acostumbrados... pero yo necesito más de dos horas de sol al día. Estoy un poco hartita ya de acabar como una pasa arrugada cada vez que voy allí, porque o llueve o llueve mucho o, bueno, también llueve algo más.
 
Pero yo olvidé este pequeño detallle. O mejor dicho, no asumí del todo que Vigo está en Galicia, porque toda cabezota yo, pasé este puente en aquellas tierras. Y después de cuatro días a remojo, haciendo barricadas de bocks (vasos grandes de cerveza) en el bar al que estábamos abonados y ampliando mis conocimientos frikis, tocaba volver. Y decir "tocaba" es la palabra clave.
 
Llegamos al aeropuerto con más de dos horas de antelación, nos acercamos al mostrador para facturar, entregamos nuestros DNIs, pasa el tiempo... el tiempo pasa... y el chico de facturación nos dice "hay un problema. Este vuelo no existe. Fue cancelado hace tiempo". Mi cara fue de "creí que hoy era el día de Todos los Santos no el de los Santos Inocentes". Pero no, él no iba de broma. Primero la incredulidad y luego, conforme el chico nos iba informando creo que nuestros pensamientos fueron derivando a "matar humanos" o "ganas de matar aumentando".
 
-Si se canceló hace tiempo ¿por qué no nos han avisado? -le preguntó Alfredo, cuya vena del cuello comenzaba a mostrar un aspecto cada vez más y más amenazador.
-Eso es cuestión de su agencia de viajes.
-Pero si ¡lo compramos por Iberia!
-Así que Iberia -pensé yo- es una agencia de viajes del estilo "Pepito y María, viajes de ida a ninguna parte S.A."
 
Finalmente deciden recolocarnos en otros aviones haciendo transbordo hasta Valencia. De los cinco que éramos los afectados en nuestro grupo, tres los enviaron a Madrid (esperando seis horas en Vigo al avión) y dos (incluída yo) a Barcelona (esperando siete horas en ese aeropuerto). Cuando el tío sonrió hacia el suelo y de manera jactacciosa dijo "pues llegaréis a Valencia a las once de la noche". Mis pies se volvieron garras y se aferraron al suelo como las águilas para no ir y partirle la cara. Uno, porque la culpa no era suya al fin y al cabo. Dos, la maleta te pesa y dificulta el movimiento. Tres, que haya un mostrador de por medio y tengas que saltarlo para alcanzar al tipo impide el efecto sorpresa deseado.
 
Así que ayer, en vez de llegar pronto a casa, descansar, adelantar faena y hacerme a la idea que las vacaciones se acabaron y toca volver a currar, me pasé como unas ocho horas en el limbo, en ninguna parte, en la zona muerta que llaman tránsitos, después de que en Galicia su agujero negro se tragara nuestro avión que, según ellos, jamás existió.
 
Y para rematarlo, el momento de mayor tensión fue cuando llamó Carlos -que se marchó en el grupo que destinaron primero a Madrid- para anunciarnos que el vuelo a Valencia había sido cancelado y que los estaban alojando en hoteles. Conforme nos lo cuenta, yo veo en el monitor que el vuelo anterior al nuestro ha sido cancelado y del que nos corresponde no sabemos nada... hasta quince minutos después en el que descubrimos que, para empezar, sufre un retraso de una hora. Yo me quería morir. Teniendo en cuenta que tuve que pedir el viernes libre en el trabajo, que el jueves me enteraba que no me daban puente y que, por tanto perdería no uno, sino dos días de vacaciones de navidad... si llego a llamar hoy para decir que no puedo ir a trabajar... creo que me hubieran dicho "anda bonita, quédate lo que quieras, las maletas te las dejaremos en la puerta para que no tengas ni que llamar para entrar a recogerlas".
 
Después de unas vacaciones que merecen un post a parte, tuve que agradecerle a Iberia un día tan "entretenido". Y digo yo, si después de sacarme la tarjeta Iberia Plus no han parado de enviarme publicidad sobre vuelos y demás... ¿qué cojones les costaba avisar que ese vuelo había sido anulado? Mmm... puede que la tipa que lo lleva temiera romperse una uña tecleando. Es tan comprensible... que sólo me apetece romper dientes... para que al menos les cueste eso de sonreír cuanto te dicen "buenos días, Iberia le informa que vamos a darle por culo, pero no se preocupe, sólo será durante un par de horas. Relájese y disfrute".
9月12日

Los Lunes

Hoy, mientras iba en el coche de camino al trabajo, sumida en mis propias elucubraciones, he descubierto ante mi sorpresa el mayor error en la historia de la humanidad: los lunes.
 
El lunes no es sólo un día más en el calendario. En realidad es como el día de Año Nuevo, cargado de buenos propósitos que, en la mayoría de los casos nunca llegan ni a empezarse. Cuántas veces nos habremos dicho a nosotros mismos o les hemos oído decir a los demás: "el lunes empiezo la dieta" -y durante el fin de semana te has puesto las botas como si se fuera a acabar el mundo-, "el lunes me apunto a un gimnasio" -y en los días anteriores has ejercitado el sillonbol-, "el lunes me pongo las pilas en el trabajo" -y lo primero que haces al llegar al curro es leer el correo y mirar la mula quien la tenga-, "el lunes dejo de fumar"... ¿Cuánto de todas esas cosas dura de lunes a lunes? Pocas, seamos sinceros.
 
Mirando por la ventanilla del coche corroboraba una vez más que el lunes la gente está tan cargada de buenos propósitos que colapsan el tráfico. Siempre hay algún tipo de retención los lunes por la mañana. Y claro, todos se estresan antes de empezar. Piiiii-piiiiii oiga, déjeme paso que yo ya tengo marcados mis buenos propósitos. Pooooo-pooooooi oiga, a la cola como todo el mundo que yo llevo los buenos propósitos de la semana pasada y ésta. Y como en el día de Año Nuevo, conforme va pasando la semana, la gente se va olvidando de ellos... y resulta más cómodo, menos estresante y más rápido llegar al trabajo.
 
¿Para qué los lunes? Sin duda los lunes son malos para la salud mental. Provocan estrés. Mientras pretendes pasar una buena tarde de domingo sólo puedes pensar en el lunes. Y tu vista vuelve una y otra vez al reloj: me quedan doce horas para ir al trabajo, me quedan seis... mierda, puto despertador, puto lunes, puto tráfico...
 
Y ¿a quién le debemos la maravillosa existencia del lunes? ... A Dios. Dios llegó un día ocioso y dijo "mira, yo que llevo desde antes de que el tiempo existiera sin pegar ni chapa, hoy LUNES voy a empezar un buen propósito". Y sí, el tío empezó bien. Que si separo la luz de la oscuridad, que si formo la tierra, que si ahora le meto agua, que si ahora le pongo bichitos, que si ahora animalillos y plantas... Pero claro, empezaron a pasar los días ¿y dónde quedaron esos buenos propósitos? Pues los propósitos a la mierda. Empieza a cansarse... a pensar en el viernes... en que qué mala suerte que le va a tocar currar también el sábado... lo "monta" todo deprisa y corriendo... hace al hombre... se da cuenta que la caga... trata de remediarlo haciendo a la mujer... ¿para qué? la cagada ya está hecha... y llega el domingo y decide que ya no puede más y se va a descansar. Pero claro, él es Dios, así que en vez de volver a la oficina el LUNES y seguir con lo que estaba haciendo, decide tomarse unas vacaciones. Y como él es el jefe ¿qué hace? Delega. Y así, nos toca a nosotros pringar todos los lunes para continuar esa obra incompleta cargada de buenos propósitos un LUNES de buena mañana.
 
Así pues, amigos míos, ¿para qué complicarnos la vida? No es que necesitemos un fin de semana de tres días, es que, sencillamente, los lunes no deberían existir. ¿Alguien se une a mí para redactar una moción de censura contra los lunes y proponérsela al de arriba?
6月1日

Un Mal Día

Sin duda ayer fue un mal día. Solucionable, pero un mal día. No voy a contar la atmósfera de mal rollo entre mi jefe y yo. Al final no me echó ninguna bronca, porque pensándolo bien… tampoco es que fuera culpa en exclusiva mía. No obstante fue un tanto incómodo cruzar miradas con él. Miradas del rollo “hemos perdido una gran venta”, “juegas con el pan de mis hijos”, “me encantaría reprenderte, pero no sé como”. Le entiendo perfectamente, porque sé que a mí también me jodería, sin embargo me he dado cuenta de que si no me escucha cuando le digo que las cosas no van tan bien como él le ha dicho a los clientes, tampoco será capaz de echarme la bronca porque no le interesa oír mis argumentos. ¿Para qué? La mierda seguirá estando ahí ya que todos están demasiado atareados como para perder el tiempo en ponerle solución. Y contra eso no puedo hacer nada porque tan sólo soy una machaca y nada más.

 

Pero no es eso de lo que quiero hablar. Quiero hablar del verdadero suplicio de ayer: el puto tráfico de los cojones. Ayer por la mañana llegué tarde a currar y por la tarde llegué también tarde a casa. Más de una hora en un atasco que todavía me cuesta comprender. ¿Por qué se produce un atasco cuando no hay avería o accidente? ¿Alguien tendría la amabilidad de explicármelo? Yo tengo una teoría al respecto. Es como el cuento de la tipa, los colchones y la lenteja.

 

Hay ciertos conductores que disponen de un sexto sentido. Un sentido muy agudizado que les permite detectar cantos rodados en la carretera. Sí, sí, algo inaudito, pero ellos los detectan, los presienten y reducen la velocidad para no molestarlos. ¡Es un canto rodado, por el amor de dios! ¿Y si paso a toda pastilla por su lado y no me deleito con su inesperada existencia? ¡Podría enfadarse! ¡Tomar represalias contra mí y atacarme! Un canto rodado furioso puede ser un ente muy peligroso, en serio.

 

Pero ¿qué pasa con los que no disponen de ese sexto sentido? Pues que ven al conductor de delante reducir su velocidad y piensan ¡un canto rodado! ¿¡Dónde!? ¡Yo también quiero verlo! ¡Joder qué tío más suertudo! ¡Ojalá yo también pudiera detectar cantos rodados! Y te ves a todos como gilipollas intentar ver la piedrecita en cuestión sin resultado alguno, obviamente. Mala suerte. No todos nacen con ese sexto sentido. Yo, por supuesto, tampoco lo tengo. Aunque he de decir que comprobé el otro día la mala leche de los cantos rodados cuando uno de ellos se estrelló a mala folla contra el parabrisas de mi Lucifer, por lo que estoy segura de su existencia. Sí, sí, existen. No os riáis.

 

Conseguí, después de tres cuartos de hora, sobrepasar la zona de influencia del canto rodado en cuestión –tumbado al sol en plan exhibicionista– y llegar a la entrada de Valencia. Debía haber otra piedrecita de la misma índole porque el panorama no se presentaba mucho mejor. Así que yo, toda decidida, me mofo de los que prefieren seguir haciendo cola para entrar y me desvío por una salida que sé me llevará por otro camino a mi destino. Hago la laaaaaarga curva y ¡placa! Nuevo atasco, pero en sentido contrario al que llevaba al principio. ¡Cojones! No es un canto rodado… ha debido caer una lluvia de meteoritos ¡en forma de cantos rodados! ¡Menudo espectáculo!

 

En casi un cuarto de hora recorres los cien metros yendo en primera y punto muerto hasta la salida que está ante tus narices y que ves desesperada que nadie está cogiendo. Tres metros… dos metros… un metro… ¡Bien! Coges la salida y empiezas a acelerar por el camino de cabras, la ventanilla bajada, la melena al viento y una espeluznante velocidad de 35 km/h. ¡Uuuuuuuuuuuaaaaaah! ¡Me siento piloto de un caza espacial! ¡Uuuuuuuuuuaaaaaaah…. y me paso la calle que tenía que coger! Claro, a esa velocidad ¡qué se podía esperar! Nada, da la vuelta a unas cuantas manzanas para poder llegar al fin al garaje, no sin antes parar en todos los puñeteros pasos de cebra que a esas horas están plagados de viejecitas, pensándose en pedirle a la Seguridad Social un tacatá como el de sus nietecitos, que parecen muy cómodos.

 

Aparco en ese garaje tan especial que tengo, donde no hay plaza fija y el que primero llega pilla la mejor plaza y… a duras penas consigo despegarme del asiento que me ha cogido cariño, mientras pienso “putos cantos rodados”.